El sol dibuja una bola de fuego inmensa cuando es el atardecer en el horizonte pampeano. La simpleza del paisaje tiene su complejidad en los colores que marcan su ritmo con los rosados, magentas, lilas y anaranjados de un cielo enorme que se cuelga unas horas antes de apagarse junto con las primeras estrellas que abren paso a la noche. Así, puede ser un instante pampeano en medio de un viaje, para quienes rumbean o vuelven de la Patagonia y recorren esta provincia.

Tal vez sea la historia del primer coto fundado por Pedro Luro, sobrino político de Julio Argentino Roca quien le dio este mote de un territorio especial para la caza. Hoy, a este sitio especial se lo conoce como como Parque Luro, la reserva provincial donde permanecen los ciervos colorados descendientes de aquellos primeros que trajo Luro, el mismo de Mar del Plata y son estos animales los que atraen turistas de todas las latitudes cuando en marzo y abril, se desarrolla la época de brama y se puede avistar cada instante en medio de la naturaleza.

Pero cada época del año tiene lo suyo en suelo argentino. Aquí, en La Pampa, es Carmen Ortiz Echagüe, una de las dueñas de la estancia La Holanda, quien en una ocasión contó que entre todas las actividades también el calendario de luna llena es un momento especial porque el bosque de caldenes por donde transcurre la senda que conduce al Museo Atelier de su abuelo Antonio Ortiz Echague, es ideal para recorrerlo mientras el campo se baña de luna.

Fotos gentileza Daniel Bragini 

La estancia La Holanda, es de 1910. Pero es su historia romántica la que atrapa. Eran largas temporadas en las que la hija del primer cónsul holandés en la Argentina, Elizabeth Smidt y Antonio Ortiz Echague, permanecían disfrutando del campo hasta que en 1933 se quedaron casi, definitivamente. Ella, escritora y él, un pintor nacido en Guadalajara, –quien vivió en Italia, Holanda o Paris y las Islas Canarias, con una etapa marroquí en Fez y Rabat, — recorrió el mundo en la primera mitad del siglo pasado.

Su arte se puede ver hoy mismo, si quieren. Son telas fascinantes, por su tamaño enorme y sus colores vigorosos, brillantes, saturados. Brotan amarillos, azules, verdes. Brotan por contraste y retratan escenas domésticas, familiares. Claroscuros, en tonos puros, revolucionarios hoy y para su época. El pintor, había recorrido cortes europeas retratando nobles hasta que realizó una pintura de una joven quien, con el paso del tiempo, se transformó en su amor.

Fotos gentileza Daniel Bragini 

Desde el casco de La Holanda hasta el Museo Atelier, son unos pocos metros que se recorren de a pie y se puede sentir el campo y los caldenes. Esta especie nativa que sólo puebla esta zona hasta San Luis, es un bosque único en el mundo. Durante el camino por la senda hay un claro que alberga la capilla de campaña, Padre Francisco Melo, que presenta un vía crucis realizado en Vitreaux y unos pasos más restan para divisar la sala de exposiciones unida por una galería que conecta con el atelier original donde el artista trabajó sus últimos años, y donde aún se pueden ver los óleos que permanecen secos en la paleta utilizada por Ortíz Echague. Sus pinceles, sus objetos, casi como si aún estuviera por allí. ¿Está? Las obras gigantes cubren los muros inmensos del Museo Atelier. Y en cada caso, una instalación acompaña a la pintura. A la obra. Son parte de los objetos retratados, los que se pueden ver dibujados, pintados, sobre el lienzo. Y cobra romanticismo cada centímetro del Museo que resguarda la obra del autor. Un libro, unos zapatos, un vestido… y así, las escenas costumbristas retratadas que transcurren en diferentes ciudades del mundo se escapan del cuadro y cobran vida. Para los amantes de la pintura y que aún no llegaron hasta La Pampa, pueden mirar un mural en mosaico de 1939, que este artista, Antonio Ortiz Echagüe diseñó para la estación de subtes porteño “Entre Ríos”.

Cabalgatas, atardeceres y hasta opción para alojarse en “El Rancho” y “Las Casitas”, las distintas construcciones que antaño alojaron al personal de la estancia, hoy todo restaurado y con impecable diseño interior, deja lugar para refrescar el alma y literal si el calor lo exige, en la piscina. Pida permiso y asómese a la biblioteca del casco, es imperdible.

Las visitas siempre son guiadas por un descendiente directo del pintor. Para Eugenia Ortíz Echagüe, bisnieta del artista, cada vez que cuentan la historia de la familia, del pintor, de la bisabuela escritora o de la estancia, lo que sienten es “pasión”, le dice a Tiempo de Viajes. “Y eso es algo que no nos hemos dado cuenta nosotros. Es algo que nos han marcado los turistas. Claro, le ponemos mucha pasión porque es nuestra propia historia”.

Un día de campo o varios en la estancia, son parte del universo que ofrece el territorio pampeano para descubrir el horizonte pleno, los atardeceres eternos y los cielos profundos que dejan espiar las noches.

Más info

La estancia está cerquita de la localidad de Carro Quemado a 112 kilómetros de Santa Rosa, la capital pampeana.

El precio aproximado por noche es entre $5.000 pesos la cabaña chica y $10.000 pesos la cabaña grande y depende si es con pensión completa. El día de campo cuesta desde $ 3500 y $4500 según si es día de semana o fin de semana.

Hay diversas actividades como caminatas, cabalgatas, avistaje de aves, circuitos en la región y eventos especiales para celebrar en la estancia.

www.turismolapampa.gov.ar

Estancia La Holanda /Carro Quemado, 02954-15534167 /[email protected] /

www.estancialaholanda.com.ar