Se tiene que caer. Es una necesidad. Cada día, unas 14 mujeres denuncian en la Argentina haber sufrido un abuso sexual y al menos cinco de las víctimas son menores de edad. Las abrumadoras cifras oficiales, provistas por las distintas organizaciones del Estado especializadas o no en la problemática, no alcanzan para dimensionar la gravedad de la situación, ya que el propio Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) calcula que por cada hecho de violencia sexual denunciado hay otros siete que no se hacen públicos.

Cuando el martes la actriz Thelma Fardín hizo pública su denuncia por violación contra el actor Juan Darthés, algo crujió. El pacto tácito que protege los privilegios establecidos durante siglos de patriarcado comenzó a romperse y desató en el país una ola de testimonios que está permitiéndole a muchas personas iniciar un camino hacia la reparación.

Es que ha sido un acontecimiento que marca un antes y un después: un enorme grupo de colegas integrantes de la colectiva Actrices Argentinas acompañó la denuncia de la joven que en el momento del abuso tenía 16 años, se encontraba de gira por Nicaragua con la tira juvenil que integraba, y fue violentada por el adulto responsable del elenco, que tenía 44.

Empezar a hablar

“Hubo dos cosas buenísimas en la presentación que hicieron las Actrices Argentinas”, valora Ileana Arduino, abogada y coordinadora del grupo de trabajo Feminismos y Justicia Penal del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (INECIP). “Por un lado, el acompañamiento previo que permitió transformar la enunciación de una persona en un acto colectivo transmitido por televisión y bajo la lógica mediática. Y por otro, la interpelación que supuso ponerlo en relación al descrédito de los relatos anteriores, que supuestamente ‘no eran tan graves’ y que fueron puestos en tela de juicio por otro montón de estereotipos, como pasó con la denuncia de Calu Rivero”, completa.

Así puede entenderse que hoy tenga visibilidad lo que siempre existió pero permanecía oculto: aquello que vivieron el 87,4% de las personas que sufrieron ofensas sexuales y nunca hicieron pública la denuncia. El dato surge de la última Encuesta Nacional de Victimización difundida a principios de año por el Indec, donde figura como el delito violento contra las personas menos denunciado por sus víctimas.

Aún en ese escenario dominado por un apabullante silencio, las cifras oficiales escandalizan. Según el Registro Único de Casos de Violencia contra las Mujeres (RUCVM), entre enero de 2013 y diciembre de 2017 el Estado identificó a través de sus organismos especializados en todo el país unos 20.552 casos de abuso sexual, lo que equivale a un promedio de 5138 casos por año, es decir, unos 14 abusos diarios. Claro que aquí hay que establecer la salvedad de que este registro solo cuenta con información sobre personas mayores de 14 años.


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(Foto: Edgardo Gómez)


Niños sin derechos ni privilegios

Para obtener una dimensión nacional de los abusos de menores de edad puede usarse la información provista por el programa “Las Víctimas contra las Violencias”, del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. Esta iniciativa, que funciona desde el año 2006 brindando atención, orientación y acompañamiento a las víctimas de violencia familiar o sexual en situación de urgencia en la órbita de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, obtuvo alcance nacional en 2016. En estos últimos dos años registró un total de 5433 víctimas de abuso sexual, el 65% de las cuales era menor de edad. Eso da un ominoso promedio de cinco niños, niñas y/o adolescentes sometidos a abuso sexual por día.

Según esa estadística, en dos de cada tres casos los chicos sufren el abuso en el hogar o en la casa de un familiar, y sus victimarios son integrantes de su círculo íntimo. Allí también el género termina siendo determinante: siete de cada diez menores de edad abusados son mujeres.

“En todos los casos hay un denominador común que es el abuso de poder”, explica Carina Rago, psicóloga e integrante del equipo de coordinación del programa. “Puede ser un familiar o, como en el caso de Thelma, la persona que lideraba a ese grupo de niños que estaba empezando su camino artístico. Pero también lo hemos visto en otros ámbitos, como los entrenadores de gimnastas, entre otros”, añade Rago, que lleva más de 12 años atendiendo llamados de víctimas (ver aparte).

No callar

Desde que la denuncia de Thelma se hizo pública, los abusos sexuales se transformaron en el tema del momento en la Argentina. La campaña #MiráComoNosPonemos, promovida por las actrices y acompañada por el #YoSiTeCreo, que juntas sintetizan la cualidad diferencial del caso Fardín tal como explica Arduino, habilitó que muchas personas que hasta aquí no habían podido enunciar las violencias sufridas, empezaran a hacerlo.

Las redes sociales fueron las plataformas que muchos eligieron para contar y también el espacio en que otros tantos tomaron conocimiento de que alguien cercano había atravesado una situación de violencia sexual. Allí es nuevamente el programa Las Víctimas contra las Violencias el que ayuda a dimensionar el alcance. De los 16 llamados que habían recibido los integrantes del equipo que atienden el 0800-222-1717 el día anterior a la presentación de las Actrices Argentinas, se pasó a 214 el día miércoles, lo que significa un 1240% de aumento en sólo 48 horas.

Ese crecimiento, señalaron desde el Ministerio de Justicia, “guarda relación con el incremento de llamados registrado en la línea nacional 144, que ofrece información, orientación, asesoramiento y contención para las mujeres de todo el país en situación de violencia”.

Mucho más que un caso

El caso de Thelma Fardín, un abuso sexual denunciado ante la justicia, representa la ínfima minoría de las situaciones de abuso que todos los días enfrentan las niñas, adolescentes y adultas argentinas.

Para hacerse una idea alcanza con pensar que de las 260.156 situaciones de violencia contra las mujeres mayores de 14 años registradas por el Indec entre 2013 y 2017, apenas el 16,4% fueron judicializadas. Un número que seguramente sea inferior si se tiene en consideración que el delito de violación es el menos denunciado, tal como muestra la Encuesta Nacional de Victimización.

El hecho de que hoy no se pueda hablar de otra cosa en los medios, en las redes sociales, en las casas, es el primer paso para cambiar la sociedad en la que vivimos. Marketing sobre cambios ya hubo demasiados . «