Las altas temperaturas llegan acompañadas de los mosquitos y de las enfermedades que transmiten, como el dengue, el zika y el chikungunya, que impactan particularmente en los ámbitos urbanos. En este marco, un proyecto de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) en la Ciudad de Buenos Aires utiliza peces nativos para disminuir la población de estos insectos en su fase de larvas acuáticas y así reducir la proliferación de enfermedades. La iniciativa brinda asesoría y materiales de forma gratuita a instituciones que tengan estanques, piletas y otros tipos de cuerpos de agua donde se podría criar y reproducir el mosquito Aedes aegypti.

“El dengue está presente en la Argentina. En el año 2016 hubo 42 mil casos, y en el 2020, casi 60 mil. Como depende de las lluvias, en los años húmedos hay brotes más grandes. Si bien este año está bastante seco, no debemos esperar a que ocurra un brote para abordar el problema. Es necesario llevar adelante políticas y medidas preventivas contra la enfermedad y el mosquito que la transmite”, explicó Alejandro Koko López, docente de la cátedra de Acuicultura de la FAUBA.

¿Cómo se puede prevenir? “Antes de ser un mosquito, el insecto vive en el agua como larva. Los baldes y los cacharros se tienen que dar vuelta para que no acumulen agua. Sin embargo, existen espacios que no se pueden vaciar ya sea porque contienen un gran volumen de agua o porque sirven para regar. La iniciativa que llevamos adelante desde la cátedra apunta a usar el control biológico del mosquito en aguas de uso productivo o recreativo”, sostuvo López.

El proyecto se basa en ‘sembrar’ peces nativos que se alimentan de las larvas del mosquito en estanques, fuentes o piletas. “Usamos especies nativas que están adaptadas a este tipo de ambientes y resisten una gran diversidad de condiciones ambientales y requieren muy poco esfuerzo de mantenimiento. Además, al consumir la microfauna de los ecosistemas acuáticos no requieren alimentación suplementaria. Así, mientras viven, pueden mantener a raya la población de mosquitos en un ambiente acuático pequeño. Es una estrategia de largo plazo. Un pez adulto puede consumir hasta 100 larvas por día”, destacó. La iniciativa usa especies como Jenynsia lineata y Cnesterodon decemmaculatus, comúnmente llamadas Madrecitas.

Además, López se refirió a los beneficios de basar el proyecto en el control biológico con especies nativas. “Bajamos el uso de insecticidas y repelentes. Atacar a las larvas en un sistema acuático determinado es más efectivo que perseguir a los mosquitos en su fase adulta. La idea es que reduzcan la población de larvas a cero. Si bien existen compuestos químicos para controlar a las larvas, son caros y requieren una aplicación constante. Por otro lado, al utilizar peces nativos no ponemos en peligro a las otras especies del ecosistema”.

La entrega del material y la asesoría es totalmente gratuita. Puede ser un club, una escuela o una institución privada. “Una vez que recibimos los pedidos, desde la FAUBA visitamos el lugar, estimamos cuántos peces se van a necesitar según el volumen del cuerpo de agua y capacitamos a quienes se van a encargar de la tarea. Ya estamos criando a los peces nativos en 6 piletas de 1.000 litros y esperamos tener una producción grande asegurada”, señaló el docente, y agregó que los pedidos se pueden hacer al mail [email protected].

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La entrega y el seguimiento

Alejandro López afirmó que calcular cuántos peces requiere cada cuerpo de agua es simple. “Se tiene en cuenta la cantidad de individuos por litro y las condiciones ambientales. Por otra parte, hay que respetar el protocolo de bienestar animal de la UBA que rige para cualquier vertebrado de experimentación —Comisión Institucional para el Cuidado y Uso de Animales de Laboratorio—. Por ejemplo, si al estanque le da mucho el sol, se recomienda poner plantas o medias sombras. Queremos que los peces vivan de la manera más armoniosa posible. De todas formas, las poblaciones de peces se adaptan al ambiente en términos de recursos. Si hay muchos, se reproducen más”.

Tras la entrega, sigue el monitoreo, que, según López, es sencillo. “Se hace un relevamiento visual de presencia o ausencia de larvas. Encontrar sólo una unidad ya es una alarma y hay que tomar otras medidas. En ese caso, volvemos para ver si hubo algún problema y reforzamos la cantidad de peces de ser necesario. Estas medidas de prevención son complementarias al descacharreo y demás medidas preventivas del control del dengue.

“El monitoreo es clave porque nos da una información o una alerta. Si la institución lo requiere, hay pasantes de la FAUBA que pueden realizar la tarea o dar la capacitación. No vamos a erradicar totalmente los mosquitos de la ciudad, pero el objetivo es mantenerlos en el nivel más bajo posible”, añadió.

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Empaparse con el problema

López contó que muchas personas se acercan a la cátedra de Acuicultura con inquietudes vinculadas a proyectos que requieren cuerpos de agua como estanques de huertas o producción de hortalizas en grandes piletones. “Escuchamos las demandas y tuvimos un ida y vuelta. Como los pedidos nos excedieron, buscamos atender a la mayor cantidad de personas posible y lo hicimos a través de la articulación con el Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación a través del programa PROCODAS: Proyectos de Tecnologías para la inclusión social”.

En este sentido, concluyó: “Desde la FAUBA queremos acercar herramientas hacia la comunidad. En particular, hacia el Polo Educativo de Villa Soldati que es un predio donde hay escuela primaria, secundaria y jardines de infantes. Villa Soldati es un barrio muy populoso con una situación social vulnerable, lo que lo hace propenso a ser foco de infección de dengue. La idea es poder capacitar a la comunidad en el manejo de los peces y difundir los peligros de las enfermedades que transmiten los mosquitos”.