“Cambio de roles” es un proyecto de modelo parlamentario surgido en 2018, de la mano del Círculo Nacional de Legisladores y del IEERI (Instituto de Estudios Estratégicos y Relaciones Internacionales). Consiste en un simulacro de una sesión del Congreso, con todas las reglas y las pertinencias del caso. El IEERI propone un proyecto de base sobre una temática en particular y los participantes trabajan sobre el mismo. En 2018, fue regulación sobre drones; este año, criptomonedas. Se convocaron a 11 universidades, públicas y privadas de todo el país, y se extendió el proyecto al tratamiento en comisiones. Durante una jornada realizada en junio, jóvenes estudiantes trataron el proyecto, en 4 comisiones. Cada universidad representó a un bloque, compuesto por 20 estudiantes.

En el caso de la Universidad de Buenos Aires (UBA), los 20 fueron estudiantes de Ciencia Política. Una de ellas es Carolina Glasserman Apicella, de 21 años. Proveniente de clase trabajadora, Carolina cuenta con un pedigrí académico nada despreciable para su corta edad (ver FICHA), que incluye haber aplicado en exigentes programas de capacitación en distintas partes de Europa. A días de recibirse de politóloga, contó a Tiempo la experiencia en “Cambio de roles”.

“Tratamos el proyecto de base del IEERI un día en comisiones, otro día nos dividimos intrabloque en las 4 comisiones (Presupuesto y Hacienda, Finanzas, Asuntos Constitucionales y Legislación General, Ciencia y Tecnología), con los aditamentos que cada bloque había hecho previamente en un laburo propio dentro de las universidades. Ese proyecto consensuado en comisiones, al otro día se trató en el recinto”, relató. La sesión fue presidida por el senador Federico Pinedo, quien luego alternó con distintos diputados mandato cumplido. El secretario parlamentario actual, Eugenio Inchausti, cumplió el mismo rol que en una sesión ordinaria, al igual que todo el grupo de taquígrafos. Luego, el proyecto fue elevado por las autoridades del IEERI a la Organización de los Estados Americanos (OEA), para intentar que se pueda organizar algo similar a nivel americano.

Tiempo: -¿Qué es lo que más te quedó de la experiencia?

Carolina Glasserman Apicella: -Lo que más puedo rescatar es la puesta en valor de la actividad legislativa, tan vilipendiada últimamente. Se toma al Congreso como una escribanía o se le pide cosas que no forman parte de sus atribuciones. Entonces, ver cómo se trabaja en comisiones, fue revelador; ahí, está el laburo más arduo y quizás no tiene tanta trascendencia. Como cientistas sociales, nos parece un lugar que tenemos para resaltar a la política como una actividad transformadora. Poder ver desde adentro al Poder Legislativo, hoy tan criticado, fue muy enriquecedor.

T: -¿Qué rol te tocó?

CGA: -Cada uno, por pertinencia de área de conocimiento, fuimos divididos en 4 comisiones. Yo fui a Asuntos Constitucionales y Legislación General (ACLG), que es donde me siento más cómoda. Desde Ciencias Políticas de la UBA, hubo un laburo arduo previo al evento, con charlas de capacitación sobre el tema a tratar. Además, cuando estuve en Europa justo se trató el tema de criptomonedas en la Unión Europea y eso me sirvió mucho. Fue interesante también que otros bloques llevaran a estudiantes de otras carreras como Derecho.

T: -¿Cómo fue el trato en comisiones?

CGA: -La comisión fue dirigida por un diputado mandato cumplido. Él iba otorgando la palabra, anotando lista de oradores, etc. Cada bloque fuimos con los proyectos que, a partir de la base que nos dieron, confeccionamos. Fue un debate picante sobre algunas partes polémicas que nos tocaban a nosotros. Por ejemplo, siendo un tema tan difícil de controlar, pues en su génesis se hizo para que los Estados no puedan controlarlo, ¿quién va a ser la autoridad de aplicación de las criptomonedas? ¿El Banco Central tiene injerencia? ¿Es la Comisión Nacional de Valores? ¿Es un activo? ¿Es una moneda? Esa temática era pertinencia de ACLG y fue un eje en el debate de la comisión, dada la incorporación de los derechos al consumidor en la reforma del ‘94. Ahí, hubo cierto consenso: es algo que ocurre, hay que legislar, pero el eje debe ser puesto en la defensa al consumidor como derecho constitucional y el incentivo a la economía del conocimiento.

T: -¿Y lo más debatido?

