Las tropas rusas continuaban sus operaciones “de limpieza” en el sur de Ucrania con el objetivo de consolidar su control sobre esa región, aunque la resistencia se mantenía firme en algunos distritos -entre ellos en Mariupol la acería Azovstal- y se registraban avances de las fuerzas de Kiev en Jerson y Jarkov. Los dados parecen echados, sin embargo, para movidas oficinescas más que militares, lo que no implica que se detenga el envío de armamento occidental en una estrategia de largo aliento para desgaste de los efectivos rusos, como se dejó claro en la cumbre de ministros de Relaciones Exeriores del G7 que se desarrolló en el palacio alemán de Weissenhaus. Allí  se comprometieron a apoyar “hasta la victoria” a Ucrania con un nuevo paquete de 500 millones más en “ayuda militar” que completará 2000 millones de dólares.

Fuera de ese escenario, este sábado se cumplió el anunciado corte de la provisión de energía eléctrica de Rusia a Finlandia por falta de pago, al tiempo que representantes de la UE y Washington intentan torcer dos negativas claves de miembros de la Otan para profundizar las amenazas contra Moscú. Por un lado, el gobierno turco dijo que rechazaría al ingreso de Finlandia y Suecia a la organización atlántica, mientras que el mandatario húngaro, recientemente refrendado en las urnas y muy cercano a Vladimir Putin, rechaza romper los lazos energéticos con las provisiones rusas. En ambos casos, para sumar nuevos integrantes a cada “club” se necesita absoluta unanimidad. El poder de veto es clave para Recep Tayyip Erdogan y Viktor Orban, por razones diversas.

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Esta semana, el presidente finlandés Sauli Niinisto y la primera ministra Sanna Marin anunciaron su deseo de incorporarse a la Otan. Esa expresión llevó a una media palabra de autoridades suecas en el mismo sentido, lo que generó una rápida respuesta de Moscú sobre el hecho de que la membresía incluye “la renuncia de ambos países al estatus nuclear”, es decir, que se convertirán en bases de armamento letal. Algo que obviamente Putin no está dispuesto a aceptar.

La RAO Nordic Oy, filial de la rusa Inter RAO, cortó ayer el suministro de electricidad a Finlandia por “falta de ingresos en efectivo”. El Kremlin decidió que las ventas al exterior deben pagarse en rublos ante el bloqueo de fondos en euros y dólares en el exterior a raíz de las sanciones por la invasión. “Esperamos que la situación mejore pronto y se reanude el comercio de electricidad con Rusia”, dijo la empresa. Suecia ofreció reemplazar el suministro, que es de alrededor del 10% del consumo finlandés.

También crecen las tensiones con Polonia. El primer ministro Mateusz Morawiecki, notorio enemigo político de Putin, había escrito en una columna para el diario británico The Telegraph que el mundo ruso es como «un cáncer que representa una amenaza mortal para toda Europa» y debe ser erradicado. Desde la Duma, la Cámara baja rusa, no se quedaron atrás y el presidente del Comité de Control del organismo, Oleg Morozov, propuso que Polonia sea puesta “en línea para la desnazificación” una vez completada la operación militar en Ucrania, según señala un cable de la agencia oficial RIA Novosti.

Podría decirse que en un sendero similar se debería incluir la decisión del presidente interino de Osetia del Sur, Anatoli Bibilov, de convocar un referéndum el próximo 17 de julio para que la población se pronuncie sobre su incorporación plena a la Federación Rusa. Reconocida por el Kremlin desde 2008 como república independiente dentro de Georgia, en el marco de la guerra desatada en Ucrania crece la opción por “volver a casa” de comunidades rusas diseminadas en exrepúblicas soviéticas. Bibilov debe entregar el cargo a Alán Gaglóyev este 24 de mayo pero nada indica que vaya a haber cambios en esa propuesta. No están fuera de este contexto los temores del presidente ucraniano Volodimir Zelenski y la mandataria de Moldavia, Maia Sandu, sobre la posibilidad de que ocurra algo similar en Trasnistria, otra república reconocida por Moscú desde 2006 y donde se registran movimientos en torno a aprovechar el avance de las tropas rusas para buscar la anexión a Rusia.

Los cancilleres del G7 -el grupo de los países con las mayores economías del mundo, donde están Alemania, EE UU, Francia, el Reino Unido, Japón, Canadá e Italia pero no China ni India, segunda y sexta potencia en cuanto a PBI- adelantaron que “jamás reconocerán  fronteras que Rusia intenta cambiar con su intervención militar».

El presidente ruso estuvo particularmente muy requerido estos días. Mantuvo conversaciones telefónicas con el canciller alemán, Olaf Scholz, y con el presidente finlandés. En los comunicados de prensa posteriores el germano dijo que le pidió a Putin un alto el fuego urgente en Ucrania. El portavoz del gobierno, Steffen Hebestreit, indicó que ambos mandatarios conversaron durante 75 minutos y que Scholz también pidió una mejora de la situación humanitaria y avances en la búsqueda de una solución diplomática al conflicto.

Niinisto, mientras tanto, acuciado por el corte de luz que se avecinaba y la postulación para un puesto en la Otan, dijo que “la conversación fue directa y sin rodeos y se llevó a cabo sin problemas. Evitar las tensiones fue considerado algo importante”.

Hubo también llamados telefónicos entre los responsables del área de defensa de Rusia y de Estados Unidos, el ministro Sergei Shoigu y el secretario y jefe del Pentágono, Lloyd Austin. También en este caso el informe oficial dice que se le exigió al ruso un alto el fuego inmediato. Pero al menos desde el lado estadounidense se reconoció que la charla «no resolvió ningún problema”.  «

Llamado de los demócratas a movilizarse por el aborto

En una columna que publica en el blog Scheerpost, el veterano periodista estadounidense Chris Hedges reflexiona que “el Partido Demócrata espera frustrar una derrota electoral (en noviembre) compitiendo contra la esperada decisión de la Corte Suprema sobre el aborto. Esto es todo lo que queda de su capital político”. Premio Pulitzer por coberturas para el New York Times de las guerras en los Balcanes y en Medio Oriente, Hedges es particularmente crítico sobre el rol de la dirigencia política en general de su país, con conocimiento de causa. Esta vez, recuerda que el fallo Roe vs Wade ahora en la picota, tiene 50 años, y que pasaron gobiernos demócratas como los de Jimmy Carter, Bill Clinton y Barack Obama, con un control total sobre ambas Cámaras al inicio de sus gestiones, y nunca emitieron una ley federal como la que ahora pretende aprobar Joe Biden si los jueces tiran abajo ese débil sustento del aborto legal.

Las perspectivas de una derrota en las legislativas son bastante reales y la guerra en Ucrania no parece mover el amperímetro de los votantes o, al menos, de los que responden encuestas. Y a medida que esta Corte Suprema, armada por Donald Trump con amplia mayoría conservadora, se acerca a su objetivo, los demócratas se lanzan a la aventura de llenar las calles de manifestantes por la defensa del aborto.

«No dejaremos de luchar hasta que todo el mundo, y me refiero a todo el mundo, tenga acceso a abortos seguros y legales, independientemente de sus ingresos, código postal o etnia», dijo la representante demócrata por California, Barbara Lee, llamando a movilizaciones en todo el país. “Los estadounidenses se están manifestando y haciendo oír su voz», dijo la presidenta de la Cámara baja, Nancy Pelosi, que hace diez días estuvo en Kiev para darle su apoyo a Volodimir Zelenski.