Nicolás Furtado: "Me dejaron patear un penal y decidí apuntar al ángulo"

A pocas horas del estreno de El Marginal II, el actor uruguayo revela los detalles y obsesiones que le permitieron construir y deconstruir a Diosito, el personaje más icónico de la serie dirigida por Adrián Caetano. Las claves para eludir la sobreactuación y los encasillamientos.
15 de Julio de 2018

Parecía inevitable y lo fue. La gran repercusión que generó El Marginal demandaba una continuación y este martes a las 22 se estrenará en la TV Pública la segunda temporada de la serie producida por Underground. La ficción de intramuros ideada por Adrián Caetano demostró una potencia difícil de frenar. La geografía de la cárcel de San Onofre le dio lugar a múltiples historias tumberas de alianzas y traiciones, supervivencia y muerte, oscuridad y más oscuridad. Contrariamente a lo que muchos imaginaron, El Marginal II va hacia atrás en el tiempo. Se trata de una precuela que retrata la caída de los hermanos Borges (Mario y Diosito) y su violento ascenso en el organigrama carcelario.

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Nicolás Furtado (30 años) se muestra tan contento como ansioso. "Estoy muy feliz porque es un proyecto y un personaje que me apasionan. Y ansioso porque El Marginal II es una serie muy esperada. La primera temporada fue creciendo de a poco. Le fue muy bien desde la TV Pública, recibió unos cuantos premios y con Netflix alcanzó una dimensión global. Espero que a la gente le guste tanto como a nosotros cuando recibimos el guión y participamos de la filmación", revela el actor uruguayo. Furtado vuelve a interpretar a Diosito, un pibe chorro de pelo platinado y dentadura desvencijada que puede pasar de la máxima violencia al humor –y viceversa– en cuestión de segundos. El menor de los hermanos Borges también se da tiempo para asistir a sesiones de terapia algo irregulares en las que se cuestiona el vínculo con sus compañeros y bastante más. El carisma de Diosito lo transformó en el ícono de El Marginal y en esta segunda temporada –ya sin Osvaldo "Pastor" Peña, el expolicía interpretado por Juan Minujín– adquiere una centralidad mayor.

En El Marginal II Diosito gana mucho protagonismo. ¿Cómo viviste esa responsabilidad?

–Con mucho entusiasmo y responsabilidad. Si bien esta temporada está centrada en la llegada de los hermanos Borges al penal, en su lucha por sobrevivir y en cómo van ganando poder en la interna carcelaria, la historia es muy equilibrada y tiene muchos personajes centrales. Algunos que vienen de la primera temporada y otros que son nuevos, como los que encarnan Roly Serrano, Esteban Lamothe, Verónica Llinás y Rodrigo Noya, entre otros. Afortunadamente se armó un equipo humano y profesional muy potente que, me parece, le da un valor agregado a la historia. En esta temporada la violencia va a ser mucho más manifiesta. Se van a ver cosas mucho más intensas que le van a dar un ritmo diferente a la historia.

¿Interpretar el pasado de un personaje te obligó a un ejercicio de deconstrucción?

–Tiene mucho de eso. La construcción de Diosito viene de la primera temporada. Para eso investigué mucho, vi videos, hablé con mucha gente: traté de hacer todo lo que estaba a mi alcance para meterme en ese mundo. Después trabajé con el guión, imaginé cosas y tomé decisiones. Para El marginal II primero revisé todas mis escenas de la primera temporada. Fue necesario porque entre una filmación y la otra pasaron casi dos años. Una vez que tuve fresco al Diosito ya conocido tuve que ponerme a trabajar en cómo pudo haber sido antes. Decidir que había que sacarle y que había que ponerle. Al Diosito de esta segunda temporada le falta experiencia y tiene algunas actitudes distintas.

–¿En algún momento te preocupó caer en la sobreactuación o la caricatura?

–Sí, por supuesto. Es algo que uno siempre tiene que evaluar. Fue una apuesta arriesgada la que hice, sabía que caminaba por una línea delgada y estaba el riesgo de caer en la sobreactuación. Pero si uno busca hacer algo valioso se la tiene que jugar. No quería quedarme a medio camino y tampoco quería pasarme de rosca. Diosito me dio una oportunidad muy grande y trabajé para estar a la altura. No me interesaba ir a lo obvio o a lo básico. Tenía que buscar algo más: me dejaron patear un penal y decidí apuntar al ángulo. Después, la gente es la que decide si ese penal entró o no entró.

–Diosito es muy violento, pero tiene humor. Parece que nada lo detiene y a la vez es muy inseguro. ¿Esos contrastes ayudan o hacen más difícil construir el personaje?

–Las dos cosas. Es un personaje con muchos matices y eso es lo mejor que te puede pasar como actor. Te empuja a exigirte más y más. Y es un tipo de personaje que le suma a la historia general desde diversos lugares, justamente por sus diferentes facetas.

–La estética de Diosito trascendió la serie y se hizo casi un símbolo.

–Sí. Es algo que uno valora y disfruta. Me pasó unas cuantas veces que me mandan fotos de gente que se caracteriza como Diosito para fiestas de disfraces, por ejemplo. Es divertido y me enorgullece porque significa que el personaje tiene una llegada popular importante.