CGA: -Cómo hace el Estado para controlarlo: había sectores de las universidades más conservadoras de darle mayor injerencia al Banco Central, de no permitir tanta libertad a los operadores y que esté más regulado. Otro sector, de corte más liberal, pugnó por el incentivo a la actividad. Después, quedaron temas en el tintero que se trataron en la sesión, con mociones para modificar el proyecto. Pero es en la comisión donde se cocina el proyecto. En el recinto, si quedó algo, se puede pedir una moción y tenés que lograr que te la voten. En cambio, en la comisión, es un poco más laxo para permitir la negociación.

T: -¿Cómo viste esas negociaciones?

CGA: -No es una mala palabra la negociación; la rosca, como se le dice. A veces, se asocia con algo ilícito o espurio y no tiene que ser así. El Congreso es una casa política donde se negocia todo el tiempo. Hay pocos lugares del Estado donde diferentes partidos y diferentes sectores se sientan a hablar; sobre todo, con la lógica polarizada argentina. Negociar es dar, ceder, recibir. El Congreso es el lugar de la política donde los distintos espacios se sientan a negociar.

T: -¿La experiencia superó tus expectativas?

CGA: -Definitivamente. Confirmó mi deseo de dedicarme a la política legislativa. Terminar la carrera y concretar un camino. Venía haciendo cursos en el Congreso, en la Legislatura porteña y esto confirmó mi deseo de convertirlo en mi camino profesional. Combina la solemnidad de la institucionalidad, con un detrás de escena de lo que es la praxis política, que no son contradictorias sino complementarias. Me dio el gustito y el placer de participar. Sentarme y hacer mi intervención desde una banca, cuando hacía dos minutos habíamos cerrado un acuerdo para que se incluya un artículo. Esas dos caras, entre la institucionalidad solemne y la negociación en el bar, me parece que es lo que más me gusta.

T: -Te gustó la rosca, digamos.

CGA: -Me encantó. Es lo mío (risas).

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(Foto: Diego Martinez)


Militancia y feminismo

T: -¿Militás en algún espacio?

CGA: -No estoy militando en una organización, pero sí participo desde un rol técnico del amplio espectro de la Juventud Peronista de la Ciudad de Buenos Aires. Es un lugar donde me siento cómoda. Me parece que es un desafío “volver mejores”. Es un eslogan, pero lo creo de verdad. Tecnificarnos, profesionalizarnos, aumentar la responsabilidad política. Es valorable, en un contexto en el cual el mundo no tira hacia los progresismos, tener una nueva oportunidad. Por eso, tiene que encontrar al peronismo mucho más profesionalizado. Desde la juventud, es muy importante que aportemos a ese proceso.

Carolina está de novia con Renata, quien estudia Agroalimentos en la UBA y hace stand up. “Ella es muy de las Ciencias Exactas y yo de las Sociales”, contó y agregó: “Investiga sobre entomofagia; comer bichos”. Con el pañuelo verde como bandera, opinó sobre la importancia de la presencia femenina en el Congreso.

T: -¿Qué impacto tiene el feminismo en el Congreso?

CGA: -Vamos a tener un Congreso paritario. Se habla mucho sobre si esto hace o no que aumente la agenda de género. La presencia de mujeres en ámbitos de poder contribuye a un cambio cultural. Un gran indicativo de esto son las comisiones. Las mujeres presiden comisiones relacionadas a la vida y al cuidado. También es un resabio patriarcal que haya una comisión que se llame Mujeres, familia, niñez y adolescencia, todo junto. Y los hombres presiden comisiones relacionadas al presupuesto, trabajo, industria, energía. Uno de los grandes desafíos de la nueva etapa parlamentaria es que haya mujeres en espacios de poder, dentro del Congreso. Pasa algo similar en el Poder Judicial, donde hay más mujeres que hombres, pero en las jerarquías son solo hombres. Cuando no hay igualdad de oportunidades, no hay meritocracia.

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(Foto: Diego Martinez)


Criptomonedas

Las criptomonedas surgen en contexto de la crisis de 2008, del salvataje a los bancos. El Bitcoin surge a partir de un paper, de 2009, de Satoshi Nakamoto. Al día de hoy, no se sabe a ciencia cierta si es una persona, un grupo de personas, un seudónimo, etc. El paper contenía las instrucciones técnicas sobre cómo va a funcionar, surgir y cómo controlar esta nueva moneda virtual. “Podemos entender que es una unidad de reserva de valor como de intercambio, descentralizados. No tiene un anclaje en ningún Banco Central de ningún país. Son algoritmos que funcionan en un blockchain, igual que Torrent. Hay un tope, al que todavía no se llegó. Es como un crecimiento asintótico; difícilmente se llegue al tope”, resumió y detalló: “Se utiliza la palabra ‘minar’ para crear Bitcoin. Minar oro requería energía y tiempo; quien crea estos algoritmos necesita tiempo y muchísima energía. Lugares óptimos son, por ejemplo, el Sur porque hace frío y la energía está subvencionada; las computadoras necesarias para generar esos algoritmos emiten muchísimo calor. Quien los crea los vende. El precio es lo más liberal que te imagines: es algo que se mide por oferta y demanda y su precio se va a medir por eso. Hoy, un Bitcoin está 8 mil dólares”.

