Para hacer un ensayo hay que despegarse del gusto propio y mirar toda la foto de la época en la que se desarrolló el grupo de acontecimientos que son objeto de estudio. En este caso, la aparición de una banda como 2 Minutos en el inicio de la larga agonía que significó el modelo neoliberal menemista. Así lo piensa el editor y periodista Walter Lezcano, autor del libro Un regalo del diablo, donde entremezcla  a modo de análisis sociológico, varias historias musicales, políticas y económica que retratan la recta final del siglo XX y cómo   allí, en los suburbios, nació una nueva sensibilidad rockera.

Lezcano recordó como 2 Minutos y su estilo pateó el tablero del mainstream criollo y, acaso por primera vez, hizo que la cultura  rocker local pusiera el foco más allá de los límites de la Capital Federal. La piedra  fundamental  de aquel subgénero  que se llevó el  rotulo  de rock barrial –que dominó la escena durante la segunda mitad de los años noventa–fue sin dudas un álbum de punk-rock de un grupo debutante que bautizó su ópera prima con el nombre del barrio que los vio crecer. No podía ser de otro modo. Valentín Alsina fue el disco que abrió puertas y funciona como documento de una época.

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“Me pasó que noté que 2 Minutos no era una banda que estuviese en los radares de la literatura rockera porque quizás en su momento fue mirada de costado por cierto sector de la crítica. 2 Minutos contó como nadie el impacto del neoliberalismo en el conurbano y Valentín Alsina, su primer disco, resultó una pieza de gran audacia y originalidad. Por eso me pareció interesante indagar sobre ese rol que ocuparon y como llegaron a crear ese retrato”, dice el autor. Lezcano es docente de Literatura y  autor de más de dos docenas de libros como Los Wachos, Fractura expuesta, Luces calientes (sobre Sumo) y Días distintos. La fabulosa trilogía de fin de siglo de Andrés Calamaro.

“2 Minutos tomó la decisión estética de no rendirle tributo a cierto linaje que parecía existir en la composición de lo que era el género. No les importaba acercarse a Spinetta, Charly o Fito. Esa santísima trinidad no era su camino, sino que armaron lo propio. Usaron palabras para contar su realidad y representar lo que vivían. Buchón, arrebato, barricada y todo un campo léxico que estaba por debajo de lo que nos era habitual. Eso fue revolucionario, pero no nos dimos cuenta”, señala Lezcano, que agrega que no quería hacer una biografía, ya que entendía que representaba todo un fenómeno cultural que había que abordar.

“Quedó un libro que no se puede definir claramente. Es medio un Frankenstein, una foto de una época pero de distintos lugares usando las palabras del Mosca como guía. Esta la historia de la banda hasta que llegan a su primer disco, pero también  hice una especia de estudio cultural de cómo el Conurbano fue visto desde la literatura gauchesca hasta acá, siempre desde un foco centralista.  Siempre es un letrado que intenta explicar cómo son los márgenes, y ese disco de 2 Minutos  cambio eso influyendo otras artes”, explica Lezcano.

En el libro aparecen testimonios de Mariana Enríquez y Juan Diego Cardona, quienes suman miradas al fenómeno de Mosca y compañía. “El libro trata de contar el guiso muy espeso que se empezó a forjar con Valentín Alsina. Fue un  proceso complejo de ver, pero con el tiempo comprendimos porqué triunfo su propuesta estética”, destaca el autor.

Actualmente Lezcano está por publicar una novela donde cuenta el anarquismo en la Argentina desde la poesía. Se llama “Nunca seré policía” y tiene cierta rabia punk. Además, trabaja en un documental y forma parte del proyecto de cine independiente llamado Cine guerrilla. “Me gusta escribir y hacer cosas para los que piensan hacer mierda las desigualdades y la idea que el éxito es acumular cosas. Hay quienes toman eso como razón de vida y ellos serán los que me lean. Lezcano considera que el libro de 2 Minutos  tiene actualidad porque “es una historia que tiene también ese elemento  extra de hablar de una  banda excesivamente under que logró ser un suceso y llegó a tocar en Nueva York, la meca ramonera, por nombrar algo. Pero siendo auténticos. Y giraron en todo Latinoamérica, hablando de lo que veían  acá pero que eran escenas que se repetía en todos los países del continente. Captaron lo que pasaba  en la globalización opresora que avanzaba en la  región.  La economía de la época era dominada por el avance de distintas facetas crueles del neoliberalismo  y en los ’90 fagocitó las esperanzas de movilidad social de una capa enorme de las sociedades de todos los países donde ellos cantaban, así que si ellos hablaban del escenario fantasmagórico de una fábrica abandonada, se identificaban. La desazón y la rabia contra esa fiestita de pocos estaban ahí en esos temas. Por eso dejaron marcas y por eso esta bueno recordarlo”, concluye.


Un Regalo del diablo, de Walter Lezcano. 186 páginas. Editorial Vademecun.