Vittorio Rosti: "Dejé el rugby para sentir seguridad y poder vivir mi sexualidad tranquilo"

Ex jugador de Duendes y Pumitas, ya retirado del deporte aunque con planes de regreso, a los 25 años Rosti decidió contar públicamente que es gay. "Algunos han podido salir del clóset después de conocer mi historia, eso me da orgullo", dice.

9 de agosto de 2020

“Cuando jugaba al rugby he dado notas -dice Vittorio Rosti-, pero no con esta intensidad y frecuencia”. Rosti -25 años, exrugbier de Duendes de Rosario, Mundiales 2013, 2014 y 2015 con Los Pumitas, la selección argentina juvenil- da ahora muchas notas porque dijo públicamente que es homosexual, lo que todavía en el deporte es una noticia. Estudiante de Ingeniería Química en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), en la que es ayudante de cátedra en una materia, Rosti trabaja de analista de laboratorio en una empresa farmacéutica. “Puedo fabricar mis antiinflamatorios”, bromea. En 2016, sin embargo, dejó el rugby. Algunos de sus compañeros, como Tomás Lavanini, Pablo Matera, Emiliano Boffelli y Julián Montoya, jugaron con Los Pumas en el Mundial de Japón 2019. “Yo dejé de jugar para sentir una seguridad propia, para vivir mi sexualidad tranquilo”, apunta Rosti, que ya planea el regreso.

-¿Qué es el rugby y cómo es su ambiente?

-Durante muchos años fue todo, mi vida. Cuando arranqué a jugar esperaba que llegaran los martes y jueves para ir al club y los sábados para jugar los partidos. A medida que fue creciendo se tornó en un compromiso y en un trabajo. Mi experiencia fue buena, pero sé que no es fácil porque el ambiente del rugby es súper machista, y no todos la tienen fácil. Quizá se me alivianó la carga porque había sido Pumita. Los deportes son exitistas. Cuando a uno le va bien, todos lo quieren. Capaz por eso no la pasé tan mal como otros. No me dejaron de lado ni me hicieron bullying, pero sí aguanté comentarios y actitudes nada buenas cuando estaba en el clóset.

-¿Existe cierta hipocresía en “los valores del rugby”?

-Sí, porque además el rugby siempre se basó en que juegan todos: el alto, el bajo, el gordo, el flaco. Pero no puede jugar el gay. Entonces, ¿dónde está la inclusión que te enseñan desde siempre?

-¿Sufriste algún “rito de iniciación” disfrazado de abuso?

-Pasan en todos los deportes, y algunos son duros. Tengo amigos que juegan al básquet y también me cuentan. A mí no me hicieron nada, sólo me cortaron el pelo y anduve con el pelo mal cortado un día entero. Pero sí vi y conozco historias de bautismos más brutos y agresivos. También pasan en el fútbol. Pero en el rugby se hacen más visibles porque se tiene al rugby como un deporte violento. Ahora se empezaron a dejar un poco de lado. “Como nosotros los sufrimos, no se los hacemos a los más chicos”.

-¿Hay también una nueva generación de deportistas?

-Sí, totalmente. No va más eso de ver quién es más macho afuera de la cancha, sino que las cosas suceden dentro de la cancha, sea lo que sea. Sí, soy gay y te senté en la cancha. En el rugby, si voy a chocar contra vos y te tumbo, sos más macho, se supone. ¿Entonces yo que lo hice soy más macho que vos? No tiene nada que ver la orientación sexual.

-¿Qué dicen los mensajes privados que te envían otros deportistas que atraviesan lo mismo que atravesaste vos?

-Primero me llegaron mensajes de ex compañeros de Pumitas y Duendes. “Qué bueno esto, te banco”, me decían. Y también recibo esos otros mensajes y me cuentan sus historias. Algunos han podido salir del clóset después de conocer mi historia, lo que me da orgullo. Se sienten identificados: las personas son diferentes, pero la sociedad es la misma. No recibí mensajes negativos, sólo comentarios en Twitter, como todo.

-Este año dijeron públicamente que eran gay un futbolista y un basquetbolista. ¿Por qué en el deporte es una novedad?

-Por un lado, las personas se empezaron a dar cuenta que el otro siempre va a tener algo que decir de la vida de uno. Pero que al final el que vive su vida es uno y tampoco vamos a estar toda nuestra vida haciendo cosas para que los demás estén cómodos. El que no molesta al otro, es feliz. Y por otro lado, el deporte masculino tiene eso de que si sos gay, sos más débil, no tenés fuerza. “¿Cómo me va a ganar un gay?”. Es muy fuerte el machismo, el ver quién la tiene más grande. Para el machista perder contra un gay, o ser menos que un gay, es como un insulto enorme.

-Después del asesinato de Fernando Báez Sosa, la Unión Argentina de Rugby (UAR) le abrió las puertas a talleres sobre género, masculinidades y violencia en el marco del programa “Rugby 2030, hacia una nueva cultura deportiva”. ¿Es suficiente?

-Por lo pronto, me parece fundamental. Nosotros, en las concentraciones de Pumitas, teníamos capacitaciones de nutrición, de psicología deportiva, de miles de temas. Pero nunca nada de diversidad. Porque puede pasar -y pasa- que en los equipos haya un chico gay o una chica lesbiana. Que se hablen esas cosas ayuda para que en las generaciones próximas haya jugadores homosexuales y puedan seguir jugando sin problema. Porque también se desaprovechan talentos.

-¿Tenés ganas de volver a jugar?

-Sí, hace rato me picó el bichito. Volví a jugar unos partidos en Gimnasia de Pergamino, mi club. Tenía pensado jugar con los chicos de Ciervos Pampas para sumarme a la visibilización y sumar desde la parte técnica del rugby para que también se puedan divertir más y ser más competitivos. Obvio que me gustaría jugar en un club de la URBA. En Duendes jugaba de tercera línea, y en Pumitas, de segunda. Era un jugador inteligente, nunca me caractericé por ser el más fuerte ni el más rápido. Tenía un muy buen line. Tuve capacidad de tomar decisiones frías en momentos calientes. Fui capitán. Pero sobre todo líder de line. En el rugby es más divertido que no te toquen a que ir a estamparte con el del frente. Hay que esquivarlo, no ir a chocarse de cabeza. El rugby tiene esa estrategia que me cautiva.

-¿Por qué siempre repetís la palabra “miedo”?

-Sentís miedo a que te rechacen, a que te traten diferente. Digo miedo porque realmente es una sensación de decir: “¿Qué me va a pasar?”. Hay muchos chicos que por ahí no son físicamente superiores y también tienen miedo por su integridad física, a que te peguen, a que te maltraten. O simplemente a que te intimiden para demostrar superioridad. Pero no dejé de jugar por esa razón. Fue más para estudiar, una decisión de vida. No me gusta mucho el alto rendimiento.

-¿En algún momento va a dejar de ser noticia, o una cuestión pública, que un deportista diga que es gay?

-Estamos en camino. Ojalá sea pronto. -Estamos en camino. Ojalá sea pronto.
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