Es un secreto a voces. El Ekeko trae suerte. Lo dice la sabia historia de los pueblos indígenas que habitan la región altiplánica cercana a la apunada ciudad boliviana de La Paz. Para las comunidades, la diminuta figura del dios de la abundancia asegura la buena fortuna. La feria de la Alasita es el mágico espacio donde, una vez al año, la deidad andina reina en un auténtico universo poblado por miniaturas artesanales que representan los sueños y los deseos. Y no es poca cosa hacerse cargo de esta tarea titánica.

Hace décadas, la fiesta en homenaje al Ekeko ha dejado de ser patrimonio exclusivo de Bolivia, y miles de migrantes andinos la han traído a la Argentina. El festejo reúne a la colectividad boliviana que vive en Buenos Aires y a un buen número de porteños que se arriman a comprar las miniaturas en el Parque Indoamericanao, Villa Soldati, La Matanza y más allá. Sí, con cuidados por la peste, vuelve la presencialidad este año.

“La fiesta de Alasita se festeja en La Paz desde tiempos anteriores a la llegada de los españoles. Es una festividad que muestra las creencias de todos los originarios que habitan las tierras altas bolivianas”, me contó hace años Norma Andía, organizadora del festival en la Sociedad de fomento 6 de Agosto, en el Bajo Flores. Desde la mañana del 24 de enero, este lunes no será la excepción en el predio ubicado en el Bajo Flores, donde cientos de artesanos ofrecen las preciadas miniaturas para pedir abundancia y fortuna al bigotudo Ekeko.

En la Feria del “Cómprame” -tal la traducción de Alasita, del aymara al español- decenas de artesanos venden las miniaturas que representan las necesidades y esperanzas de los concurrentes. Hay de todo y para todos, y casi nada supera el tamaño de lo que cabe en la palma de una mano. Casas, autos, títulos de propiedad, pequeños fajitos de dólares, pesos o euros, pasajes de avión y hasta diminutos DNI para agilizar los trámites.

Foto: Pedro Pérez

Comprando por un sueño

La fabricación de miniaturas para las culturas prehispánicas fue una expresión de religiosidad y tecnología simbólica. Los pueblos originarios andinos volcaban en sus miniaturas sus deseos de poseer alimentos y otros elementos para vivir. Según la liturgia andina, todas las miniaturas compradas serán cargadas sobre el cuerpo del pequeño Ekeko. Sin embargo, hay personas que se las dan a cargar a un sapo o a un toro, símbolos también de la abundancia y la fertilidad que se aguarda para el resto del año. Finalmente, luego de adquirir las miniaturas, todas deben recibir la ch´alla de los yatiris –religiosos- andinos. La ch’alla es un ritual de bendición celebrado con hojas de coca, alcohol y diversas esencias. Advertencia, normalmente hay que esperar un buen rato para tener turno con los yatiris. Pero la fiesta no está completa si nuestro Ekeko no recibe la bendición. Igualmente se puede amainar la espera con algún suculento plato andino. Las caseritas ofrecen sánguches de chola, platos paceños y chairo.

Para los migrantes es un orgullo mantener vivas sus tradiciones, a miles de kilómetros de donde nacieron. Se sabe, los sueños se hacen realidad a la distancia o bien cerca. Eso sí, solo si el Ekeko quiere.

Me olvidaba, este año que nos cumpla el deseo de que se termine la pandemia.

Dónde se realiza

La fiesta de la Alasita se celebra este lunes 24 de enero, hasta las 19 horas, en el Parque Indoamericano (Castañares y Escalada) y en la “Colectividad 6 de Agosto” (Ana María Janer 3200, Villa Soldati). También en el Barrio Cildáñez (White y Zubiria); en Mataderos, Directorio y Lisandro de la Torre; en Flores, Avenida Rivadavia 7945. En La Matanza se desarrolla en varios puntos: Villa Celina, Avenida Roosevelt a 400 metros de Avenida Olavarría; González Catán, en Juan Manuel de Rosas 17.500 y en San Miguel y Tuyo (Barrio Evo Morales); y en Laferrere, en el barrio Juan Domingo Perón. El ágape se repite en algunos puntos el próximo domingo 30, y es el remate de figuras, con descuentos.