El 19 de marzo de 1978, cinco días antes de que se cumplieran dos años del golpe de Estado que inició la sangrienta dictadura cívico-militar encabezada por Jorge Rafael Videla, cuatro partidos pusieron en marcha el mundial de hockey sobre césped masculino en el Campo Argentino de Polo, el primero de los tres mundiales que el país organizó aquel año. El campeón fue Pakistán, tras vencer en la final a Holanda por 3 a 2.

Mientras el hockey sobre césped en el país era impulsado por el espíritu amateur de la mayoría de los dirigentes, la dictadura, salvando las distancias, intentó hacer lo mismo que con el Mundial de Fútbol que se jugaría meses después: exprimir el sentido propagandístico del deporte. «Desde Palermo saldrá hacia el mundo la imagen de jerarquía y buen gusto que necesitamos. Es lógico esperar lo mejor», escribía la revista El Gráfico en la presentación del campeonato. «Exitoso comienzo del Mundial de Hockey», tituló Clarín en la tapa de su edición del 20 de marzo.

Para 1978, según diversas investigaciones, en la Argentina ya existían más de 20 mil detenidos-desaparecidos, deportistas incluidos. Meses después, el 27 de mayo de 1978, Adriana Acosta, de 22 años y jugadora de hockey sobre césped del club Lomas, fue secuestrada por un grupo de tareas en una pizzería del barrio de Villa Devoto, en la Capital Federal. Sigue desaparecida. 

...
(Foto: Telam)

En el certamen, igual que sucedería meses después con el fútbol, el seleccionado neerlandés tuvo un gesto histórico: dos de sus integrantes, Hans Jorritsma y Piet Gunning, visitaron las rondas de las Madres de Plaza de Mayo; y el primero de ellos no sólo escribió una emotiva nota para un diario de su país (que profundizaba la información de lo que sucedía con la dictadura en la Argentina), sino que se negó a asistir a la ceremonia de premiación en rechazo al régimen encabezado por Jorge Rafael Videla, que estuvo en la final del campeonato.

Argentina, que sólo dos veces había sido sede de un Mundial (1950, de básquetbol; y 1970, de hockey sobre patines), se postuló para organizar la cita ecuménica del hockey sobre césped masculino durante la disputa de Malasia 75. Dos años más tarde logró la confirmación, en Bélgica. «La sede la ganamos en Malasia, en un congreso de la federación internacional. Australia y Alemania, que eran dos potencias, también querían organizar ese Mundial y tenían mucha más infraestructura», recordó, en diálogo con Télam, Horacio Servetto, máxima figura del arbitraje nacional de hockey.

Servetto dirigió dos finales olímpicas -entre ellas Múnich 1972, que terminó en escándalo y fue victoria del anfitrión Alemania sobre el campeón vigente, Pakistán, por 1-0-, y otras tres finales del mundo. Nacido hace 74 años en Florida, provincia de Buenos Aires; casado con una exjugadora de hockey sobre césped hace cincuenta años y padre de dos hijos (uno es árbitro también); Servetto fue además presidente del Consejo de arbitraje de la Federación Internacional de hockey (FIH). 

«Viajamos a Bruselas y ahí fueron muy exigentes. Llevamos una buena presentación y eso fue motivo para que aceptaran que hiciéramos el Mundial. Fue una dedicación casi exclusiva porque era una responsabilidad muy importante. Nos resultó muy arduo porque las exigencias fueron muy importantes», admitió en diálogo con Télam Colaneri, titular de la entidad en 1977 y 1978. «Teníamos el mundial de fútbol más adelante. Este campeonato era un poco la antesala y una prueba para ver cómo se presentaba el país. Era una vidriera y si hubiéramos fallado en algo habría sido un desastre. Salió todo muy bien pero nos costó muchísimo», puntualizó y añadió que «no tenía la menor idea de los que pasaba en el país en esos tiempos».

Según el diario La Nación, «la organización estuvo a cargo de una comisión especial presidida por Roberto Colaneri, José Pablo Mortarini, Carlos Lang, Juan C. Más Vélez, Emilio Allende, Diego Bonadeo, Diego Bartolomé, Jorge Bondelle, Roberto Framiñan, René Paolucci, Guillermo Russo, Claus Schembrosow; Enrique Mascheroni y José Mac Dermott». El torneo, que tuvo a unos 60 representantes de prensa acreditados, se disputó entre el 19 de marzo y el 2 de abril de 1978 en el Campo Argentino de Polo, donde se demarcaron siete canchas, con los 14 equipos participantes divididos en dos zonas: A y B.

En la primera estaban Bélgica, Alemania, Inglaterra, Polonia, Canadá, Australia e India; en tanto que en la llave B compitieron Italia, Holanda, Malasia, Argentina, Irlanda, España y Pakistán, que ganó el certamen al derrotar a Holanda por 3-2 en la final, que fue dirigida por Servetto. El neerlandés Paul Litjens fue el máximo goleador del campeonato con 15 conquistas. Según una crónica de la época también publicada en La Nación, «en el predio donde se jugaron los encuentros se instalaron diversos stands, destacándose el que ofreció a los asistentes distintivos, banderines, corbatas, posters, medallas recordativas y las réplicas en miniatura de los palos de hockey. Además, se instalaron puestos sanitarios y de comidas».

Argentina, dirigida por Horaco Rognoni -padre de Cecilia, campeona del mundo con Las Leonas en Perth, Australia, 2002-, finalizó en el octavo puesto y logró así su mejor ubicación hasta ese momento en torneos ecuménicos: había sido décima en Barcelona 1971; undécima en Kuala Lumpur 1975; y novena en Amsterdam el mismo año.

En ese equipo argentino se destacó Marcelo Garrafo, -secretario de Deporte de la Nación durante la presidencia de Fernando De la Rúa- quien fue el máximo goleador «albiceleste» con seis conquistas. «Del mundial tengo los mejores recuerdos. La cancha de polo es un escenario formidable. Yo tenía 18 años, fue mi primera aparición pública», expresó Garrafo en declaraciones a Télam.

La final, disputada el 2 de abril (es decir cuatro años exactos antes del inicio de la guerra de Malvinas), la ganó Pakistán, que derrotó a Países Bajos por 3 a 2, y el dictador Jorge Rafael Videla – que llegó en helicóptero minutos antes de la final-, observó el partido junto al belga René G. Frank, presidente de la Federación Internacional de Hockey (FIH), y posteriormente le dio la Copa del Mundo al pakistaní Islahuddin Siddique, capitán de su equipo. Dijo Clarín: «La ceremonia de clausura del torneo merece la calificación de 10 puntos. Fue admirable por su sencillez y buen gusto. Un verdadero ejemplo para tener en cuenta frente a la proximidad del Mundial de Fútbol». «Estuvo animada por la Fanfarria Alto Perú, del Cuerpo de Granaderos a Caballo General San Martín. Las abanderadas de los 14 conjuntos participantes y las encargadas de entregar los premios a los jugadores fueron las chicas argentinas subcampeonas mundiales de hockey. El presidente, teniente general Jorge Rafael Videla, le entregó la Copa al capitán pakistaní, quien la alzó ante la ovación de las tribunas. Todo, ejemplar», festejó el diario. Fue el ensayo de lo que pasaría en junio, con el Mundial de Fútbol, aunque esa historia es más conocida.