A Rodolfo Hernández lo llaman el Donald Trump colombiano. No solo por su fortuna vinculada a los bienes raíces, sino por sus reacciones desencajadas, su extremismo desembozado, su pose antipolítica y su juego “independiente” de los partidos. Este ingeniero civil de 77 años, millonario y usuario compulsivo de las redes sociales, será el rival del candidato de la coalición Pacto Histórico, Gustavo Petro, en el balotaje del 19 de junio, después de haber obtenido un segundo puesto que descolocó a todos los pronósticos. Para quienes siguen a Petro, no es más que un uribista “tapao”. Es decir, un exponente de la extrema derecha histórica que representa el expresidente Álvaro Uribe, camuflado como emergente espontáneo y “outsider” de la política.

Exalcalde de Bucaramanga, la quinta ciudad en importancia del país, entre 2016 y 2019, habría utilizado, según sus detractores, su condición de constructor inmobiliario para captar parte de los votos que le permitieron ganar aquellas elecciones. La base de su fortuna es el interés ganado por los préstamos que él mismo otorga a los compradores de las casas que construye.

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A tono con los exponentes de la nueva derecha “independiente”, Hernández es un activo usuario de las redes. En Twitter tiene más de 330 mil seguidores y su mayor éxito está en Tik Tok, adonde lo llaman “el rey”. Justamente, una red que se caracteriza por contenidos ultrabreves y de alto impacto visual por toda virtud. Será por esa costumbre de emitir mensajes en forma directa y unilateral es que viene avisando que no aceptará debatir con su contrincante. Es que Hernández no parece tolerar el disenso. Este viernes, la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) de Colombia comunicó un repudio contra el candidato por “las estigmatizaciones y actitud hostil” hacia periodistas “a quienes calificó de ‘petristas’ y ‘hacer preguntas estúpidas’”. Estos días circuló también un video en que Hernández golpea en la cara a un concejal con quien estaba discutiendo y se reflotaron varios de sus exabruptos mediáticos, como su admiración por Adolfo Hitler  -que excusándose dijo haber confundió con Albert Einstein-; sus dichos contra los migrantes venezolanos o sobre las primeras damas que según él deben «apoyar desde la casa» y no «metidas en el gobierno». A esto agregó recientemente que la tarea de la mujer debería ser “criar a los hijos”, pero la situación económica las obliga a salir a trabajar.

Hernández también hace uso de un discurso antipolíta, que lo emparenta con sectores como el que representa Javier Milei en Argentina, y su cruzada contra “la casta”. Hernández dice repudiar a la clase dirigente y a la corrupción. Curiosamente tiene una demanda avanzada en la justicia por una negociación millonaria para el relleno sanitario durante su gobierno en la alcaldía de Bucaramanga, en la que se habría beneficiado uno de sus hijos.

Con el uribismo se emparenta también en que votó en contra del acuerdo de paz con la entonces guerrilla de las FARC, aunque en campaña anunció que apoyaría su rezagada implementación. En televisión, logró conmover cuando se quebró frente a una foto de su hija adoptiva Juliana, secuestrada en 2004 por el ELN, y que nunca fue recuperada tras la negativa de pagar el rescate de dos millones de dólares.

Hernández sacó de carrera al candidato del establishment, Federico Gutiérrez (que ya dijo que lo apoyará) y se perfila como una opción real de poder apuntalado por el frente de derecha que se abroquela para intentar impedir un inédito gobierno de izquierda en Colombia.  «