Luego de la experiencia del martes pasado, el macrismo analiza la posibilidad de un segundo portazo en el Congreso, pero esta vez en forma de rechazo al acuerdo que firmó el Gobierno con el Fondo Monetario Internacional. El PRO se debate entre negarse a respaldar la refinanciación de la deuda de 44.000 millones que tomó Mauricio Macri en 2018 o solamente aprobar las facultades para que el Ejecutivo la renegocie, sin apoyo al articulado, que incluye aceptar el Entendimiento pactado entre el ministro de Economía, Martín Guzmán, y el staff del Fondo. La segunda opción sumaría más adherentes en los otros socios de la coalición opositora, como una parte de la UCR y la Coalición Cívica, que no aceptan el rechazo total que impulsa Macri.

El endeudamiento que pactó hace cinco años el fundador del PRO implica la omnipresencia del FMI en la economía y política nacional hasta la cancelación de los compromisos. El nuevo acuerdo, presentado por el presidente, Alberto Fernández, se extenderá hasta el 2034. Además del anexo, donde está la letra chica, el texto incluye tres artículos interrelacionados, faculta al Ejecutivo a sellar el pacto y aprueba el entendimiento.

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La negativa del PRO a aprobarlo todavía no es unánime en las 50 voluntades del bloque que preside Cristian Ritondo. Pero es el planteo mayoritario que este domingo resonará en la reunión de la Mesa Nacional de JxC para buscar una posición común. La chance de la unanimidad aparece remota en el abanico de posibilidades. Las 116 bancas de la alianza opositora no votarán igual, pero el amague del PRO impactó. Obligó al oficialismo a revisar sus correlaciones internas en vísperas del trámite legislativo, cuando la organización La Cámpora exhibe con potencia sus resistencias al pacto.

Entre los socios de JxC hay diferencias técnicas y políticas. El punto de partida de los 11 bloques es evitar el default, pero en las cuatro tribus más importantes se cocina la futura votación. El PRO terminó de corporizar su negativa, luego del encuentro que tuvieron sus diputados y diputadas en la casa que alquila el expresidente en Acassuso. La titular del partido, Patricia Bullrich, repite hace un mes que el pacto «es una bomba de tiempo» a partir de 2026. El expresidente citó a los principales dirigentes y voces económicas del macrismo: el viceprimero de la Comisión de Presupuesto, Luciano Laspina, el exministro Hernán Lacunza y el extitular del Banco Central, Guido Sandleris.

El magnate, empoderado como el anfitrión, actuó como árbitro entre las lecturas de Bullrich, que se niega a respaldar sin importarle el default, Lacunza, que tiene matices, y Laspina, que llevó la prédica que repite desde hace una semana. Dentro del partido amarillo algunos asistentes al encuentro cuestionan que Laspina hiciera público su punto de vista antes de que se transformara en una posición orgánica. En los hechos, no la necesita. Cuenta con el aval de Macri, que siente que está nuevamente en su momento político para disputar el liderazgo del PRO.

Quienes lo conocen desde hace décadas admiten que al expresidente también lo moviliza un profundo sentimiento de venganza, que encierra un componente defensivo: no tolera que sigan en pie las posibilidades de que lo investigue la Justicia o el Congreso por la deuda que tomó. Sandleris es uno de los que está en la mira y, al mismo tiempo, uno de los que más defenestró el acuerdo. Macri no quiere que toquen a su equipo económico. Los exministros Nicolás Dujovne y Luis Caputo ya cuentan con asesoramiento jurídico por la querella que inició el Gobierno el año pasado. Que tengan que desfilar por Comodoro Py es un escenario posible y por eso el PRO buscará impedir que esa pasarela se amplíe a citaciones del Congreso. Hasta ahora lo logró, aunque el oficialismo sostiene que la firma del pacto con el FMI no invalida la posibilidad de continuar la querella judicial. Cuando lo dijo el presidente, Alberto Fernández, en la Asamblea Legislativa, los senadores y diputados del PRO dejaron sus asientos. La advertencia también está escrita en el texto que envió el Ejecutivo este viernes a la Cámara de Diputados y en el PRO señalan ese mensaje como otra ventana para negarse en forma rotunda.