–¿Te preocupa que un personaje tan fuerte te encasille?

–Es un riesgo que forma parte de este oficio. Hay que bancársela y trabajar para que no suceda.  El desafío es hacer cosas que apunten en direcciones diferentes y que alcancen un reconocimiento similar.

–Más allá de las historias en partículas, las actuaciones y la realización, ¿por qué te parece que generan tanto interés las historias tumberas?

–Seguramente no hay una sola explicación. Pero creo que pasa porque nos muestran un mundo que la mayoría no conoce. Si bien no deja de ser ficción, El Marginal ofrece una historia con mucho realismo y variantes. No son relatos edulcorados ni cómodos. Creo que eso la gente lo percibe y potencia su interés.

–¿Es un orgullo extra la atención que genera El Marginal II en estos tiempos de tan poca ficción en la televisión argentina?

–Seguro. Para mí es muy valioso porque todo esto empezó con expectativas moderadas. El interés en la primera temporada se fue armando de boca en boca. Después llegó Netflix y le dio un alcance mucho mayor. Por eso ahora hay muchas más expectativas y eso nos pone muy orgullosos. «

“El Marginal II". Guión: Guillermo Salmerón y Silvina Olschansky. Directores: Adrián Caetano y Alejandro Ciancio. Elenco: Nicolás Furtado, Claudio Rissi, Martina Gusmán, Gerardo Romano y Esteban Lamothe, entre otros. Martes a las 22 en la TV Pública. También disponible en Cont.ar

El camino para conquistar San Onofre

Los hermanos Borges son de temer. Pero es el experimentado Mario (Claudio Rissi) el que ejerce la jefatura. Esta segunda temporada de El marginal exhibirá las destrezas del personaje de Rissi para escalar en la siempre compleja y violenta jerarquía carcelaria. Hacer ese sueño realidad exigirá audacia y violencia en partes iguales.

"Me encanta interpretar a Mario Borges porque es un personaje querido. Es un malo malo, pero igual la gente se copa con él. Vaya a saber el motivo. Quizás tenga que ver con su humor o con que tiene códigos, al menos en algunos rubros. Lo que sí tengo claro es que no se trata de un malo de pacotilla. Tiene contradicciones y eso siempre enriquece. Es un personaje con profundidad y la gente lo percibe. Es uno de esos papeles que puedo hacer hasta dormido", revela Rissi.

–¿Por qué?

–Porque lo disfruto. Me ofrece la oportunidad de jugar y liberarme. En la vida real uno se puede enojar, amargar y frustrar. Pero tiene que administrar esos sentimientos para convivir en sociedad. Estos personajes te permiten jugar a pegarle un tiro a uno, mandar a matar a otro y así. Es muy divertido y desestresante (risas).

–¿Es difícil recrear el pasado de un personaje?

–Es un ejercicio actoral más complejo. Tuve que incorporar cosas nuevas y hacer desaprender otras. La historia se desarrolla en el mismo penal, pero bajo circunstancias y hasta geografías diferentes. Eso modifica al personaje y a la historia en general. Pero como en todo, ayuda la experiencia. Nadie nace sabiendo. A mí me llevó tiempo saber cómo pararme ante una cámara. Saber qué energía usar y cómo sacarle el mejor partido a cada tipo de lente. Al principio cuando empezaban a filmar me encogía y el rango expresivo se me acotaba mucho. Para estas cosas también es importante que haya laburo. Ahora se pueden hacer proyectos de calidad porque hay actores y técnicos entrenados. Pero si hay poco laburo esa posibilidad a futuro va a ser mucho más restringida.

El nuevo dueño de la vida y de la muerte

La lucha de los hermanos Borges por sobrevivir y ganar terreno en la cárcel se chocará con un claro antagonista: el Sapo (Roly Serrano). El Sapo es el amo y señor de los pabellones y reinará a pura violencia y sadismo. "Estoy muy feliz con este personaje que me regalaron. Pero me costó muchísimo hacerlo", confiesa Serrano.

–¿Por qué te resultó difícil?

–Porque siempre que me tocó hacer de tipos malos intenté buscarles el lado bueno. Entender su alma. Pero en este caso (Adrián) Caetano, que para mí tiene una visión artística notable, me pidió que haga a el Sapo como un ser brutal. Un villano muy, muy villano. Entonces me propuse construir un hijo de puta que actúe como tal y no se cuestiona nada.

–Como casi todos los hijos de puta.

–Exactamente. Entonces trabajé para que el Sapo sea todo lo que detesto. Y creo que lo logré porque cuando vi las filmaciones me generé mucho rechazo (risas). ¿Cómo puede ser tan hijo de puta este tipo? (más risas). Pero lo que me atrapa de El Marginal II es que, más allá de la violencia y de los personajes bravos, hay una sustancia. Por debajo subyace una crítica muy valiosa a nuestra sociedad de consumo. Me parece que eso le da una dimensión extra a una historia que de por sí tiene muchos matices y lugares desde donde agarrarse. Fue un enorme orgullo sumarme a El Marginal. Disfruté mucho del proyecto y estoy muy conforme con los resultados finales.

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