El 24 de junio Alberto Fernández participará de la Cumbre de Jefes de Estado del grupo BRICS, integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Además de Bolsonaro, que tiene una silla permanente por representar a Brasil, Alberto será el único presidente latinoamericano presente en el encuentro virtual, invitado por Xi Jinping, quien ejerce la presidencia pro témpore. También fueron invitados los mandatarios de Indonesia, Tailandia, Arabia Saudita y otros países que, como Argentina, son candidatos a ser convocados a sumarse al grupo, que se está ampliando a través de lo que provisoriamente se ha denominado BRICS Plus. El pasado 19 de mayo hubo una conferencia de cancilleres, en la que Argentina también participó, y Santiago Cafiero expresó claramente el deseo de ingresar.

Para Argentina, esto es útil por varias razones. La primera es que es un instrumento para seguir afianzando nuestra relación con todos sus integrantes, en especial con China e India, que son las potencias económicas del futuro. También, porque Argentina tiene expectativas de poder recibir financiamiento del nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS, y de participar de algunos de sus mecanismos y grupos de trabajo, en especial en materia energética. Y en general, estar en el BRICS Plus sería formar parte de un grupo con influencia creciente en el sistema internacional, al que pretende cambiar. El BRICS propone reformar el FMI, el Consejo de Seguridad y otros órganos de las Naciones Unidas, y Argentina también.

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A su vez, hay que tener en cuenta que el BRICS funciona como un bloque. Esto quiere decir que sus integrantes actúan alineados en el sistema de relaciones internacionales, y sobre todo cuando hay conflictos. Lo pudimos ver en todo lo relacionado con la cuestión ucraniana, tanto la guerra actual como la adhesión de Crimea a Rusia en 2014: en ambos casos, los países de la Otan condenaron a Rusia en las Naciones Unidas y los del BRICS votaron de forma funcional a Moscú. Esto significa que, antes de cada votación relevante, los cancilleres del BRICS se reúnen para coordinar una posición. No hay librepensadores en los bloques: si uno no vota como el conjunto, significa que se salió de él.

Argentina, por su parte, votó recientemente en contra de los intereses rusos, y en la mencionada conferencia de cancilleres volvió a pedir el cese del fuego y diálogo entre Rusia y Ucrania. Los medios oficiales rusos criticaron duramente las posiciones argentinas, y eso nos lleva a preguntarnos si es posible querer ingresar al BRICS y mantenerse como una voz independiente. Pareciera que no. El contexto de la ampliación del BRICS es una ambición cada vez mayor de sus miembros fundadores de influir en el mundo, y no tendría sentido impulsar un grupo de comportamientos diversos.

De hecho, los otros países que están concurriendo a la cumbre como invitados especiales se han mantenido relativamente neutrales, en lo que es interpretado como una posición proclive a Moscú. Y eso incluye a Arabia Saudita, un país tradicionalmente aliado a Washington y que tiene interés de convertirse en proveedor petrolero de los europeos. Alguna razón tendrá para querer estar. En la política de bloques la relación no es simétrica, y los socios no son pares: siempre hay miembros más débiles que quieren ingresar para recibir protección o beneficios, y miembros más fuertes que conducen el grupo y quieren contar con más seguidores. Cuando los gobiernos de Suecia y Finlandia, temerosos de Moscú, buscan ingresar a la Otan, saben que van a perder autonomía política frente a Estados Unidos, pero así y todo prefieren pagar ese costo en pos de un beneficio mayor.

En el caso de Argentina, seguramente hay que empezar por que el gobierno del Frente de Todos asuma esa condición. Pero además, se plantea otro interrogante: ¿un futuro gobierno de la actual oposición estaría dispuesto a alinearse con el BRICS en una disputa con Occidente? El alineamiento de bloque debe mantenerse no importa quién gobierne, esto no es un asunto de izquierda o derecha. En Brasil gobernaba Dilma Rousseff en 2014 y gobierna Jair Bolsonaro en 2022, y ambos presidentes votaron alineados con el BRICS en la cuestión ucraniana porque entendieron que por allí pasaba la geopolítica brasileña. La Argentina actual, a diferencia de otros países de la región, carece de una identidad geopolítica clara, porque sus partidos políticos imponen su visión particular sobre un consenso general, que en realidad no existe. Es probable que los conductores del BRICS también quieran tener eso en claro antes de invitarnos a su selecto club de disconformes con el orden internacional. «