Cuando Santos Manfredi sumergió su brazo en la alforja de lana hecha en telar que sostenía el lomo de la llama, nadie imaginó lo que iba a surgir de su interior. De pronto, una espléndida botella de vidrio, con cuello dorado, que transpiraba la frescura del agua recién servida de un manantial era el tesoro. Sirvió el líquido purísimo en un vaso y lo levantó para que todos viéramos su pureza y transparencia que dejaba ver el fondo de los cerros que abrazan a la Quebrada de Humahuaca. Fue un instante mágico, un elixir que mucho antes de la pandemia, frente a los vinos de la Quebrada, las gaseosas y jugos, era la bebida exclusiva elegida por extranjeros que en modo turistas viajaban por estos suelos. Agua pura de la naturaleza a su boca. Frutillas, “caramelos” (frutas secas al sol) panes caseros, fiambres, quesos, tartas y un sinfín de delicatessen acompañaban y acompañan hoy cada propuesta que se convierte en una verdadera experiencia. Con llamas.

Santos, el de las llamas, se vino durante la debacle del 2001 desde Buenos Aires hasta Tilcara. Se enamoró de este lugar. Junto con su compañera, batallaron y recrearon propuestas con una intensa historia forjada a base de conocimiento y expertos y siempre, con la gente. Y generoso, lo comparte tanto con hacedores de la red de turismo rural con base comunitaria que participan con sus productos y servicios en largas travesías con llamas o simplemente, con chicos de las tres escuelas de la zona que recorren el nuevísimo centro de interpretación y que hoy, con el corral de llamas, se combinan en una propuesta educativa para que también los visitantes conozcan más de estos camélidos que llevan un vínculo de más de cinco mil años con los seres humanos. 

La historia parece pesarle en el cuerpo a las llamas. La marcha es lenta, al paso, como el  humano. Forman una caravana. La idea es compartir una travesía con estos animales típicos y conocer su historia, su valor porque las comunidades andinas lograron domesticarlas como animal de carga hace miles de años y también se crían por su lana y su carne como alimento, que es muy valorada porque es magra. El condimento también está en el lugar, con su riqueza cultural, es la Quebrada con sus comunidades y pueblos que ostentan más de nueve mil años de historia. De historias. 

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La tropa se dice “rekua” y para Santos Manfredi son animales que tienen inteligencia emocional. Son uno de los cuatro camélidos americanos si tenemos en cuenta que como doméstica también está la alpaca y en condición silvestre, el guanaco y la vicuña. 

Durante una visita años anteriores, al llegar al lugar donde estaba Santos con sus llamas, un integrante de la rekua (tropa), un animal enorme, de unos 140 kilos, permanecía sujeto a un arbusto, y al verlo a su dueño que se acercaba y se paraba junto a la tranquera, la bestia en dos patas casi lo abraza. Enorme. El bicho se mostraba exultante. Parecía decir acá estoy. “Es el Añasco”, dijo Santos en esa oportunidad. Es el padrillo como en los caballos, el macho de la tropa. Y marca su territorio y se muestra para expresar su poderío. Para Santos, las llamas tienen inteligencia emocional. La anécdota de recién es un poco del todo pero esa inteligencia que menciona el emprendedor está en cada expresión del animal, en su hocico medio peludo que arrima y huele, con sus orejas y ojos saltones, lo dicen todo. Le brillan las pupilas y están atentos, uno tampoco debe descuidarse cuando mueven las orejas hacia atrás y hacen muecas con su boca en forma de moño porque puede ser que no esté conforme con vos y lo exprese. Son tranquis las llamas, salvo en un instante como cuando Santos abrió la caja de la camioneta y de un salto treparon los bichos. Como si fueran perros. 

Santos aclara que hay propuestas para disfrutar con toda la familia, con chicos mayores de 12 años si se preparan para caminar durante cuatro horas o dos días. Y sino la visita al centro de interpretación, al corral y una mini caminata hasta el río muy sencilla y de diez minutos, le permitirán conocer el “mundo llama”. 

Para el mentor de “caravana de llamas”, las mochilas de trekking, “pesan unos quince kilos, así que cuando se emprende una travesía, cada llama lleva en total unos 30 kilos”, cuenta Santos a Tiempo de Viajes y explica que aunque pueda cargar cincuenta kilos, no lo hace “porque si se cansa, se planta, se sienta y no camina más”. 

En cada opción de travesía la idea es que todos la pasen bien, la gente y los animales. Antiguamente (y hoy también) llevaban los ladrillos de sal, luego fueron burros y mulas, cuando llegaron los españoles. Pero en la altura, en los Andes y las zonas aledañas, la llama sigue siendo el animal por excelencia si uno mira bien hacia el Norte. Un trabajo de rescate cultural, de reciclaje y de turismo sustentable es lo que logró desarrollar Santos. 

Hay varias propuestas para disfrutar desde media hora hasta dos días, donde se accede a senderos fáciles para toda la familia y en otros, casos, hasta los 4000 metros de altura. Siempre se incluye un almuerzo o pic nic, las propuestas se complejizan, cuando es más de un día se descansa en refugios rurales, de comunidades de la región. Trabajan todos juntos. La idea es vivir una experiencia junto con las llamas, conocer la región y el paisaje hasta llenar el alma.

Más info

En Tilcara, está el centro de interpretación para su visita y conocer el corral, con guía tiene un costo de 1100 pesos por persona. 

Las travesías de mediodía, incluye comidas y hasta hay menú vegetariano, ronda desde 10 mil pesos hasta los 14.500 pesos por persona depende la duración de 6 a 9 kilómetros de recorrido donde se atraviesan sitios históricos, puntos panorámicos únicos. 

El patio caravanero está abierto de 10 a 18 (011) 21561412.

Caravanadellamas.com.ar / (011) 30055040 reservas.