Crece la escalada política entre la UE, Estados Unidos, Israel e Irán a medida que se acerca la fecha en que la administración Donald Trump aplicará nuevas sanciones a Teherán tras romper el acuerdo nuclear firmado en 2015 entre las cinco potencias atómicas más Alemania y el gobierno de Hasan Rohani.

Los detalles de esta máxima tensión son reveladores: mientras el ministro de Relaciones Exteriores persa, Mohamad Javad Zarif, explicaba los  objetivos de la demanda que su país presentó en la Corte Internacional de Justicia contra Washington, su par europea Federica Mogherini resaltó el rechazo de la UE al bloqueo económico y desde Tel Aviv la Mossad se jactaba de haber concretado un impresionante operativo de espionaje para robar media tonelada de documentos de un edificio de máxima seguridad en el corazón de la capital iraní que darían cuenta del plan del régimen chiita para desarrollar una bomba atómica.

Desde que Trump llegó al gobierno, se propuso cambiar las reglas de juego internacionales construidas a lo largo de varias décadas por sus antecesores y los líderes occidentales. Entre sus primeras mutaciones siempre tuvo en la mira -y lo dijo desde su campaña electoral- romper con el tratado para limitar y controlar el proyecto nuclear iraní.

Tras arduas negociaciones del gobierno de Barack Obama con los mandatarios del Reino Unido, Francia, Rusia, China -los países con asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU- y Alemania, la única nación sin armamento nuclear de ese grupo pero potencia económica indiscutible, el documento se firmó en 2015.

El acuerdo fue presentado, por eso mismo, como de los 5+1 y para los firmantes garantizaba el uso iraní de la energía atómica con fines pacíficos y no, como teme Israel, para desarrollar armamento. No es que la región esté alejada de ese tipo de artilugios letales, porque precisamente Israel cuenta con un arsenal nuclear, solo que no las tiene declaradas oficialmente.

El caso es que según todos los informes del Organismo Internacional de Energía Atómica (IAEA, por sus siglas en inglés), encargado de verificar el cumplimiento del acuerdo, el gobierno de Irán viene respetando cada uno de los puntos del 5+1. Por lo tanto correspondería levantar cada una de las sanciones impuestas en estos años.

Israel siempre se opuso a este arreglo y aún se recuerda el discurso del premier israelí Benjamin Netanyahu en el Congreso de EEUU para explicarle a los congresistas estadounidenses lo que para él era un error de Obama y de Occidente. Llegó a usar el atentado a la AMIA en Buenos Aires y a la muerte del fiscal Alberto Nisman como prueba de lo que para él son capaces de hacer los iraníes.

Ahora, un informe que el servicio de inteligencia israelí entregó a los diarios The Washington Post, The Wall Street Journal y The New York Times mostraría los esfuerzos de Irán por desarrollar armamento nuclear. La historia tiene componentes propios de un film de espionaje o de robos tipo comando para atrapar a público de todas las edades.

Según la información filtrada a los medios más influyentes de Estados Unidos, un equipo de agentes de la Mossad fue encargado de armar un operativo para ingresar a un edificio fuertemente amurallado en el centro de Teherán donde sabían que el gobierno había reunido toda la documentación sobre el proyecto nuclear, al que se le había puesto fin oficialmente en 2003.

El plan implicaba introducirse en el edificio, romper gruesos muros y cortar cajas de seguridad con sopletes especiales que levantan una temperatura de hasta 3000 grados Celsius y llevarse el material antes de que una nueva ronda de la vigilancia pasara por el lugar. O sea, exactamente 6 horas y 29 minutos. Los «boqueteros» de la Mossad rompieron dos puertas, vulneraron 32 cajas fuertes, cargaron unos 500 kilos de papeles en una camioneta y huyeron antes de que se detectara el robo.

Esto habría sido el 31 de enero y de inmediato se pusieron a investigar en los documentos. La información pasó al despacho de Trump que de inmediato anunció la ruptura unilateral del acuerdo con Irán y la aplicación de sanciones no solo en forma directa -bloqueo de cuentas bancarias y prohibición de comerciar a empresas estadounidenses- sino que se hace extensivo el castigo a todos aquel que pretenda hacer negocios con Teherán, siguiendo el principio de extraterritorialidad del derecho estadounidense.

Esta medida despertó urgentes quejas de la UE y de los otros firmantes del convenio nuclear. No solo porque echa por tierra años de conversaciones para encontrar una solución pacífica al conflicto sino porque además en la práctica permite sanciones a empresas de los países firmantes y puede dificultar el comercio de combustible.

El lunes, Mogherini dijo que el 6 de agosto – cuando entren en vigor las medidas de Trump- la UE aplicará una ley establecida en 1996 para saltar el embargo a Cuba y proteger a empresas europeas. «Aprobamos la actualización del estatuto de bloqueo y tomamos todas las medidas necesarias para facilitar que Irán se beneficie de los efectos económicos del levantamiento de las sanciones», dijo la canciller de la Unión Europea.

«La UE y los otros firmantes del acuerdo logrado con Irán en 2015, China y Rusia, buscan un mecanismo financiero que garantice a Irán la capacidad de exportar su petróleo», se sumó el francés Jean-Yves le Drian, titular de Relaciones Exteriores del gobierno de Emmanuel Macron. La petrolera francesa Total había pedido cobertura para no padecer als consecuencias de sus negocios en el país persa.

El mismo día, Irán presentó una demanda contra EEUU en la Corte de La Haya ante «la decisión tomada en mayo por Estados Unidos ‘de restablecer de lleno y de hacer aplicar’ un conjunto de sanciones y de medidas restrictivas», señaló la CIJ en un comunicado.

El canciller iraní aclaró en un tuit que Washington «rinda cuentas por la reimposición ilegal de sanciones unilaterales (y por) el desprecio de Estados Unidos hacia la diplomacia y sus obligaciones legales «,  escribió Zarif. En la presentación, Irán se basa en el tratado de amistad entre ambas naciones firmado en 1955 y al que acusan haber sido violado en reiteradas ocasiones por la Casa Blanca.

El argumento de Trump para romper el 5+1 (ahora debiera llamárselo 4+1) es que Irán no había cumplido con los compromisos y seguía desarrollando su proyecto militar. La AIEA lo desmiente y en realidad los documentos que la Mossad entregó a los diarios estadounidenses tampoco indican que se mantenga la iniciativa bélica.