La calificación de “histórica” que el discurso gubernamental otorga a la misión comercial al Reino Unido que encabeza el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne y que se extenderá hasta el viernes, constituye una sugestiva invitación a repasar la historia negra de otras delegaciones argentinas que arribaron a Londres a lo largo de dos siglos, y cuyos resultados ruinosos para el país todavía son objeto de estudio.

Por lo pronto, las palabras del embajador Renato Carlos Sersale di Cerisano –nombrado en 2016 en reemplazo de Alicia Castro- trasuntan una alarmante nostalgia decimonónica. Al describir el encuentro organizado conjuntamente por la sede diplomática en Londres, la Cancillería y la Cámara de Comercio Argentino Británica, dijo que “se trata de la mayor misión comercial por el número de empresas participantes, la cantidad de sectores económicos representados y las autoridades y representantes de instituciones que participarán”, y recordó que “el Reino Unido fue el principal inversor en la Argentina hasta principios del siglo pasado y, en el contexto actual puede aportar mucho en materia de inversiones en los sectores que serán abordados en las actividades de la misión: alimentos y bebidas, agronegocios, infraestructura, IT y telecomunicaciones y energía».

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El derrotero de las inversiones inglesas jalona buena parte de la historia argentina. Se ha señalado, de movida, que asegurar el libre cambio entre los productores criollos y los comerciantes británicos fue uno de los principales móviles de la Revolución de Mayo de 1810. Pero el primer gran hito de las delegaciones empresariales en Gran Bretaña llegaría en la década siguiente.

En 1824, el ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores de Buenos Aires, Bernardino Rivadavia, contrató el célebre empréstito con la banca Baring Brothers por un millón de libras esterlinas, del que sólo llegó la mitad en papeles negociables. El consorcio encargado de negociar el préstamo en Londres –los hermanos financistas ingleses Parish Robertson y los gestores Braulio Costa, Félix Castro, Miguel Riglos y Juan Pablo Sáenz Valiente- se quedó con 120 mil libras en carácter de comisión. Y otros cuantos miles usó luego Rivadavia, ya alejado de su cargo, en concepto de gastos de “representación” para sus paseos junto al Támesis. Las obras que motivaban el empréstito (el puerto de Buenos Aires, tres ciudades costeras, pueblos de frontera y el tendido de aguas corrientes para la capital) no se hicieron. Se inauguró, en cambio, el nefasto ciclo de la deuda externa argentina. Recién en 1947 el préstamo de la Baring sería cancelado por el primer gobierno peronista.

Con los años, la presencia británica en la Argentina se incrementó a partir de la inversión en ferrocarriles, frigoríficos, bancos y en la adquisición directa de miles de hectáreas productivas, pasando a controlar los capitales ingleses los sectores clave de la economía. El episodio más polémico de la relación, sin embargo, se produjo a partir de la visita también “histórica” de otra delegación de hombres de negocios y funcionarios conservadores a Londres: el Pacto Roca-Runciman.

La decisión de Inglaterra de comprarle materias primas sólo a sus colonias tras la crisis del ’30 alertó a los ganaderos locales, y entonces partió en misión hacia Inglaterra Julio Argentino Roca (h), vicepresidente del gobierno de facto de Agustín P. Justo. Por el gravoso acuerdo firmado entre Roca y el encargado de negocios británico Walter Runciman el 1° de mayo de 1933, Gran Bretaña sólo se comprometió a seguir comprando carne argentina siempre que su precio fuera el más bajo. Como contrapartida, la Argentina liberaba de impuestos todos los productos británicos, se comprometía a no instalar frigoríficos nacionales y le aseguraba al capital inglés el monopolio del transporte. Años después, durante un agasajo al príncipe de Gales organizado por el Club Argentino en Londres, en Dorchester House, Roca afirmaría en un célebre discurso que “la Argentina, por su interdependencia recíproca es, desde el punto de vista económico, una parte integrante del Imperio Británico».

El nuevo “road show” que arrancan Dujovne y su comitiva por el Reino Unido lleva la pátina de aquellos tortuosos acuerdos del pasado, en la medida en que las máximas apuestas de la delegación –la más grande en veinte años, como se resalta una y otra vez- pasan por la búsqueda de inversiones en negocios extractivos y de producción primaria. No casualmente, sus integrantes más encumbrados son el secretario de Minería de la Nación, Daniel Meilán, y el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Luis Miguel Etchevehere.

El momento central de la semana será el seminario “Mining Plan 2017: a new era in Argentine mining”. Tras su paso por el G-20 en Alemania, Dujovne será el encargado de inaugurarlo. En declaraciones a la agencia Télam, el embajador Sersale se ilusionó con las inversiones mineras que puedan llegar: «Nuestro país se está abriendo al mundo y ofrece un abanico amplio de activos atractivos para inversores institucionales que hasta ahora se encontraban subexplotados. Tenemos un gran potencial que no ha sido aprovechado hasta ahora. Basta con comparar el desarrollo minero chileno con el nuestro, siendo que compartimos la misma cordillera”.