Las calles otra vez, el lugar que nunca debió de haberse perdido como escenario de lucha en Brasil.

Estos últimos tres días de proceso destituyente, de golpe parlamentario, las marchas, protestas y concentraciones se sucedieron en diferentes ciudades con la necesidad imperiosa de manifestar en cuerpo y voz tanto sentimiento atragantado en enojos, broncas y tristezas por ver el retroceso de la historia, la marcha atrás.

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Después del golpe parlamentario ejecutado por machos miserables este miércoles 31 de agosto en Brasil, las calles volvieron a latir. Más fuerte. Todos llegamos hasta ahí sabiendo que era imperioso, necesario, aunque el desenlace estaba anunciado. La Policía Militar de Brasil reprime sin asco. Lo viene haciendo en cada una de las marchas, con saña.

En São Paulo, avenida Paulista, eje neurálgico de la ciudad, comenzó una concentración que era protesta y que era encuentro, búsqueda de aliento, de fuerzas en la presencia del otro aunque desconocido. Así se marchó entre gritos y carteles que refuerzan nada más y nada menos lo que fue que sucedió. Un golpe. Fuera Temer. Es golpe.

Como argentina fui parte de esta parte. Otros argentinos y argentinas también en el lugar gritaban consignas contra Macri ante un improvisado cartel que pude escribir como símbolo de lo que sucede acá y allá. “Fuera Temer de Brasil y fuera Macri de Argentina”.

Todos estamos siendo tapados por la misma ola.

La policía con sus modernos mega equipamientos adquiridos para reprimir estaba solo esperando el momento de ejecutar su emboscada. Una marcha pacífica, popular, multitudinaria fue atacada a gases primero, balas de goma y palos después. Una estudiante recibió fragmentos de una bomba de gas lacrimógeno en un ojo, está siendo operada. Fotógrafos fueron detenidos y sus cámaras reventadas a golpes. Hay más manifestantes heridos.

En las corridas, la impotencia se atraganta y reafirma la certeza. Estamos en las calles para defender y luchar por estas injusticias. Hoy en Brasil se resiste un golpe parlamentario que destitiyó a una presidenta elegida por 54,5 millones de personas.

La calle vuelve a ser el espacio de resistencia, el lugar que nunca debió dejar de serlo.

Resistir.

Estamos juntos.