"No hay vuelta atrás en ciertos logros: vivimos un cambio profundo"

Entrevista a Leonardo Sbaraglia. El actor, que le puso su voz a un ratoncito talentoso y engreído en "Sing ¡Ven y canta!", que se estrena el jueves, cuenta que la historia reflexiona sobre "los intereses que se priorizan en el mundo" y celebra que en el país los últimos años se haya recuperado "cierta identidad nacional".
30 de Diciembre de 2016

Lo que más le gustó a Leonardo Sbaraglia cuando le propusieron por primera vez poner su voz a un film animado, fue el hecho de darse la posibilidad de volver a lo más lúdico de su profesión: proponer, soltarse e imaginar cómo sería la voz de un ratón engreído. Así es Mike, uno de los protagonistas de Sing ¡Ven y canta!, película que se estrena el próximo jueves en las salas locales.

“Me pidieron que le ponga mecha a la argentinidad porque el personaje se lo bancaba. Tiene estereotipos argentinos bien marcados y fue re loco porque el personaje no lo tenía a priori. Sin embargo, se le encontró ahí la vuelta, con ciertas cosas de la manera de hablar que tenemos”, dice el actor al presentar su personaje, que no exageró en sus formas ya que no podía escindirse de la estética general de la película. "Además acá los chicos no están acostumbrados a escuchar doblaje en argentino, excepto por Zamba y sus amigos, que ojalá podamos seguir escuchandolos”, comenta con un guiño Sbaraglia, uno de los actores más buscados de la Argentina (ver recuadro) y que no le escapa a dar su mirada sobre la realidad social y política del país y las capacidades que tiene el arte para transformar en algún punto ese escenario.

Sing ¡Ven y canta! es una historia que tiene un ensamble coral de personajes con variedad de personalidades, profesiones y sensibilidades, con manías identificables para cualquiera y que persiguen sus sueños. “Creo que explica muy bien los intereses que muchas veces se priorizan en el mundo de hoy; si no es negocio a la mierda. Hay que luchar contra eso con ingenio y creatividad”, considera el actor.

“La idea central de la película es la de no renunciar a lo que uno cree que es justo y lo que supone que es correcto. Tiene que ver con poder seguir defendiendo lo que lo hace feliz. Es un mensaje muy lindo, muy emotivo, triste a la vez porque por momentos cuesta demasiado, no siempre es fácil”, afirma Sbaraglia quien debió interpretar a este roedor talentoso pero muy pedante y engreído: “Creo que es un personaje que se va dando cuenta que a pesar de esa seguridad que transmite, sabe que así no puede seguir viviendo. En algún momento se va a pegar contra la pared o alguien le va a poner los pies en la tierra. Aunque seas el mejor tenés que tener en cuenta a los demás.”

-¿Ser actor a veces pone en juego el ego y la capacidad propia de resolver por sobre lo demás?

-Estoy convencido que esta, como todas las demás tareas en la vida, es una labor de equipo, no un trabajo individual. Se tiene que hacer de a muchos, y lo que nos hace mejores es trabajar con el otro, es ayudar al otro y que el otro te ayude. En ese sentido, la verdadera conciencia de este trabajo, que es algo artístico que no solamente incumbe a tareas creativas sino aspectos en muchos órdenes (de estrategia, de compañerismo, de solidaridad, de generosidad, de fuerza de trabajo), es que son tareas que te enriquecen y te humanizan a nivel personal, pero gracias a otros. Y uno, por supuesto, siempre busca que lo que uno hace sea hermoso y excelente, pero no sirve de nada si no se aprende de los demás.

-Este año volvés a trabajar en España ¿cuando te convocan, sentís que estás representando a la Argentina?

-Nunca lo pensé así, ni cuando estuve viviendo ocho años allá. Pasan cosas más trascendentes aquí como para que importe, aunque entiendo que a veces pueda tener cierta relevancia por alguna cuestión. -Si te preguntan ¿cómo explicás nuestra realidad afuera?

-Hay una mirada sesgada por parte de Europa sobre Latinoamérica, armada por noticias de ciertos medios grandes de acá, que se ve que son las que llegan. Pero yo siempre digo lo mismo para hablar de lo que pasa acá: hay en pugna dos modelos de país. Uno que se centra en la justicia social, los Derechos Humanos, tratando de generar oportunidades y cierta autonomía económica apoyando industrias locales. Y otro tipo de modelo donde la igualdad molesta y el mercado es el rey, y donde el neoliberalismo defiende intereses empresarios que hacen perder autonomía e identidad al país. Hay quienes quieren fortalecer a los que menos tienen y a los que no les interesan para nada los últimos de la fila. En los últimos años se corrieron ciertos velos que permitieron reconocer quién es quién y eso fue una gran avance.

-¿Qué te parece que es lo más importante que se logró en los últimos años?

