El presidente de la Nación, Javier Milei, en su saludo por Las Fiestas, en vez de traer sosiego y esperanza dijo para los tiempos: “Abróchense los cinturones”, como una advertencia a la población. Aprobado el Presupuesto, se encamina a avanzar con “reformas estructurales”: la laboral, jubilatoria e impositiva, desde sus convicciones thatcherianas y asumiendo la exigencia de las organizaciones empresarias locales y norteamericanas, con la AMCHAM como ariete político. La situación dista de ser exitosa como manifiestan el gobierno y los medios hegemónicos. Los pilares de su gestión, la baja del déficit y de la inflación, fueron conseguidos a costa de la mutilación de la industria y el nivel de vida de las mayorías. Este escenario vaticina un 2026 de penurias para los sectores humildes y las clases medias.
Nos gasta con el gasto
En el saludo “festivo” de fin de año, Milei afirmó “Nosotros bajamos el déficit consolidado de 15 puntos del PBI, a cero. Es el proceso de estabilización más exitoso en la historia y vamos a seguir por el mismo camino, bajando el gasto y bajando impuestos”. Sin embargo, ese superávit fiscal no es verdadero, en diversos sentidos. Los 15 puntos de déficit no son déficit del Tesoro, es decir, del Estado Nacional. Le corresponden solo 4,6 puntos del PBI, los otros 10 puntos son del Banco Central. El presidente los junta deliberadamente, cuando se trata de elementos muy distintos. Además, el déficit del Estado Nacional está maquillado con un artilugio contable ya muy burdo: no registran como gasto los intereses del financiamiento que se ven obligados a tomar. Si se computaran esas cifras, lo cual es obligatorio, el tan aclamado superávit, mutaría a déficit.
El presidente proclama como un triunfo la baja del gasto, a costa de no tener rutas transitables, pagar cada vez menos a los jubilados, bajar los salarios de trabajadores públicos, y seguir recortando el presupuesto a universidades y hospitales.
Finalmente, una fuente importante de la baja del gasto fue la quita de subsidios en los servicios públicos. Ese déficit que el Estado deja de tener, se transfiere a las familias y al sistema productivo, quienes ahora deben afrontar ese gasto agregado en las tarifas.
Según el CEPA, el recorte del gasto público nacional acumulado del año fue de 28,3%.
En cuanto a noviembre, se generaron bajas severas en prestaciones sociales, como Asignaciones familiares, que cayó 17,5%, y sobre todo en prestaciones del PAMI, las cuales se redujeron dramáticamente casi a la mitad, un 44,6%. Por su parte, los subsidios destinados a transporte disminuyeron 47,8%, debido en gran medida a la quita de subsidios en la SUBE en el AMBA. Para los usuarios, viajar al trabajo o a estudiar, se transformó en un despojo a sus ingresos.
El freno de las obras del Estado es otro sello de este gobierno. El gasto de capital y obra pública fue un 84,6%, menor que al de igual mes de 2023. La traducción de estos números es patética: rutas que se deterioran peligrosamente, sin inversión en sistemas cloacales, ni de líneas de gas y agua, reparación de escuelas y universidades, etcétera.
Inflación de la mentira
Se supone que el sacrificio cargado sobre las espaldas del pueblo fue para controlar la inflación. Veamos: en el primer año de Milei fue el propio gobierno quien la impulsó cuando devaluó un 118%, para luego exhibir un aparente descenso mes a mes. Incluso hoy en día se registra una inflación anual superior a la que dejó Cristina F. de Kirchner. Según la medición del Gobierno de la Ciudad, la inflación anual en diciembre de 2015 fue 23,9%; a Milei la acumulada anual a noviembre le dio 27,9%, y aún falta el dato de diciembre. Las verdades de Milei no son otra cosa que sofismas engañosos.
A mediados de 2025 la inflación mensual medida por el IPC del INDEC comenzó a mostrar un crecimiento ininterrumpido, y todo indica que la inflación en 2026 seguirá subiendo. Para ello no hace falta analizar encuestas de consultoras, sino ver la marcada preferencia de los agentes económicos por los títulos CER, es decir, aquellos que contemplan la inflación esperada. El mercado descuenta que la nueva pauta cambiaria que actualiza las bandas del tipo de cambio incorporando la inflación pasada, y el relajamiento de la emisión para comprar reservas, a través de una “monetización sana de la economía”, se trata en realidad de una claudicación de sus esquemas previos, ante la exigencia del FMI, que derivarán en una mayor inflación.
Más allá de estas especulaciones del mercado, existe otra realidad latente: la sensación de la calle, de que el incremento de los precios no se refleja en el IPC del INDEC. En el último año la carne subió 72,8%, el doble que el IPC en su Nivel general, que fue apenas 31,4%. El organismo de estadísticas ha estado recibiendo críticas y cuestionamientos sobre algunas de sus mediciones. En lo referido al IPC, está demorado un elemento clave: la actualización del índice que da más ponderación a los servicios que a los bienes. El propio titular del organismo, Marcos Lavagna, reconoció antes de las elecciones que se iba a posponer el nuevo índice porque daría más alto por los tarifazos y que ello iba a perjudicarlos electoralmente. Un apagón estadístico para ayudar al gobierno.
La inflación lejos de ser “tema terminado”, como afirma el jefe de Gabinete Manuel Adorni, es un karma que carcome los ingresos de la ciudadanía. En octubre, los salarios registrados medidos por el INDEC perdieron contra la inflación mensual, la interanual, y la acumulada de 2025. Eso es ajuste en estado puro. La peor parte la vienen llevando los asalariados del sector público, que están un 14,4% real debajo de lo que cobraban en noviembre de 2023.
Aumento de los aumentos
Este 2026 arranca con aumentos de todo tipo. El primer mes del año el cable, internet y telefonía tendrán un aumento tarifario en torno al 4,5%. Un incremento similar vendrá por el transporte. El boleto de colectivo en la CABA y en la provincia subirá 4,4% en enero. El subte porteño pasará de $1.206 a $1.259. Las empresas de medicina prepaga ya comunicaron a sus afiliados que se vienen incrementos de entre el 2,2% y 2,9% desde enero, que también se aplicarán a los copagos. Los alquileres que aun se rigen por la derogada Ley de Alquileres subirán 36%, y el resto se negocia a la libre.
Resta saber cuánto será el aumento en gas y luz, así como en naftas y combustibles. La Secretaría de Energía tiene pensado aplicar los aumentos pendientes en impuestos al combustible líquido y al dióxido de carbono.
Según un estudio del IIEP, el observatorio de tarifas y subsidios de la UBA y el CONICET, un tercio del superávit del gobierno nacional se debe a la reducción de subsidios a los servicios públicos (en especial en Energía) que beneficiaba a los usuarios residenciales. El informe sostiene que los subsidios actuales son un 77% más bajos que en 2022. Una política cruel que debe asumir la ciudadanía; ahora transformada en clientela de las empresas.
En suma, el gobierno replica las mismas recetas ya fracasadas de los anteriores gobiernos de las derechas neoliberales.
Más allá de los resultados electorales, y los triunfos y derrotas parlamentarias, el modelo sigue dañando la vida de las mayorías sociales y culturales. Seguramente el 2026 será un año de reacciones del pueblo en defensa propia. Las fuerzas políticas deberán estar a la altura de los retos de los tiempos que vienen. Solo así se cimentará una alternativa renovada que dé respuesta a las demandas de las mayorías de nuestro pueblo.