T: -¿En qué situación se encuentran en este momento, a nivel internacional, en general?

CGA: -Hay Estados que son reacios a dejar que se meta en el mercado nacional: China, Rusia, México. Es una moneda del futuro, en tanto los Estados legislen, regulen, etc. Mientras los Estados sean reacios, no veo cómo podría llegar a su masificación.

T: -¿Y cuál es tu posición sobre las criptomonedas?

CGA: -El Estado debe ser consciente de lo que sucede en su territorio y, si existe, no puede negarse. Todo lo que existe, si puede ser regulado, mejor porque evita la clandestinidad y porque da un marco legal a quien quiera hacer uso para hacerlo de manera segura y protegida. Por ejemplo, las criptomonedas se guardan en una billetera virtual (wallet) y hay que legislar para que el usuario no ponga la tarjeta de crédito, vea la wallet y esté en cero. Los Estados no van a poder injerir sobre las transacciones ni sobre el precio, pero sí pueden proteger al consumidor y controlar que las transacciones no se utilicen para financiar el narcotráfico, crímenes transnacionales, etc.

T: -¿No es un poco raro legislar hoy sobre esos temas cuando hay cuestiones mucho más imperiosas, básicas, que están desatendidas?

CGA: -Suena distópico, claro. Hay otras prioridades. El Arsat no se lanzó en 2003, sino en el segundo mandato de Cristina. Pero hoy, la innovación tecnológica también te da soberanía. Es algo que no hay que dejar pasar. Una ley muy importante que perdió estado parlamentario fue la del senador Omar Perotti (hoy, gobernador de Santa Fe), la cual obligaba al Estado nacional destinar el 3% del presupuesto a Ciencia y Tecnología. Eso es mirar a largo plazo. Entiendo que suena raro porque hay prioridades insoslayables, pero una sociedad que mira a largo plazo no puede permitir un éxodo de científicos que acá son descuidados y no valorados. El Estado se tiene que ocupar de que haya producción y reproducción de ciencia como política al margen de la coyuntura.

La carrera de Ciencia Política de la UBA hizo la convocatoria para “Cambio de roles” de manera online. Los interesados debían contar por escrito por qué querían participar. “Escribí sobre por qué alguien joven querría participar de un espacio tan mal visto por la opinión pública. El Congreso es el garante institucional; algunos teóricos dicen que no hay una válvula de seguridad ante las crisis y el yo creo que el Congreso cumplió ese rol en 2001, cubriendo la acefalia del Ejecutivo, en defensa al presidencialismo. Es también el espacio de transformación. La ley te permite transformar la realidad; primero, fue la Ley de Divorcio y después, la gente dejó de tener prejuicios. En estas tres funciones, me basé y me eligieron”, contó Glasserman.

T: -¿Cómo ves al Congreso hoy?

CGA: -Parado. No es culpa de este gobierno, sino que sucede en los años electorales. Es algo a rever. Es algo que se puede modificar con una modificación en el reglamento de las cámaras. No puede ser que cada dos años esté frenado el Congreso. Hoy hay una obligación, pero no se cumple y no está bueno.

LA FICHA

Carolina Glasserman Apicella, 21 años. Diplomada en Estudios Políticos Franceses y Europeos (Sciences-Po Lyon). Diplomanda en Gestión Legislativa (ICAP/HCDN). A los 16 años, fue becaria AFS-GCBA, en Suiza (2014). A los 17, becaria Mejores Promedios GCBA (2015). A los 18 y 19 años, becaria Alianza Francesa de Buenos Aires (2016-2017). A los 20, becaria UBAINT, en Francia (2018). A los 21, becaria FURP País Federal (2019). Se especializa en temas de política legislativa y perspectiva de género. En este sentido realizó diferentes cursos en el ICAP y en la legislatura porteña, así como participó de los programas Cambio de Roles y Datatón Legislativa, ambos en la Honorable Cámara de Diputados de la Nación.

La intervención de Carolina en el Congreso: