La intervención del presidente Donald Trump, en las protestas que se vienen desarrollando en Hong Kong, le agregó esta semana un fuerte condimento al guiso que se viene cocinando desde hace años en la excolonia británica y que hizo ebullición en las últimas semanas. Beijing advirtió que «no se quedará cruzada de brazos» si la situación «empeora» y enfatizó que tiene «suficientes medios y suficiente poder para reprimir los disturbios rápidamente». La advertencia de China provocó la «preocupación» de Trump por el riesgo de una represión violenta. Pero además, el presidente de EE UU condicionó las negociaciones comerciales con el gobierno chino a que Beijing actúe «con humanidad» contra los manifestantes que desde hace un par de meses protestan contra las autoridades de Hong Kong. Mientras tanto, el gigante asiático concentró tropas en la cercana Shunzhen, algo habitual desde que el territorio pasó a manos de China en 1997.

Ante esta situación, el asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, John Bolton, pidió a China no generar una «nueva» Tiananmen, en alusión a la sangrienta represión de manifestantes en esa plaza de Pekín hace 30 años. «Los chinos deben mirar con mucho cuidado los pasos que toman porque la gente en EE UU recuerda la Plaza Tiananmen, recuerdan la imagen del hombre parado frente a la fila de tanques», dijo Bolton en una entrevista.

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Un diario chino hizo una poco habitual alusión a la represión de Tiananmen, tabú en el país, para explicar que una intervención armada en Hong Kong no sería una repetición de la masacre de junio de 1989 en Pekín por parte de los militares. «Pekín no decidió intervenir por la fuerza para terminar con los disturbios en Hong Kong pero esta opción evidentemente está disponible», escribe en un editorial el diario de lengua inglesa Global Times. Pero incluso si el régimen comunista decidiese enviar al ejército contra los manifestantes, «el incidente en Hong Kong no será una repetición del incidente político del 4 de junio de 1989», continúa en respuesta a Bolton.

Tras dos meses de manifestaciones en Hong Kong en contra de un cambio en la legislación que permitiría la extradición a China, Beijing dejó sobrevolar estos últimos días el fantasma de una intervención para restablecer el orden en ese territorio con un estatuto especial hasta 2047 que le permite tener partidos políticos, libertad de prensa.

«Me gustaría de verdad ver a China resolver de una forma humana el problema en Hong Kong», agregó un Trump convertido súbitamente en humanista. Alterna las advertencias con declaraciones más indulgentes hacia China, con la que su país se encuentra inmerso en complejas negociaciones comerciales.

«Tengo plena confianza en el presidente Xi. Sé que si se sentara con los representantes, no tengo dudas de que podría resolver el problema muy rápido», tuiteó Trump. «Insisto en que Hong Kong forma parte de China. Ningún país extranjero debe entrometerse. Pedimos a las potencias extranjeras que respeten la soberanía china», le respondió el embajador Liu Xiaoming.

Pero el consejo de Trump está lejos de ser atendido. Ni el gobierno chino se sentará en alguna mesa ni los manifestantes dejarán de salir a las calles. Lo que comenzó como una oposición a un proyecto de ley que habría permitido las extradiciones a China, se transformó en defensa de las libertades democráticas y contra la influencia de Beijing en el territorio. Por eso la capital compara al movimiento con la «Primavera Árabe» y recalca que está infiltrado por agentes extranjeros.

Los manifestantes organizaron para hoy una gran concentración presentada como «racional y no violenta», con el objetivo de mostrar que el movimiento sigue teniendo un gran respaldo popular pese a los violentos enfrentamientos del lunes y martes pasados en el aeropuerto internacional de Hong Kong. Tras haber expresado sus exigencias de forma pacífica en un primer momento, ahora adoptaron técnicas más agresivas, creando barricadas con los carritos de las maletas para bloquear a los pasajeros en la zona de salidas del aeropuerto. Estas escenas perjudicaron la imagen de un movimiento que gozaba hasta entonces de una gran popularidad. Los medios estatales chinos utilizaron estos enfrentamientos para exaltar el carácter violento de los manifestantes.

La manifestación para hoy fue convocada por el Frente civil de DD HH, una organización no violenta que organizó protestas gigantes en junio y julio. «La manifestación debería reunir a un millón de personas. El pueblo hongkonés no puede ser vencido», declaró en Facebook la diputada prodemocracia Claudia Mo. «