Alejandro Banc Pardo, de 45 años, fue detenido el jueves pasado tras siete meses de investigación y unas dos mil horas de escuchas telefónicas. Cayó preso en la localidad de Haedo, en el partido de Morón, donde habría captado al menos a unas 200 menores de edad para mantener sexo con él y otras personas. Luego, el sospechoso grababa videos pornográficos y los subía a internet.

El hombre está acusado de «trata de personas, abuso sexual y producción de imágenes de abuso infantil». El procedimiento fue denominado «Operativo Sofá Rojo» ya que allí filmaba a sus víctimas. En las últimas horas, el imputado se negó a declarar; mientras que su pareja, sostuvo ante los investigadores que Banc Pardo la obligaba a mantener relaciones sexuales con otros hombres.

«Se jactaba en las redes sociales y en la web pornográfica, de ser el ‘Jeffrey Epstein argentino'», indicaron las fuentes consultadas, que precisaron que en 2013 había sido condenado a tres años de prisión en suspenso por el Tribunal Oral Criminal 5 de Morón por el delito de «abuso sexual con acceso carnal» de una niña de 14 años de edad.

La investigación fue llevada adelante por agentes de la Superintendencia de Investigaciones de Delitos Complejos y Crimen Organizado de la Policía Bonaerense que detuvieron al sospechoso en inmediaciones de su domicilio particular. El hombre se encontraba en compañía de su pareja, una mujer de 46 años que fue aprehendida en el lugar por producción de imágenes de abuso sexual infantil y que también está siendo investigada por presunta complicidad en la captación de las víctimas.

Sin embargo, ante los investigadores, la mujer aseguró que era obligada por su compañero a realizar prácticas sexuales swinger que luego eran subidas a una web que se caracteriza por tener videos pornográficos caseros. Los investigadores dieron con anotaciones de unas 20 chicas, pero no descartan que las víctimas de abuso sean más de 200, dado la cantidad de años que hacía que operaban los sospechosos y que siempre preferían que fueran menores de edad.

Además, hubo otros cuatro allanamientos en las localidades de Haedo y Morón, en el marco de los cuales se secuestraron dos sillones color rojo, un sofá de dos cuerpos color gris, dos pistolas, municiones, una cámara fotográfica, cuatro computadoras,12 discos compactos de películas pornográficas, entre otros elementos.

Según pudieron establecer los investigadores, los dos sillones y el sofá secuestrados eran utilizados por el imputado para perpetrar las violaciones «que filmaba y luego subía a varias páginas de contenido sexual explícito, con el título de ‘Víctimas del sofá rojo'».

En la causa interviene la Ayudantía Fiscal Delitos Conexos a la Trata de Personas, Pornografía Infantil y Grooming a cargo Lorena Pecorrelli; así como el Juzgado de Garantías Nº 4 que conduce Fernando Pinos Guevara, ambos del Departamento Judicial La Matanza.

La investigación se inició en diciembre pasado a raíz de una denuncia realizada por una mujer de 19 años que refirió que cuando tenía 14 fue contratada por Blanc Pardo para «distribuir volantes para una agencia de motos de su propiedad»

Al poco tiempo el individuo «comenzó a seducirla» y filmó los encuentros para subir luego «a distintas páginas pornográficas sin conocimiento de la víctima», a quien también obligaba bajo amenazas a prestar servicios sexuales a sus clientes, y también que llevara a sus amigas, menores de edad como ella, para someterlas.

Y mientras la agencia de motocicletas era utilizada para captar a las adolescentes, las filmaciones se habrían realizado en una verdulería, en el partido de Morón y propiedad de los detenidos.

Para los investigadores, la prueba recolectada permite «demostrar la existencia de una organización criminal, dedicada a la captación de personas en situación de vulnerabilidad» que luego son «sometidas a la humillación, explotación del sentimiento de culpa y el control de la vida personal de las víctimas».

«De la pesquisa realizada y seguimiento de los imputados, se pudo observar que frecuentan la salida de distintos establecimientos educativos primarios y secundarios, así como también clubes a los fines de captar futuras víctimas, a las cuales las eligen por su condición social de clase baja, chicas de barrios carenciados», dijeron.