No engordar: el mandato patriarcal que se profundiza en cuarentena

La gordofobia tomó más fuerza en las épocas de aislamiento. Un mandato social que esconde opresión, violencia y estigmatización. El rol del feminismo en estos discursos. 

5 de julio de 2020

Quedarse en casa. Usar barbijo. Lavarse las manos. Desinfectar todo con lavandina. No engordar. Estas son las cinco indicaciones que uno debe cumplir, a rajatabla, durante la cuarentena.

No es novedad que la gordofobia está a la orden del día. Y hoy, en tiempos de aislamiento y crisis, pareciera ser que estar –o ser– delgade es la meta a alcanzar. Tan importante como la de la vacuna contra el coronavirus.

Gordura y barbijo

“En cuarentena se exacerban ciertos discursos y temores sociales en torno al cuerpo que, si bien ya venían con mucha fuerza, durante esta etapa de aislamiento se profundizan”, explica Laura Contrera –abogada y profesora de Filosofía doctorada en Estudios de Genéro en la UBA–. Su investigación tiene que ver con corporalidades y subjetividades gordas. “No engordar en cuarentena es tan obligatorio como usar barbijo”.

La obligatoriedad de no engordar responde a discursos sociales. “Por ejemplo, el discurso médico tiene una serie de presunciones sobre lo que se supone que es un cuerpo saludable y el peso que se debe tener. La idea de 'no engordar' tiene un halo de cientificidad avalada por los médicos; y así se hace presente como ordenador social”, dice Laura.

Lux Moreno también es activista gorda y por la diversidad corporal. Es profesora de Filosofía en la UBA. “No engordar aparece como una situación obligatoria desde principios de 1900 en adelante. En los años '60 se intensifica, y toma fuerza en los '90”; y remarca que para ella, el “sistema de consumo ha transformado el cuerpo en una mercancía; y por eso nos vemos obligados a mantener ciertas apariencias. Así somos bien valorados”.

¡Prefiero el Covid!

El temor a engordar es tan fuerte que se hace cualquier cosa para evitarlo. Ser gorde es un estado indeseable; incluso más que otros estados posibles del cuerpo. “Hay un fuerte componente moral y estético circulando. Todas estas alusiones del cuerpo saludable van de la mano de lo que se supone un cuerpo normal, deseable, productivo. Para la sociedad la delgadez tiene valor por sobre la gordura, y no las entiende como dos formas posibles de la diversidad corporal”, explica Laura.

Gordura para todes

La exigencia del cuerpo recae en todes. “En la exigencia de no engordar, la cuestión de género es muy importante a la hora de pensar las exigencias corporales; pero no hay que quedarse sólo allí. También hay que tener en cuenta la edad, la pertenencia étnico-racial, la orientación sexual, etc.”, afirma Laura.

Lux coincide: “La obligatoriedad de ser delgade recae en ambos géneros, incluso en los lugares donde no hay género. El problema es que nosotres vivimos en un sistema de opresión que subsume al cuerpo de las mujeres, y las femineidades en general. Todo aquello que no sea la masculinidad hegemónica queda por debajo”, explica, y agrega: “El sistema heteropatriarcal pone a las mujeres en lugar de objeto. La mujer se transforma en una mercancía que tiene que cuidar, que tiene que hacer valer para ser visible en el mercado de deseo. Si bien esto recae también sobre los hombres, es de una forma muy diferente”.

Patologización de la gordura

“Desde el activismo gordo estamos poniendo un freno”, expresa Laura. “Les jóvenes suelen tener la posibilidad de acudir a un repertorio de imágenes que no son las estereotipadas y las normativas”, expresa Laura, y remarca que es fundamental entender que la salud puede estar presente independientemente del talle. “La salud misma no puede ser un bien que, para alcanzarlo, implique la aniquilación y la destrucción de una forma corporal. Ni el padecimiento físico y psíquico de las personas. Hay que dejar de patologizar a la gordura”. Salud y enfermedad son estados posibles del cuerpo. Aun así, si una persona está enferma, no es razón para hostigarla, estigmatizarla y violentarla.

También es necesario seguir trabajando desde el feminismo, que ha denunciado que en la industria de la moda y la belleza hay que someterse a ciertas reglas para sostener una feminidad deseable y reconocida como tal.

Por su parte, Lux propone multiplicar los discursos de diversidad corporal. La gordofobia existe (hasta cuando le decimos a una amiga que está linda porque está flaca). “La gordofobia es violencia explícita en contra de la diversidad corporal. En contra de los cuerpos que no cumplen las medidas canónicas”, afirma. “Hay una glorificación del cuerpo delgado, blanco y exitoso. La gordofobia incita al gordo-odio; a señalar, a exponer a las personas que son gordas como chivos expiatorios de un sistema que señala a los gordos y que los descarta en el mercado del deseo. Los gordes son ciudadanos de segunda”, expresa Lux.

Gordofobia

Es un término paraguas, en donde se resume y cobija una multiplicidad de otros componentes: violencia, discriminación, estigmatización, patologización. “Con este término damos cuenta de una estructura donde hay una jerarquización de la corporalidad, de la imagen corporal, y la gordura ocupa el último puesto respecto de una delgadez que se vuelve normativa. Se supone que el cuerpo normal debe ser delgado o tender a la delgadez. Todo lo que se salga de este parámetro hay que corregirlo”, explica Laura Contreras.

Así, les gordes quedan marginados y excluidos. “La gordofobia afecta a todes. Es democrática y universalizadora”, define Lux.

La marca sigue ahí

Hace dos años, a Lux le realizaron un bypass gástrico por una enfermedad que tenía en el estómago. Bajó mucho de peso; pero a ella, esa corporalidad le resulta “extraña e incómoda” porque fue gorda más de 27 años.

“Con este discurso de 'no engordes en cuarentena' yo estaba preocupada porque no estoy haciendo actividad física, más que nada porque sufro dolores de espalda. La semana pasada tuve que ir a hacerme unos análisis de control y me preocupaba mucho pesarme. ¡Y eso que trabajo con el activismo gordo desde 2013! Se me reactualizó todo ese miedo, el ver el número en la balanza o lo que me diría el médico en relación a mi peso. Mi temor es porque yo nunca dejé de ser gorda. Por más que ahora tengo otra corporalidad, la marca de que soy gorda sigue ahí; de que voy a volver a engordar. Poco me importa, pero me agarró un miedo desmedido; y me pregunto por qué vuelve a aparecer de una forma tan violenta”, refiere Lux, y reflexiona: “La policía de los cuerpos es uno mismo… a pesar de la corporalidad que uno tenga”.

Contactos: Laura Contrera: IG: @LOUDULUOZ - Twitter @gordazine // Lux Moreno: IG: @reinamiel Twitter @luzreinamiel FACEBOOK: Lux Moreno

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