En Florencio Varela está uno de los kioscos de diarios más viejos de Buenos Aires. Tiene 127 años en un partido creado hace 140. “Allí desaparecieron los carros de lecheros, de panificadoras, los que vendían peines y peinetas y muchos otros más. Nosotros seguimos acá”, dice Omar Plaini, secretario general del Sindicato de Vendedores de Diarios Revistas de la Ciudad Autónoma y la Provincia de Buenos Aires (Sivendia), para definir el valor de la actividad que mañana, como cada 7 de noviembre, celebra el histórico Día del Canillita.
La situación del sector es compleja. La caída en las ventas gráficas es solo una de las dificultades. Desde hace años, Sivendia denuncia un proceso de concentración cada vez mayor en el mercado. De 98 distribuidoras –las empresas que llevan los diarios hasta cada puesto–, hoy no quedan mucho más de diez. En ese mapa, Clarín está en todos lados: edita contenidos, distribuye y vende papel prensa. “Entre la revolución digital, la pandemia y la crisis, no estamos en el mejor de los mundos. Tenemos el enorme desafío de reinventarnos. Con el eje en el papel, nos tenemos que convertir en una unidad polifucional de servicios porque estamos en todos los barrios y tenemos capilaridad”, evalúa Plaini sobre el futuro del sector.
Pese a ser esenciales, se estima que unos 600 kioscos cerraron durante la pandemia. De a poco, algunos están empezando a reabrir y desde el sindicato buscan atenuar el impacto con ayudas como el programa Repro2 y acuerdos con la Provincia y diversos municipios. “Mantuvimos informada a la sociedad. Pusimos el cuerpo como muchos otros trabajadores y trabajadoras”, señala el secretario general de Sivendia. También tuvieron que combatir contra el miedo y la desinformación de la primera época del Covid, cuando había temor al contacto con el papel.
La etapa que viene asoma con nuevas metas. La principal está puesta en recuperar los ingresos perdidos durante la pandemia y hacer frente a un consumo informativo cada vez más inclinado a las propuestas digitales. Lo que está en juego no es solo el sostenimiento de los puestos de trabajo. También se trata de mantener una actividad de más de cien años, con una función social elemental. “Es una referencia barrial en todo sentido: solidario, con compromiso de clase y con la sociedad. El kiosco de diarios es un lugar de recepción y discusión muy grande”, dice Plaini. Hay nada menos que 3800 paradas entre CABA y Provincia. Y cuentan con un valor difícil de lograr: la confianza de las y los vecinos que, incluso, les entregan la llave de sus casas.
“La situación es difícil pero los trabajadores siempre somos positivos y tenemos expectativas”, resume. «

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