La educación intercultural bilingüe es el resultado de la lucha indígena por su reconocimiento y la modalidad del sistema educativo argentino que garantiza el derecho de los pueblos originarios a su cultura y a su lengua. Más allá de aquel trabalenguas homogeneizante del presidente Mauricio Macri durante el Congreso de la Lengua Española, en Córdoba, felicitándose de que los argentinos no hablaran «argentino» sino español, negando la diversidad lingüística de nuestro país, en todo el territorio nacional se hablan al menos 15 idiomas indígenas.

Según el Censo 2010, del total de personas que se reconocen como indígenas, un 2,4% de la población, 250 mil son niños, niñas y adolescentes. Seis años después, sin embargo, las estadísticas del Ministerio de Educación sólo identificaban a un tercio de ellos como miembros de comunidades indígenas. Es decir que a dos de cada tres no se les reconoce su identidad en los registros educativos oficiales ni, por lo tanto, se los considera a la hora de garantizar su derecho constitucional a una educación multicultural.

Este contraste se observa en un informe del Observatorio Educativo de la Universidad Pedagógica Nacional (Unipe), que muestra que el 89% de los niños indígenas entre 5 y 14 años insertos en el sistema educativo no recibe clases en esta modalidad.

Parte de la complejidad del tema reside, por ejemplo, en que muchos de ellos no viven en comunidades rurales sino en contextos urbanos. Según María Laura Diez, doctora en Antropología, docente de la Unipe e investigadora del Conicet, uno de los grandes déficits está en pensar que esta modalidad debe limitarse a espacios comunitarios, como si se tratara de poblaciones que viven aisladas o no se desplazan. La educación intercultural bilingüe, explica Diez, no debe ser una mera traducción de contenidos escolares a una lengua indígena, «porque esto no resuelve viejas deudas del sistema educativo, como la revalorización de repertorios identitarios y prácticas de los pueblos, su memoria histórica y su presente. Se trata de pensar el conjunto de saberes que supone la interculturalidad».

Si bien hubo importantes avances legislativos, como la Ley de Educación de 2006, la investigadora asegura que «en los últimos años hubo retrocesos importantes, por ejemplo con la desarticulación de programas y proyectos de educación intercultural bilingüe en el Ministerio, en la reducción de sus presupuestos y de sus equipos de trabajo, relegados a espacios menos visibles».

¿Hasta dónde se ha logrado la inclusión educativa de la población indígena? El informe muestra algunos logros, pero también la persistencia de brechas educativas entre el total de la población escolarizada y la referida a niñas, niños y adolescentes indígenas.

Los datos del Ministerio relevan 2340 establecimientos en los tres niveles con al menos un alumno indígena y 987 con más del 50% del total de la matrícula, además de un incremento de auxiliares o docentes de lengua y/o cultura indígena. Sin embargo, el Observatorio de la Unipe advierte que ese aumento «no revierte la tendencia a la invisibilización de los estudiantes ni la existencia de muchas escuelas con más de la mitad de alumnos de comunidades originarias que requieren más de un docente de la modalidad».

El informe muestra que 60% de los alumnos indígenas en primaria concurre a escuelas rurales, mientras que en el secundario este porcentaje disminuye al 54 por ciento. La inmensa mayoría estudia en escuelas públicas. Su inserción en el sistema educativo es tardía respecto de la de la población general y se produce una deserción más temprana en el secundario, atribuida mayormente a factores económicos. Cerca de la quinta parte de los jóvenes y adultos indígenas no terminó la primaria.

El problema de la exclusión se remonta, sostiene Diez, a la matriz del sistema educativo, que no concibió a la población indígena como integrante de sus aulas: «Siempre fueron los otros. La ley habilita a revisar la noción misma de conocimiento, discutiendo las relaciones jerarquizadas entre el saber escolar y otros saberes o formas de relación con el conocimiento. La ley es una conquista, pero las escuelas aún tienen mucho por hacer, deben seguir revisando el mandato uniformizador que persiste en sus prácticas para poder trabajar con una perspectiva amplia de la interculturalidad”. «

ANALFABETOS

Otro dato relevante a la hora de pensar la invisibilización educativa que sufre la población indígena es que el analfabetismo en las comunidades duplica el índice total del país. Las cifras escalan en provincias como Misiones (14,9%), Chaco (14,3%), Formosa (12,6%) o Salta (8,9%). El tema de género aparece reflejado: entre las mujeres es de 4,2%, mientras que entre los varones marca un punto menos.