El último Boletín Epidemiológico Nacional del año que se fue, publicado esta semana, mostró en su portada la imagen de un folleto con el lema el suicidio se puede prevenir”. La elección del foco no es casual. La emergencia de salud mental que vive la Argentina (mayoritariamente desoída) se traduce en números que alarman: hasta el 31 de octubre de 2025 se habían registrado 11.799 intentos de suicidio. Es decir, más de 33 personas por día trataron de quitarse la vida en el país durante el último año. Un dato desolador y que no contempla todos los episodios que no llegan al sistema de registro oficial. Los casos, se sabe, son aún muchos más.

De acuerdo a ese Boletín, emitido por el Ministerio de Salud, hubo hasta esa fecha 724 muertes por suicidio. Se trata de los casos notificados por efectores del Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud (SNVS). Sin embargo, el informe del Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC) del Ministerio de Seguridad, publicado recientemente, indicó que en 2024 hubo 4249 suicidios en el país. Ese documento refleja que “debido al persistente aumento en los casos durante los últimos cuatro años, desde 2023 es la principal causa de muerte violenta en el país, representando el 41,7% de los casos en 2024”.

“La problemática del suicidio es una prioridad en todo el mundo, tanto es así que coordinados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) la mayoría de los países están incrementando sus presupuestos en la implementación políticas específicas en prevención del suicidio. Lamentablemente, a pesar de que nuestro país tiene una ley nacional de prevención del suicidio, no conocemos cuál es el presupuesto utilizado y cuáles son los recursos que está poniendo en práctica la Dirección Nacional de Salud Mental que depende del Ministerio de Salud de la Nación”, plantea Alberto Trímboli, referente de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM). Y agrega: “La Ley Nacional de Salud Mental establece que el Ministerio de Salud debe utilizar el 10% del presupuesto de salud a políticas y programas de salud mental. Parte de ese presupuesto debería destinarse a políticas de prevención del suicidio. Claramente eso hoy no está sucediendo”.

Horas antes del inicio de 2026, de hecho, se conoció un nueva tanda de despidos en el Hospital Nacional Laura Bonaparte, especializado en salud mental y adicciones. La Junta Interna de ATE en ese hospital denunció: “En medio de una crisis en materia de salud mental, el instagramer devenido mágicamente en funcionario público (en referencia a Bruno Panzuto, designado por el gobierno de Javier Milei al frente de esa institución) profundiza el desastre con bajas de psicólogos, enfermeros y médicos psiquiatras”.

“La demanda es cada vez mayor”

El psiquiatra Guillermo Jemar está al frente del Departamento de Urgencias del Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial Borda. Los casos de autolesiones e intentos de suicidio que llegan allí son los que tienen que ver con alguna patología: «Somos un hospital especializado en salud mental y tenemos estrategias en los diferentes niveles para prevenir el suicidio, pero no damos abasto porque la demanda es cada vez mayor”.

Además de intentos de suicidios, perciben casos crecientes de autolesiones, no incluidas específicamente en las estadísticas. “Un porcentaje importante de personas que se autolesionan piensan en la muerte como camino inmediato, una vez que la autolesión no alcanza”, explica. Ve ese síntoma en edades cada vez más tempranas: “Es preocupante. Hay chicos desde los 11 años, cuando antes el promedio era 14-16”.

Si bien es multicausal, el intento de suicidio tiene que ver con “la falta de asunción de perspectiva del sujeto: cree que como se siente ahora de mal se va a sentir así toda la vida. No es lo mismo que querer matarse. Es no querer vivir como ahora”, aclara. Los factores detrás incluyen “frustraciones, falta de expectativa, situación socioeconómica. Hay cada vez más casos incididos por el contexto: el individualismo y la competitividad, el estar aislados, tener temores para insertarse generan niveles de frustración constante”, describe el especialista.

Entre el 1 de abril de 2023 y el 31 de octubre de 2025, según datos del Ministerio de Salud, se notificaron 22.249 eventos al SNVS. El 95% (20.928) fueron intentos de suicidio sin resultado mortal y el 5% (1218) se consumaron.

“Una época de extremo riesgo”

En los últimos días de 2025 el tema estuvo en el centro de la escena a partir de una seguidilla de suicidios de jóvenes soldados: cuatro en menos de una semana. En dos de los casos se apuntó a la situación económica entre los motivos de angustia, aunque los factores detrás de cada caso son múltiples. 

“La persona se suicida no porque quiera morir, sino porque está viviendo una situación de sufrimiento, de angustia, de desesperación tal que siente que no tiene arreglo, que no tiene solución y que la única manera de escapar de ese sufrimiento es escapar de la vida”, explicó  este diario, a partir de esos casos, el médico Héctor Basile, presidente honorario del Capítulo de Suicidología de la Asociación de Psiquiatras de Argentina (APSA).

Más allá de las noticias locales recientes, el tema es materia de preocupación en todo el mundo. Según la OMS, alrededor de 800.000 personas mueren por suicidio cada año, y constituye la principal causa de fallecimiento entre jóvenes de 15 a 29 años.

“El suicidio, como los demás problemas de salud mental, está relacionado con los factores determinantes sociales de la salud. Es decir, con las condiciones en las que las personas nacen, crecen, estudian, trabajan y construyen vínculos. Entre los factores más relevantes, y que hoy en nuestro país se encuentran en niveles alarmantes, se destacan desempleo, pobreza, precarización laboral, endeudamiento, inseguridad económica y pérdida de proyectos de vida que aumentan el sufrimiento psíquico y la sensación de desesperanza”, enumera Trímboli.

El especialista concluye: “Si tenemos en cuenta que estamos viviendo la peor crisis económica y social de la que se tenga memoria, sobre un terreno de vulnerabilidad provocado por la pandemia, sumado a la falta de políticas estatales, estamos transitando una época de extremo riesgo en relación con la problemática del suicidio. Hablar de suicidio implica hablar de derechos, desigualdad, acceso al cuidado y responsabilidad del Estado y la sociedad. El suicidio es prevenible si existen políticas públicas sólidas, servicios accesibles, abordajes comunitarios, acompañamiento familiar, cobertura responsable de los medios y una comunidad que no abandone a quienes están sufriendo”.

DÓNDE PEDIR AYUDA

Centro de Atención al Suicida (CAS): la Línea 135 es gratuita desde CABA y Gran Buenos Aires. Desde el resto del país: (011) 5275-1135 y 0800 345 1435. Salud Mental Responde: depende del Gobierno de la Ciudad. Todos los días, las 24 horas: 0800-333-1665. Red de Atención en salud mental de la Provincia de Buenos Aires: 0800-222-5462. Hospital Nacional Laura Bonaparte: en Combate de los Pozos 2133, CABA, con servicio de demanda espontánea. Atención telefónica todos los días: 0800-999-0091.

Una nena y datos que estremecen

Un informe del Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral publicado en septiembre reveló que, por primera vez en la historia sanitaria argentina, el suicidio fue la principal causa de muerte entre niñas y mujeres de diez a 19 años. El relevamiento se realizó con datos oficiales publicados hasta 2023 y mostró que ese año hubo en esa franja 148 casos, superando las muertes por tumores (119) y accidentes (103).
Fue también en septiembre cuando un episodio causó conmoción en Tucumán: el intento de suicidio de una niña de nueve años, según su familia a causa del hostigamiento escolar que sufría. “No queremos poner a mi nieta en boca de todos, queremos que la gente se concientice de que el bullying existe. Los chicos y los grandes tienen que entender que las palabras pesan, que destruyen”, dijo a la prensa local la abuela de la nena.
Según datos del Ministerio de Salud de Tucumán publicados por La Gaceta, en 2025 aumentaron un 50% los pedidos de ayuda en la línea 135 de esa provincia. El incremento se percibe desde que el dispositivo comenzó a funcionar, en 2021, tras la pandemia: en 2022 había entre 100 y 160 llamadas mensuales, mientras que en 2024 ya eran entre 600 y 700. En 2025, el promedio fue de más de 30 por día.

El grupo etario «más crítico» y los modelos

“A menudo se cree que solo los adultos presentan conductas suicidas, pero es necesario visibilizar que muchos niños, niñas y adolescentes también las desarrollan como consecuencia de la violencia, los abusos sexuales o el bullying”, señala Alberto Trímboli, de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM).
En octubre, un informe del Ministerio Público Tutelar de la Ciudad de Buenos Aires reflejó que hay más de una internación diaria de niñas, niños y adolescentes por riesgo suicida. El 55% de los casos tiene menos de 15 años. La situación se repite en otros puntos del mapa: días atrás el director del Observatorio de Salud Mental y Adicciones de la Universidad Nacional de Rosario, Ignacio Sáenz, dijo a La Capital que se registra “un incremento sostenido” de consultas por crisis subjetivas, intentos de suicidio, consumos problemáticos e internaciones por estas causas entre adolescentes y jóvenes, el grupo etario “más crítico” en términos de sufrimiento psíquico y demanda asistencial.
El rol de las pantallas pesa con fuerza en ese grupo. “Lo que preocupa son los modelos: ¿de dónde saca un chico la idea de cortarse? Hoy tienen acceso en un teléfono a un montón de información que antes no tenían. Hay un submundo ahí y somos generacionalmente ajenos a eso”, alerta Guillermo Jemar, psiquiatra del Borda. “Ahí hay un bache en la salud mental y la familia muchas veces no tiene herramientas para detectarlo. Se le da un celular a un menor sin tener conciencia de lo que puede contener. Cuando se les plantea responden que trabajan 14 horas y necesitan tener al chico en casa entretenido”. Una demoledora postal de época.