Con su decena de muertos en un supermercado asesinados por un muchacho blanco y supremacista de 18 años, Búfalo es la consecuencia de cientos de años de violencia. Nadie debería preguntarse por qué sucede algo así, ya que la respuesta es sencilla y surge a cada rato: los EE UU fomentan la criminalidad contra los negros y, al cabo, entre todos los americanos del norte.

En el comienzo de la película Billie Holiday contra los EE UU, hay una placa de fondo negro que cuenta cómo en 1937 el Senado de esa nación consideró una ley por lo cual quedaban prohibidos los linchamientos de los negros. Pero en el mismo film, luego de unos segundos, en la placa, aparece el cruel resultado en el tiempo: esa ley no fue aprobada.

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Volvieron a presentarla en 2020: debieron trascurrir más de ocho décadas para que efectivamente se tratara. Y más de otro año más, y el linchamiento de George Floyd de parte de la policía, para que el pasado 28 de enero, el presidente Joe Biden la haya promulgado. Ahora sí, recién ahora, es delito federal el linchamiento. Anduvo casi un siglo penando por los sures doloridos de tantos asesinatos, la vida de los afroamericanos.
Billie Holiday fue perseguida durante 20 años por interpretar la canción «Strange Fruit». El jefe Oficina Federal de Narcóticos, Harry Anslinger la hostigó cada minuto de su vida, la encarceló y mortificó cuánto le fue posible porque ella cantaba una canción que describe una extraña fruta de los arboles con sus “negros colgando de las sogas de los asesinos”. Anslinger fue condecorado por John Kennedy por los servicios prestados.

Cuando asesinarona Floyd, repusieron el proyecto de ley sobre los linchamientos. La firmó el mismo Biden que habla de paz o que va compungido a llevarles flores a las víctimas del asesinato de Búfalo, pero que atiende un imaginario gazebo con los colores de la bandera y la leyenda viva la guerra. El que le vende armas al mundo; una descomunal industria que necesita clientes, que necesita de Ucrania, y también de Finlandia, o de Suecia y por eso los empuja a la Otan.

El presidente de un país que -como nos informó Anahí Rubin, la excepcional periodista argentina que vive en Nueva York-, alrededor del 60% de los asesinatos extremistas entre 2009 y 2019 fueron realizados por personas de ideologías supremacistas blancas (por ejemplo, la “teoría del reemplazo”). En todo EE UU hay 320 millones de armas en manos civiles, lo que representa casi una por persona. Un verdadero horror. Pero hay más: significa que allí se concentra el 48% de armas en manos civiles del mundo.

Si nos atenemos a Nueva York, se registraron más de 300 incidentes en lo que va del 2022. La ciudad sufrió un 60% de incremento de violencia que incluye 58% más de robos, 22% más de violaciones, 41% más de crímenes y, particularmente, un 125% más de asesinatos de odio contra la población asiática y la negra. Estos datos siniestros son avalados por estudios de la Universidad de Columbia que reafirma, como si hiciera falta, que la causa de la violencia en primer lugar es la pobreza, la gente que vive en la calle, la falta de empleo y vivienda. Pero que crece sensiblemente la violencia por problemas psiquiátricos o simplemente por factores ideológicos. Una violencia disparatada, irracional.

Hay una doble vara que tiene el mundo para medir la violencia. Ni qué hablar en situaciones como la guerra de Ucrania. Prueba de ello es lo que le pasó a George Bush (h). A ese personaje nefasto, que en su rol de presidente de EE UU, desató la guerra de Irak, parece perseguirlo el tema. Dijo en una disertación en su propio instituto: “Las elecciones rusas están amañadas… Los opositores políticos están en prisión o han sido eliminados. El resultado es una ausencia de controles y equilibrios en Rusia (se condice) con la decisión de un hombre de lanzar una invasión brutal en Irak…”. Fue cuando cerró los ojos, sacudió la cabeza y siguió: “Quiero decir en Ucrania… En Irak, también… “.

Las risas coronaron un chiste pero no tiene nada de gracia. EE UU mató mucho más de lo que hoy ocurre en el Este europeo. Mueren ucranianos, se exilian miles, lo padece un sector de los rusos, tal vez algunos europeos, pero “a nosotros no nos está tocando”, rumean en el poder central de los EE UU. Mientras, Bush ni siquiera sabe exactamente de qué guerra está hablando. Los canales deportivos y de otro tipo ahora dicen “no a la invasión». ¿Lo hacían acaso cuando su país invadía Irak y mataba a un millón de personas para robarse el petróleo? ¿Verdad que no?

Payton S. Gendron entró el sábado fuertemente armado a un supermercado. El tirador de Búfalo filmó su hazaña mientras disparaba, igual que en una Play o en un juego online. Se ve el arma tomada con una cámara que parece estar en sus ojos. Por estas horas ocurrió lo mismo en California y en Chicago. A cada rato tienen episodios así. También en otras partes del mundo. Ese muchacho se inspiró en el extremista de derecha Anders Breivik, que hace cinco años asesinó en Noruega a 77 personas, entre ellas a 69 jóvenes, y en Brenton Harrison Tarrant, quien atacó dos mezquitas en Christchurch, Nueva Zelandia, en 2019 y los transmitió en vivo en las redes.

Un muchacho enloquece, entusiasmado por la furia que baja desde los medios de comunicación como Fox News, un canal de gran penetración de la derecha, algo así como la conjunción de TN y La Nacion+. Es el alimento de esa violencia que nadie puede detener. Aquí solo hay que darles tiempo para que se produzca alguna desgracia parecida.

Los Fox News locales vienen trabajando muy bien. También acá se viven instancias de gente que se cree superior, que se cree que es la dueña del país y que puede llevarse a todos por delante, sin dar explicaciones, con la pretensión de que lo aceptemos, sin dar pelea, resignándonos a este torrente de sangre que le tiran al mundo.