Hasta que no aparezcan señales concretas de las medidas que anunció Sergio Massa, en Juntos por el Cambio intentarán escudarse en la cautela. Les cuesta coordinar la comunicación, pero tratan de no aparecer como aguafiestas en un momento de incertidumbre y malhumor social. En privado pasa otra cosa: los socios de la coalición opositora no ocultan su escepticismo sobre los resultados que puede cosechar «la última oportunidad» del gobierno. Así definen al flamante ministro de Economía para evaluar sus primeros días y asumen que el próximo jueves el tigrense deberá afrontar su primera lluvia ácida. Ese día el Indec publicará la inflación de julio, el mes que comenzó con la renuncia de Martín Guzmán al Palacio de Hacienda.

De la crisis que comenzó el 3 de julio sólo han pasado 34 días y así como la Mesa Nacional de JxC demoró en ordenar sus posiciones, ahora frenó los empujones discursivos para augurar el final anticipado del gobierno del Frente de Todos. El equilibrio sigue siendo muy delicado entre tenues gestos de moderación y desquite contenido. No hay una posición común entre los socios opositores, pero el desenlace de los debates internos sigue siendo ganado por el sector más duro de la coalición.

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Las diferencias se pudieron advertir este martes en la Cámara de Diputados, durante la sesión especial convocada para aceptar la renuncia de Sergio Massa a la presidencia del cuerpo y a su banca. El principal conglomerado opositor dio quórum pero se abstuvo de votar a Cecilia Moreau. Fue una forma de limar, desde el minuto cero, la legitimidad de la primera mujer que preside la Cámara Baja en 158 años de historia. No impidieron que la diputada del Frente Renovador suceda a Massa, pero dejaron claro que le morderán los talones y que buscarán capitalizar cualquier expresión de fragilidad del oficialismo.

«En la oposición hay que ponerse firmes. Nos vamos a negar a cualquier aumento impositivo y mucho menos para el campo, pero vamos a mirar con mucha atención si Massa encara un ordenamiento fiscal a la baja. Si lo hace, es un tema que nos beneficia», evaluaron en el PRO. «En ese caso tenemos poco margen para oponernos y empiojarla», razonaron en otra latitud del partido amarillo.

Los exégetas del alcalde porteño Horacio Rodríguez Larreta creen que si Massa tiene éxito en el ajuste, le allanaría una parte del tortuoso camino del ajuste que debería aplicar en caso de ganar las elecciones presidenciales el año que viene. La lectura refleja el clima que se respira en algunos rincones de la coalición opositora. Aunque falta un año para las elecciones y siete meses del inicio de la etapa de precampaña, prevista para marzo, en el PRO se autoperciben ganadores por anticipado. El camino de espinas que transitó el panperonismo durante julio los entusiasmó, pero también desnudó las dificultades internas para ordenar una respuesta común ante el desarrollo de la crisis.

Los más escépticos son los que tuvieron responsabilidades de gestión durante el segundo tramo de la presidencia de Mauricio Macri. Recuerdan el derrotero que les tocó caminar a principios de septiembre de 2018, cuando el entonces ministro Nicolás Dujovne lanzó su política de equilibrio fiscal. «Lanzó el objetivo de déficit fiscal cero un año antes de las elecciones y tenía reservas en el Banco Central, pero aun así no la pudimos remontar», recordó un testigo directo de esos días que prefiere eludir las preguntas sobre la veloz licuación de los 45.000 millones de dólares que les concedió el Fondo Monetario Internacional poco antes.

Luego de la jura de Massa hubo evaluaciones de JxC. No llegaron a reunir a la Mesa Nacional, pero los jefes de cada partido se juntaron con sus economistas estrella. Se conoció muy poco del encuentro, porque las estimaciones internas consideran que el gobierno podría llegar a fin de año con una inflación acumulada del 90% o 100%. Por esa razón creen que las chances de recuperación económica son escasas o nulas, pero las lecturas combinan la información de los consultores privados y cierta pizca de profecía autocumplida a partir del microclima interno. Luego del encuentro difundieron un comunicado donde plasmaron el escepticismo. Consideraron que los anuncios son «intenciones» que «en ningún caso llegan a conformar un plan económico y tampoco constituyen un programa de estabilización de la economía, el cual es imprescindible y debe ser inmediato». También recordaron que el Gobierno «no ha cumplido ni las metas, ni los anuncios, ni las promesas, ni los compromisos que realizaron durante su gestión» y no se privaron de recordar que «el problema de la economía sigue siendo el político, que el Frente de Todos no resuelve».

En el mejor de los casos vaticinan que la gestión económica de Massa podría reducir la inflación, pero el arranque de julio podría ser superior al 8 por ciento.

Hubo un gesto desde el Palacio de Hacienda que descolocó los panegíricos. Tiene que ver con las versiones del desembarco del lavagnista Gabriel Rubinstein como vice de Massa. La posibilidad no ha caído, pero tampoco fue confirmada. El amague no dejó de sorprender ni al más duro detractor de JxC, en un momento donde observan con mira telescópica los contactos del tigrense con la Mesa de Enlace, que podrían germinar en una reunión la semana próxima.

El pesimismo de los economistas opositores deja en segundo plano el escenario electoral interno de JxC. Los laderos de Rodríguez Larreta lo venden como un sucesor posible, pero no logra hacer pie y retrasa su lanzamiento hasta fin de año. Los giros suceden mientras el expresidente Mauricio Macri se muestra con todos los sectores internos posibles. Cerró la semana con un  almuerzo con todos los embajadores en Argentina de los países que forman parte del G7 y la semana que viene volverá a concretar almuerzos con los dirigentes del partido para analizar la situación. A ellos se suma la titular del PRO, Patricia Bullrich, que sigue de road show por todo el país para dejar en claro que su aspiración presidencial no se posterga.

En la UCR el diputado nacional bonaerense Facundo Manes sigue apareciendo como el producto más competitivo para la interna, y el exgobernador mendocino Alfredo Cornejo aumentó las exploraciones de una fórmula con Bullrich. La multiplicación de competidores se disparó en la Provincia de Buenos Aires. Hay siete aspirantes que quieren pelear la sucesión de Axel Kicillof en la gobernación, pero hay un componente que los inquieta: no pierden de vista que hay un acuerdo entre el kirchnerismo y el massismo para buscar el control del mayor distrito electoral en 2023, como una posible retaguardia ante un eventual revés a nivel nacional. «