«Si tengo que votar con las tripas, rechazo, pero prefiero votar con la cabeza», reflexionó ante las consultas de Tiempo un habitante de las entrañas del PRO. Refleja las chances de una alternativa que no sea tan dura. Las dudas no pasan solamente por quedar pegados a un riesgo de default sino también a desconocer un acuerdo que ya fue aprobado por el staff del Fondo. Ese costado no le cae bien a ninguno de los socios opositores. A los consultados no les cierra desconocer en el Congreso un texto que tiene el guiño del organismo. Esa variable gravitará en los próximos días entre los impulsores del portazo. También será parte de los debates con radicales y lilitos sobre el diseño del proyecto de ley. Quieren separar el artículo que le confiere las facultades al Ejecutivo para sellar el pacto del punto que incluye el Memorando de Entendimiento. Guzmán ya dijo que son «inescindibles» pero es uno de los puntos de la negociación que ya está en desarrollo.

«Primero nos dijeron que había que pasar el acuerdo por el Congreso porque nosotros no lo hicimos y ahora resulta que hay un sector de ellos que no lo va a votar. Y encima les renuncia el jefe de bloque», bramó un integrante del bloque macrista, en referencia a la renuncia que el diputado Máximo Kirchner concretó hace un mes. Aún así, la fuente consultada preferiría respaldar el acuerdo sin tener que ponerle el voto al programa.

Macri se reunió esta semana con otros socios de Cambiemos: los diputados Ricardo López Murphy y Martín Tetaz junto al senador Martín Lousteau. Los dos últimos forman parte del bloque de Evolución Radical, el sector disidente de la UCR que en la Cámara baja abandonó el bloque que conduce Mario Negri. El espacio también podría votar en contra o evaluar la opción de respaldar solo una parte.

Fue el bulldog el primer impulsor de no respaldar el programa pactado con el FMI pero aprobar las facultades para firmarlo. Sostiene que la ley de sostenibilidad de la deuda externa, aprobada hace un año, solo faculta al Congreso a prestar acuerdo sobre el monto y el plazo. Lo demás, sostuvo, son temas exclusivos del Ejecutivo. Con esa misma premisa, la Coalición Cívica (CC) presentó un proyecto para limitar la norma vigente, sin derogarla. El tema fue hablado en Los Abrojos con Macri, que los escuchó a todos.  

Los radicales orgánicos, que reúnen 33 voluntades, bajo la conducción de Negri, miran el texto de reojo. Uno de los que estudia el Memorando asegura que lo mejor sería no pronunciarse sobre los compromisos del Gobierno, pero reconoce que en el bloque el interés inicial es evitar el default. Es casi la misma lectura que hay en la CC. «No estamos con el rechazo, no queremos que el país caiga en default», confiaron a Tiempo desde ese bloque.

Las definiciones se cristalizarán entre la reunión virtual de JxC de este domingo y la exposición que hará Guzmán en el Congreso. Los socios opositores siguen pendientes de los movimimientos del oficialismo. En el FdT, el titular del bloque, Germán Martínez, abre puentes con radicales y lilitos. Rescata que no se fueron del recinto el martes.

Este sábado, el ministro del Interior, Eduardo «Wado» De Pedro, lanzó unas declaraciones desde España que también impactarán en las decisiones de JxC. «El acuerdo con el FMI evita la catástrofe económica», dijo, en una entrevista al diario El País. «Confiamos en que van a acompañar la solución a un acuerdo que ellos tomaron en 2018. Hoy los opositores argentinos son los mismos que gobernaron en la crisis de 2001 y se terminaron yendo. Esperamos que no sean otra vez los responsables de generar una crisis”.

Al igual que Kirchner, De Pedro no estuvo este martes en la Asamblea Legislativa. Esas ausencias parecen comenzar a llenarse con el mensaje enviado desde Madrid, aunque ambos faltazos sumaron más rechazos que apoyos dentro del bloque oficialista. «