Sandra vino desde Tierra del Fuego. Ya había estado antes con sus estudiantes de escuela secundaria pública. Pero ahora, jubilada, llegó en rol de abuela. Va de la mano con su nieto de cinco años que durante la cuarentena, a falta de plazas, adquirió el hábito de dar largas caminatas. Todavía faltan unos cuantos metros para alcanzar la entrada de Tecnópolis. Pero adentro esperan los dinosaurios y los personajes de Paka Paka, así que no hay quejas. Sólo expectativas.

Foto: Pedro Pérez

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Son muchos y muchas quienes, como Sandra, ya conocían el parque de arte, ciencia y tecnología que está cumpliendo once años. Pero también son una enormidad (como todo en Tecnópolis) quienes lo pisan por primera vez. Es el caso de Jésica, de 18 años. La única mayor de edad en un grupo de primos y primas adolescentes que consensuaron una salida vacacional al predio de Villa Martelli, en Vicente López. A unos les interesa el mar, a otros la tecnología o el arte. Por suerte, hay opciones para todes, se dicen mientras no paran de sacarse selfies.

La soberanía como motor

Foto: Pedro Pérez

Ángel recorre el Polo Celeste y se detiene apenas ve a Tito. Sabía que existían los autos eléctricos, pero no que había uno que se fabricaba en la Argentina. Lo acaba de aprender y está fascinado con el pequeño vehículo naranja, realizado en San Luis. Se lo comenta a su sobrina Brisa, de 8 años, pero ella se quedó más enganchada con lo que escuchó un rato antes sobre las abejas. Todo en esta edición de Tecnópolis transmite soberanía.

En el marco del 40° aniversario de la Guerra de Malvinas y los 100 años de YPF, la muestra esta vez propone “pensar la soberanía como motor para la construcción de futuros”. Se aborda desde múltiples dimensiones: soberanía ambiental, cultural, tecnológica, energética, productiva y alimentaria, así como la educación, la inclusión, la solidaridad, la igualdad y la ampliación de derechos. Cada ítem convertido en talleres, juegos, charlas, shows. En tiempos tan convulsionados, a veces Tecnópolis parece una burbuja, el país que realmente debería ser Argentina, o las enseñanzas que se necesitan aprender para llevarlas a la práctica.

Foto: Pedro Pérez

Con el enfoque de la soberanía, una de las grandes novedades es “El mar como territorio”, para conocer el Mar Argentino y promover “la conciencia marítima y antártica para una Argentina soberana bicontinental, austral y fluvio marítima”. En ese espacio se pueden pisar las Islas Malvinas, caminar debajo de la “marea plástica” y entender cuánta basura se acumula en el agua y cuánto daño hace. O ponerse lentes de realidad virtual y sumergirse entre la biodiversidad submarina, en una experiencia que cautiva. Eso sí, las filas obligan a ejercitar la paciencia.

La reapertura en vacaciones de invierno, los dos años pandémicos previos y la crisis inflacionaria contribuyen para que Tecnópolis convoque a multitudes. Mientras las salidas con niñes al teatro y a comer se vuelven privativas para tantas familias, existe una opción que concentra espectáculos musicales, talleres, propuestas lúdicas y opciones para edades y gustos diversos en un solo lugar y sin pagar un peso. No podía no explotar.

Foto: Pedro Pérez

Alrededor de 80 mil personas visitaron la muestra el día de la inauguración. Luego, entre 60 y 70 mil por día. El clima ayuda y el predio permanece repleto desde el mediodía, hora de apertura, hasta el cierre a las 19. Los picnics copan el aire libre. Las lonas ocupan cada metro verde de las más de 50 hectáreas del parque. Muchas de las rondas de sándwiches quedan rodeadas por carteles con información sobre el humedal que se fue generando naturalmente en el predio a partir de la obra hídrica construida en 2010, con un espejo de agua central y más de 200 especies de aves nativas. Ambiente, ciencia, alimentación. Esa combinación cotidiana dentro del parque funciona casi como un símbolo de lo que será el futuro. O lo que necesita este presente.

Foto: Pedro Pérez

Y si de multitudes se trata, la Tierra de Dinos está en el podio. Clásica postal de Tecnópolis, con el «argentino» Giganotosaurus Carolinii como estrella.

A las maquinitas

María, ingeniera en Alimentos, eligió Tecnópolis como primera salida vacacional con sus hijos de 10 y 13 años. Ya habían estado antes de la pandemia. Pero en este tiempo los intereses de los chicos mutaron. Ahora los cautiva la tecnología. Por eso la primera parada fue el Laboratorio de Artes Electrónicas en el Polo Rojo, ampliado para esta edición. Los chicos eligieron una mesa de robótica para experimentar. Hijos de un ingeniero electrónico, se sienten como peces en el agua.

Para otros, en cambio, es todo nuevo. Máximo, de 11 años, está eufórico. “¡Mamá, inventé algo!”, grita desde la mesa del taller. Daiana, que lo trajo desde Merlo, lo filma en su invención. El nene logró conectar unos cables con lamparitas que prenden y apagan. Está chocho. Ahora, anuncia, quiere construir un panel solar.

