Sergio Massa acumula 18 días en la conducción del Ministerio de Economía. En realidad, son algunos más porque si bien formalmente no había sido designado, sus gestiones con miembros del Frente de Todos y empresarios, para armar una red de soporte político, comenzaron 15 días antes, por lo menos. Massa mismo lo puso en claro cuando en la conferencia de prensa del 3 de agosto en el Palacio de Hacienda aclaró que algunas de las iniciativas que presentó ese día las venía discutiendo desde antes de su juramento.
Han sido días de vértigo, con largas jornadas en las que las agendas mostraban llenos todos sus casilleros y, al estilo de los mejores consultorios médicos, con sobreturnos de atención que no siempre se cumplieron. La prolijidad no ha sido el bien más resguardado en pos de concretar el objetivo central de esta etapa de su gestión: estabilizar el precio del dólar.
En el Palacio de Hacienda saben que sin esa condición se producirá una secuencia fuera de control: las reservas caerán más, la presión devaluatoria será imposible de contener y la inflación se disparará. En cambio, con un control sobre el dólar, en Economía piensan que el proceso devaluatorio se puede manejar corriendo menos riesgos.
Controlar el precio del dólar implica una cantidad de acciones simultáneas, desde acumular reservas hasta convencer al mercado financiero de que, por el momento, el gobierno no impulsará al dólar con un «salto discreto» (como se conoce en la jerga financiera a una devaluación importante), pasando por la aplicación de medidas muy cercanas a la ortodoxia económica, como el ajuste del gasto público (congelamiento de puestos de trabajo y quita de subsidios a los usuarios de servicios públicos), la suba de la tasa de interés y el corte del financiamiento del Tesoro con emisión del Banco Central. Y todo ello bajo el paraguas político de un acuerdo al interior del Frente de Todos, incluida Cristina Fernández.
Todo problema es político
«El primer diagnóstico que hay que hacer de estos casi 20 días de Massa en Economía es el político», dice Nicolás Pertierra, economista del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (Ceso). «Se necesitaba una reconfiguración entre la gestión económica y el equilibrio político. Esa relación de ida y vuelta no estaba funcionando, por lo que se tenía que dar un nuevo equilibrio político», explica.
Así, el nuevo equilibrio político derivó en una nueva gestión económica, pero ambos están en prueba. «Es una oportunidad, quizá la última, para ver cómo funciona ese nuevo equilibrio. Hasta ahora no hay mucho nuevo, se está testeando si funciona o no», observa. Para Pertierra, lo central de la nueva situación es que hay más coherencia interna en la gestión económica. «Martín Guzmán estaba desanclado del sistema político; eso no tenía ningún sentido», señala. Agrega que las contradicciones eran evidentes: Guzmán quería materializar el acuerdo con el Fondo Monetario con una reducción del déficit a partir de una reducción del gasto, pero el gasto crecía por encima de la recaudación. «Eso acumuló tensión financiera y cambiaria, que es lo primero que Massa tiene que resolver», apunta.
Juan Pablo Costa, economista del Centro de Economía Política Argentina (Cepa), coincide: «La primera tarea de Massa es frenar la corrida contra el peso que detonó la salida de Guzmán de Economía y que no cesó con Silvina Batakis», dice.
Costa observa que algo se avanzó en ese sentido y remarca la caída del valor de los dólares financieros (el MEP y el contado con liquidación o CCL). El CCL, que permite depositar dólares constantes y sonantes en una cuenta en el exterior, pasó de un máximo de $ 339 el 27 de julio a los actuales $ 300, aunque en el inicio de la semana llegó a estar en $ 278. El salto de los últimos días muestra la volatilidad de esa nueva estabilidad.
Otro indicador de la inestabilidad lo da la cotización del dólar futuro. Los especuladores esperan un valor de $ 189,99 para fin de año, lo que implica una devaluación del 40% respecto de los $ 136,17 (dólar mayorista) del viernes.
Tanto Pertierra como Costa destacan también la recomposición de reservas del Banco Central. «Es algo medianamente positivo que se empieza a ver en los últimos tiempos», asegura Pertierra. En ello influye la caída de las importaciones de energía que, según estimaciones del Banco Central, alcanzarán los U$S 1800 millones en agosto, U$S 600 millones menos que en julio. Miguel Pesce, titular de la entidad, cree que en septiembre bajarán a U$S 900 millones.
Costa apunta que «en los últimos días, el Banco Central logró detener la sangría de reservas, que estaban en los U$S 150 millones por día». El Banco Central, asegura, retomó la posición compradora en el mercado. «No está acumulando reservas en cantidad, pero sí hay que notar que se cortó la dinámica hacia la baja», agrega.
En la última semana y media, el BCRA acumuló compras por casi U$S 150 millones, prácticamente lo mismo que perdió entre el lunes 8 y el martes 9. Pero todavía está lejos de una recomposición plena. En el arranque de julio el Banco Central tenía U$S 42.787 millones (sin contar los DEG del Fondo Monetario). El mes pasado se cerró con U$S 38.232 millones. La caída siguió en agosto y al martes 16 (último dato disponible) sumaban U$S 36.867 millones, unos U$S 1400 millones menos.
Además del control de la caída de las importaciones de energía, Massa apuesta a un paquete de iniciativas que podrían acercarle dólares en términos relativamente veloces. En esa lista se encuentran la propuesta de mejorar el dólar soja para que los productores vendan sus porotos de soja; la suma de créditos internacionales, como el que se dio a conocer el viernes proveniente de la CAF; y el acuerdo con los exportadores para que ingresen a la Argentina las prefinanciaciones que logran en el mercado financiero internacional. A más largo plazo, varios meses, se encuentra la posibilidad de que la industria petrolera exporte más a partir de los incentivos que le otorgó el gobierno días atrás. También que se logre firmar un acuerdo con bancos internacionales para que otorguen un préstamo garantizado de corto plazo. Y con resultados más lejanos aún, estarían los resultados que se logren tanto con la sanción de la ley de fomento de la agroindustria como con la de minería y la economía del conocimiento.

