Hace dos semanas el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires comenzó a “experimentar” con estudiantes y docentes porteños, sometidos a una lógica de presencialidad total en las aulas, sin burbujas ni distanciamiento social. El experimento, sin evidencia epidemiológica que lo sustente, comenzó con los alumnos de cuarto y quinto año de la secundaria, luego fueron los últimos años de las escuelas técnicas y, finalmente, desde el martes 17 de agosto, con la totalidad de los alumnos de primaria. Desde los sindicatos docentes afirman que es el único caso en el mundo en que una gestión decide eliminar el distanciamiento en las escuelas.

Salvo China, los Emiratos Árabes Unidos o Israel, el resto de los países no ha comenzado a vacunar a niños y niñas menores de 12 años. Tampoco en la Argentina esa franja etaria tiene acceso por el momento a una vacuna contra el Covid-19. En varias oportunidades Tiempo dio detalles sobre la compleja situación de estudiantes sin continuidad pedagógica debido a la falta de personal docente que la Ciudad se niega a designar. Están aquellos menores que no van a la escuela porque sus familias decidieron resguardar su salud, y quienes no pueden hacerlo por padecer una enfermedad preexistente. Pero, a diferencia de otras jurisdicciones, en la Ciudad existe un sector de esos chicos en la franja etaria de 3 a 12 años donde convergen al menos tres situaciones: no asisten a clases presenciales por sufrir alguna comorbilidad; al igual que el resto de los chicos, no han sido todavía vacunados; y además están sin clases virtuales por falta de personal docente. Es quizás el sector más castigado en medio de la crisis sanitaria, al que el gobierno porteño no le garantiza el acceso a la educación.

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Cientos de familias nucleadas en diferentes colectivos porteños se organizaron para reclamar que el Estado porteño desarrolle una estrategia alternativa para la población infantil menor de 12 años de edad con enfermedades preexistentes o que convive con un familiar con factores de riesgo. “La Ciudad debe activar algún tipo de protocolo de emergencia de contención, porque son chicos que están desde hace un año y medio encerrados en sus casas, prácticamente sin salir, y ahora desescolarizados, porque los docentes dispensados debieron volver a la presencialidad”, explica a este diario Carolina Fabrizio, mamá, docente e integrante del Colectivo de Familias. “Lo poquito que tenían de clases virtuales lo perdieron, y no tienen ningún tipo de contención psicológica. Esto tampoco lo pensaron desde el Estado. Y a los chicos se les exige esperar para acceder a la vacuna, cuando un adulto no aguantaría ni dos semanas encerrado. Ya vimos lo que pasó cuando se le pidió a la población adulta hacer cuarentena. Y a los chicos realmente se les está exigiendo demasiado”.

Fabrizio agrega que “en Familias estamos muy motivadas por las reuniones que lleva adelante (la ministra de Salud) Carla Vizzotti, como la que tuvo con autoridades de Emiratos Árabes, con respecto a la posibilidad de autorizar vacunas para niños y niñas, pero estamos muy preocupadas por el escenario internacional, porque es claro que la variante Delta afecta un poco más a las infancias”.

En el caso particular de la Ciudad, un conjunto mayoritario de familias advierte que el gobierno porteño discrimina a los chicos exceptuados al no garantizarles el derecho a la educación. Algunos ya piensan en iniciar acciones legales para obligar a que el Ministerio de Educación, al mando de Soledad Acuña, contrate personal docente para clases virtuales. “Es evidente que la gestión Larreta no tiene pensado sumar personal docente para dar clases por Zoom a esos chicos y chicas que por tener alguna enfermedad de riesgo no podrán ir a la escuela hasta no estar vacunados. En una reunión de padres de las tantas a las que asisto por estos temas, una madre contó que solicitó una computadora y las autoridades de la escuela dijeron que había orden del Ministerio de no entregar netbooks porque la educación era presencial”, detalla en diálogo con Tiempo Cecilia Fernández, del Grupo de Litigio Estratégico, que lleva adelante varias causas relacionadas con la educación en la Ciudad. “En este cuadro caótico, el Ejecutivo porteño viola el derecho a la educación y a la salud de niñas, niños y adolescentes. Estos derechos no están contemplados solo en la normativa local, sino en tratados internacionales a los que la Argentina adhiere. Todas estas situaciones deberían evitarse si lo que se quiere es proteger a este grupo vulnerable” «.

La necesidad de la inmunización pediátrica

Ante el ingreso al país de la variante Delta del SARS-CoV-2 y la perspectiva inevitable de su circulación comunitaria, ¿es urgente la inmunización para niños y niñas de 3 a 12 años con enfermedades preexistentes? Los especialistas epidemiológicos consideran que sí. “Hay que hacerlo lo antes posible, una vez que la Anmat apruebe la vacuna para menores de 12, porque no es la misma la situación de esos niños que la de aquellos que no tienen riesgo, independientemente de que puedan vectorizar el virus en sus grupos familiares”, clarifica el infectólogo Tomás Orduna, jefe del Servicio de Medicina Tropical y Medicina del Viajero del Hospital Muñiz de la Ciudad de Buenos Aires. “Hay que destacar que para los mayores de 18 años, la vacuna ya va camino a la universalidad, claramente. Y con respecto a la franja de 12 a 17 años que tienen riesgo, lo que hizo el gobierno nacional fue reservar 2 millones de dosis de Moderna para aplicarlas en ese grupo etario con comorbilidades. Por eso, insisto, cuando aprobemos alguna vacuna para los menores de 12, hay que darles prioridad a los que tienen factores de riesgo”.

Por el momento, solo China y Emiratos Árabes están aplicando la vacuna Sinopharm a chicos desde los 3 años; e Israel, la de Pfizer, desde los 5, pero solo un tercio de la dosis.