“¡Vimos el cohete, es increíble, vengan!”, arenga otro nene desde los altoparlantes, después de ver la inmensa maqueta del lanzador de satélites Tronador II, en el sector del Polo de Desarrollo Sostenible. Para abordar la soberanía también a nivel aeroespacial, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) presenta dos experiencias inmersivas en cines 4D (butacas con vibración, viento, luces y sonido envolvente), para sentir en carne propia el lanzamiento del satélite argentino SAOCOM 1B tal como ocurrió en 2020, “en medio de tormentas eléctricas y cortes masivos de comunicación que pusieron en jaque las operaciones hasta el último segundo”.

Foto: Pedro Pérez

“Lo bueno es que de todo se aprende un poquito”, sintetiza Marina, de Villa Madero. Ya conocía el Parque, pero quiso compartirlo con su hija y sus nietes, de nueve y dos años. En el área de Identidades sin límites acaba de escuchar una explicación que le amplió el conocimiento. Sabía de la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo, pero no estaba al tanto de sus aportes a la ciencia a partir de pensar cómo implementar la genética en la búsqueda de nietas y nietos apropiados. Con una explicación con cubos de colores y muñequitos de madera sobre cómo funcionan los genes, Marina aprendió.

Priscila también llegó en busca de enseñanzas. Tiene 21 años, una hija de tres y sobrinos de ocho y seis años. “Acá juegan y aprenden. Y también hay cosas que ya conocen, que ven en la escuela. Apenas entraron empezaron a gritar ‘¡San Martín!’”, cuenta la joven mamá y ama de casa, que vino desde González Catán. El Libertador es uno de los protagonistas del Asombroso Parque de Zamba y Nina (en el Polo Violeta), junto a Belgrano y Juana Azurduy, entre otres. Su figura fue uno de los emblemas de la reapertura de Tecnópolis tras el macrismo. Un San Martín de tres metros de alto había quedado tirado y destruido en el fondo del predio. Fue restaurado y volvió a brillar. Los próceres conviven en Tecnópolis con dinosaurios que habitaron estas tierras, con aviones, trenes y satélites argentinos. Un recorrido por un sendero imaginario de construcción de soberanía que no para de escribirse.  

Una agenda invernal con shows musicales

Después de una primera semana a full, los planes siguen para la segunda mitad de las vacaciones de invierno, destinado a todo tipo de público, con especial énfasis en los más pequeños.


Aparte de los talleres y recorridas como las de los dinosaurios, hay espectáculos en vivo. En el escenario para las Infancias, la propuesta de hoy incluye el show de Anda Calabaza a las 15:30 y Bigolates de Chocote a las 17.30. El Transbordador Escénico (TAF) se presenta a las 13:30 y 16:30 en la antesala Laboratorio de Burbujas. Mientras que a las 14 y a las 17 será el turno de El blues de los dinosaurios tristes.


En el Microestadio, a las 15, comienza El choque urbano. A las 17 se presentan Los Sacha y a las 18, para el cierre, llega Bruno Arias para ponerle su impronta al folklore. En el Patio Federal a las 15 se podrá escuchar a Carri y Facu Charmand. Más tarde, a las 16.30, subirán al escenario Cecilia y el Sr. Vinilo.


Para las y los adolescentes, está siempre disponible el polo dedicado al movimiento y las expresiones urbanas, presentado en conjunto con el Ministerio de Turismo y Deportes de la Nación. Esto incluye el Skatepark –uno de los más grandes de Argentina–, las canchas de Basquet 3×3, la pista de patinaje, la palestra, el espacio para jugar tenis de mesa y una programación de talleres de danza, breaking y parkour en el Galpón Mil Horas.


Durante las vacaciones de invierno, Tecnópolis se puede visitar de miércoles a domingos de 12 a 19. Luego, la movida continúa: desde agosto y hasta el 23 de octubre, habrá actividades de jueves a domingos, siempre con entrada libre y gratuita.

De proyectos de ley a discursos: el Congreso de las infancias

Así como se puede aprender sobre genética o robótica de forma fácil y divertida, otra propuesta de Tecnópolis invita a acercar a las infancias a cuestiones legislativas: el Congreso Nacional participa en Tecnópolis con una instalación interactiva.

“El Congreso de los chicos y las chicas”, en el Polo Rojo, propone juegos sobre participación ciudadana. Se puede conocer el proceso de formación de leyes a través de un recorrido de pantallas, así como proponer temas y hasta animarse a sugerir proyectos de ley.

Incluso hay un sector pensado para el debate: instalado en un hemiciclo, fomenta la discusión y apunta especialmente a la participación escolar. Después de las vacaciones de invierno, de hecho, las escuelas volverán al predio de forma regular, y podrán participar del espacio pensando proyectos legislativos.

Además de juegos relacionados con cuestiones de ética y ciudadanía, hay un desafío. “Bancatelá” convoca a quien se anime a pronunciar un discurso, ya sea propio o aprendido de sus referentes. Ese contenido se graba y envía a las y los valientes que alcen la voz, para que lo puedan guardar o compartir por redes sociales.

“Todavía es chiquito para algunos temas, pero igual se engancha”, dice Rosa, de 59 años, en referencia a su nieto de cuatro, que observa el espacio con atención. Llegaron desde Hurlingham. Para ella no es la primera vez: como docente, ya recorrió las ediciones anteriores. Para el nene, todo es novedad. “Me gusta fomentar que aprenda. Venimos a aprovechar su gran curiosidad”, celebra su abuela. Un resumen que vale para todo el parque.