Expectativas incumplidas
Víctor Beker, del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano, considera que el nombramiento de Massa «permitió, de alguna manera, obturar la crisis política que era el trasfondo de la crisis económica que venía desarrollándose ya desde fines de la gestión del ex ministro Martín Guzmán».
Pero Beker advierte que «las expectativas que esta designación despertó todavía no se han cumplido plenamente». En ello pesa el hecho de que «sigue faltando el anuncio de un plan integral que permita vislumbrar una posibilidad de bajar drásticamente la inflación, que es, a mi juicio, el problema principal que hoy tiene la gestión económica con un aumento de precios que amenaza con rozar el cien por ciento interanual».
«Creo que hay una desproporción entre las expectativas que despertó la designación de un ministro que se supone que tiene un importante volumen político y la concreción en materia de medidas que, por ahora, no son de demasiada trascendencia como esperaban quienes, de alguna manera, pensaron que esta designación iba a imponer un cambio de rumbo importante en la gestión económica», concluye Beker.
Claudio Caprarulo, director de Analytica, considera que «todas las medidas que tiendan a buscar un mayor nivel de exportaciones y, en consecuencia, una mejora en la acumulación de reservas del Banco Central, son positivas. Ahora bien, son medidas que no son automáticas y que hasta por unas cuestiones de implementación de los bancos, etcétera, demoran su tiempo y el gobierno está corriendo contra el tiempo».
En diálogo con la agencia Télam agregó que la posibilidad de que haya un salto en el tipo de cambio hace que «esas medidas difícilmente alcancen un volumen suficiente para revertir las expectativas» de devaluación.
Caprarulo rescata las medidas que viene tomando Massa :»Me parece que son correctas y que pueden ayudar en el corto plazo a contener la crisis cambiaria que está teniendo en este momento», observa.

Viaje y después
Massa viajará a Estados Unidos a principios de septiembre. Visitará Nueva York, Washington y Houston. Contactará a empresarios, administradores de fondos de inversión, representantes de bancos, funcionarios del gobierno de Estados Unidos y del Fondo Monetario, del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo y empresarios del petróleo, el gas y la minería.
En la agenda ya tiene marcada una reunión con Juan González, asesor de Joe Biden para América Latina en el Consejo de Seguridad Nacional. También con David Lipton, mano derecha de la secretaria del Tesoro, Yanet Yellen. Batakis estuvo con Lipton en su viaje de fines de julio. Ahora se volverán a encontrar ya que la exministra acompañará a Massa.
El 6 de septiembre será la reunión con la titular del Fondo Monetario, Kristalina Georgieva. Uno de lo objetivos del encuentro será darle formalidad a la segunda revisión del acuerdo, que el gobierno descuenta que podrá superar, y negociar los términos de la tercera revisión, correspondiente al trimestre en curso y que viene comprometida con la meta trimestral del nivel de reservas.
El viaje será central para mostrar el real alcance de las expectativas generadas por Massa. La medida será la cantidad de dólares que traiga en sus valijas. «

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Las claves de 18 días

Massa tiene como primer objetivo calmar el dólar, algo que implica varias acciones en simultáneo, muchas de ellas con fuerte impronta ortodoxa.

Expectativas: uno de los primeros objetivos del nuevo ministro ha sido conquistar las mentes y los corazones de los factores de poder. Para ello cerró el grifo del financiamiento del Tesoro con emisión del Banco Central, subió la tasa de interés y congeló cargos en la administración pública.

Dólar: el otro objetivo es tranquilizar la cotización del dólar. El valor del dólar futuro indica que aún no convenció a los especuladores.

Soja: El gobierno cambiará el mecanismo financiero para que los productores de soja se hagan de dólares baratos, en reemplazo de lo que ya pautó el Banco Central.

Créditos: Massa aspira a lograr más créditos de organismos multilaterales. Cerró esta semana más de U$S 670 millones de la CAF. Pedirá nuevos préstamos al BID y al Banco Mundial.

Blanqueo: Mañana saldrá el decreto que da un año de plazo para blanquear fondos destinados a la inversión de nuevos desarrollos inmobiliarios.

Petróleo y gas: Además del tarifazo, que alivia al gobierno con los subsidios, Massa impulsó nuevos estímulos tributarios al sector petrolero para que exporte más.