-Es importante que se haya reconstruido cierta identidad nacional con conciencia social, política y económica que entiende que la salida es un proyecto colectivo inclusivo. El kirchnerismo fue el gran responsable de instrumentarlo de manera política, aunque creo que el proceso empezó con el regreso de la democracia. Ese fue el verdadero cambio. No es fácil recuperarse de una dictadura que desmembró a gran parte de la sociedad. Creo que se logró volver a tener un entramado social, solidario, de lucha para generar posibilidades de crecimiento a través de políticas de Estado. Pero bueno, hay sectores sociales con mucho poder económico, y en consecuencia político, que han logrado, a través del marketing cooptar un caudal de votos que lo llevaron hoy a ser gobierno. Pero no hay vuelta atrás en ciertos logros: vivimos un cambio profundo.

-¿Qué lectura hacés de ciertos ajustes como el del Conicet y los aumentos como los de las tarifas de servicios que se implementaron este año?

-Son maneras de pensar el mundo. Darle dinero a personas para investigaciones a largo plazo, o para experimentaciones o búsquedas sin certezas rápidas, no es negocio, si no genera ganancias no importa; solo así se explica el recorte presupuestario a la ciencia desde su punto de vista. Lamentablemente pasa en todo el mundo. Hay una mirada menos humana y más regida por el mercado. Desde la cultura se intenta vencer ese criterio, como sea, entiendo, tratando de imponer un proyecto de modelo de mundo, que tiene que ver con la educación y la transmisión de valores a través de expresiones de todo tipo. Si el arte pone sobre la mesa diferentes aspectos de la realidad, así algunos sean duros, es algo bueno, siempre prefiriendo que sea de manera poética para invitar a la reflexión conmoviendo al público. La realidad tiene muchas capas difíciles de entender, espero poder ayudar a que se entienda algo de esa complejidad. Uno describe procesos humanos y trata de entenderlos, aprendiendo, para transmitirlos de la mejor manera con instrumentos expresivos disponibles. No siempre es fácil pero es nuestro desafío. Narrar algo pequeño para intentar entender el todo. «

Al rescate de un teatro

Sing ¡ven y canta! es el nuevo film de Illumination Entertainment, el mismo estudio que realizó las dos Mi villano favorito (que será trilogía con nuevo estreno en 2017), su derivación de Minions (2015) y La vida secreta de tus mascotas.

Esta vez se trata de una historia situada en un mundo como el nuestro, pero habitado por animales. La película está protagonizada por Buster Moon, un koala quien está al frente del que alguna vez fuera uno de los teatros más importantes de la ciudad, pero que en la actualidad pasa por tiempos difíciles. Buster es un eterno optimista, pero un poco sinvergüenza; ama tanto a su teatro, que hará hasta lo imposible por conservarlo. Poco a poco ve cómo su sueño se desmorona, y es ahí cuando tiene la idea de revivir la gloria de ese teatro a través del más grande concurso de canto del mundo.

Hay en el film una selección musical en la que conviven melodías de Lady Gaga, Katy Perry, el rock de Eminem y Aerosmith, y hasta las elegantes letras interpretadas por Frank Sinatra y Stevie Wonder.

Las voces de los personajes en su versión original cuentan con un reparto más que interesante: Matthew McConaughey (Dallas Buyers Club: El club de los desahuciados) es Buster, el personaje principal; Rosita, una cerdita madre de una veintena de pequeños con sueños musicales, está a cargo de Reese Witherspoon (Johnny & June, pasión y locura). Por otra parte, Scarlett Johansson es Ash, una puercoespín punk y rockera, y John C. Reilly, quien hizo el papel de Ricardo Darín en la versión estadounidense de Nueve reinas (Criminal) es Eddie, una oveja descarriada por la falta de necesidades económicas.

La voz en inglés de Mike, un ratón que canta jazz y tiene fama de estafador, el mismo personaje que en castellano realiza Sbaraglia, es de Seth MacFarlane, el creador de Padre de familia.

Un año con muchas nuevas historias que contar

Compartiendo escenas con Ricardo Darín, Federico Luppi y Dolores Fonzi, Leo Sbaraglia es parte de Nieve Negra, thriller que estrena el 19 de enero. "Es una película que hace mucho queríamos hacer. Es una trama sutil, llena de secretos y dolor, escondidos por años en una relación familiar", cuenta el actor sobre el film que narra el pasado oscuro de un grupo de hermanos que se debe volver a reunir para vender sus tierras, tras la muerte de su padre. En mayo, es probable que se estrene la adaptación para la pantalla grande de Bajo este sol tremendo, novela de Carlos Busqued, que se llamará El otro hermano. Está dirigida por Adrián Caetano (Crónica de una fuga; Pizza, birra, faso) y actúan Daniel Hendler, Max Berliner y Ángela Molina, entre otros. La trama cuenta la vida de Cetarti, un tipo hundido en la nada, sin trabajo ni propósito, que pasa sus días encerrado viendo documentales hasta que un día le informan que su madre y hermano han sido asesinados. "Es una historia sórdida, llena de realidad, porque podría llegar a existir esa impunidad del pasado y un personaje tan siniestro como el mío", comenta Sbaraglia. Además terminó de filmar la segunda temporada de El hipnotizador, serie de HBO (basada en el comic de Pablo De Santis) donde interpreta a un detective del inconsciente. Pero eso no es todo. El actor estará gran parte del año en Europa, trabajando bajo las órdenes del catalán Cesc Gay (Truman), filmando Félix, serie en clave de humor que situará su historia en los Pirineos de Andorra.

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