Los 267 trabajadores contratados de Fabricaciones Militares de la ciudad de Azul se fueron a dormir el martes por la noche con una esperanza. El interventor de la empresa estatal, Luis Riva, los había convocado a una reunión para el miércoles por la tarde, lo que era leído por la secretaria general de ATE, Vanina Zurita, como “una demostración de que la lucha da sus resultados”.

La lucha de la que hablaba Zurita era la unión unánime de los laburantes contratados con los de planta permanente, y el apoyo también ampliamente mayoritario de la comunidad azuleña.

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Con la simple ilusión de mantener sus puestos de trabajo se despertaron el miércoles y antes de las 10 de la mañana cortaron otra vez la ruta 3, a la espera de la reunión. Bombos, mate y el humo negro de las gomas prendidas fuego, entre las banderas verdes del sindicato estatal, era la imagen en la entrada de la fábrica. Sin embargo, el buen ánimo se desvaneció de golpe, cuando los dirigentes gremiales fueron informados que, a pedido del ministro de Defensa, Oscar Aguad, el interventor había suspendido la reunión.

La posición de los trabajadores se endureció luego de una rápida asamblea. “Esto profundiza la lucha y pone de manifiesto la metodología macabra y perversa de este gobierno”, declaró Zurita, en medio de un clima de creciente preocupación.

La cronología de los hechos tuvo un nuevo capítulo empezada la tarde. Quizás el principio del fin de la continuidad de los 267 trabajadores. El propio Luis Riva, el que se negó a mantener un contacto cara a cara con los representantes sindicales, aceptó una entrevista con una radio local de Olavarría y sus declaraciones fueron contundentes: primero anunció el cierre definitivo de Fabricaciones Militares de Azul, luego confirmó la no renovación de los 267 contratos y la reubicación de los 37 operarios de planta permanente, y por último, aseguró que los despedidos no serán indemnizados sino que apenas cobrarán unos pesos por el proporcional de vacaciones y aguinaldo. «Como marca la ley», dijo el funcionario.

Con la misma falta de sensibilidad, Riva afirmó entender el drama que significa la situación para las familias de los desocupados, pero enseguida argumentó que tiene que cumplir su rol como responsable máximo de la empresa y confió en que “hay que buscar alternativas en la sociedad azuleña para poner los activos a disposición de otros inversores y así generar trabajos nuevos”.

Los trabajadores escucharon la entrevista por la radio a la vera de la ruta 3. Abrazados, llenos de bronca y desazón, se prometieron seguir peleando por sus puestos laborales. Mañana jueves, además de mantener el bloqueo al tránsito a pesar de la presencia amenazante de la Policía Federal y de Gendarmería en las inmediaciones, marcharán por las calles de Azul, acompañados por organizaciones sociales, sindicales, empresarias y civiles de la ciudad.