El 20 de junio de 1996, veinte mil personas de Cutral Co y Plaza Huincul, en Neuquén, iniciaron un corte de la ruta de acceso a las ciudades en reclamo de puestos de trabajo. Esta acción, que se extendió durante seis días y seis noches, marcó un momento fundacional del piquete como forma de protesta en la Argentina menemista cuyos efectos perduran hasta hoy.

En una localidad del «interior» profundo, fuertemente golpeada por los despidos masivos tras la privatización de YPF, el cutralcazo puso en primera plana la organización de “trabajadores desocupados”, un fenómeno llamado a perdurar con transformaciones en las décadas siguientes.

La antropóloga Virginia Manzano (ICA-UBA/CONICET) y el cientista político Francisco Longa (UNLa-UNGS/CONICET) reflexionan en diálogo con Tiempo sobre lo que significó esa protesta histórica y los procesos de organización que le siguieron en todo el país. Longa recientemente publicó Historia del movimiento piquetero, editado por Siglo XXI, donde traza un recorrido de las organizaciones de desocupados en la Argentina, de Menem a Milei.

¿Por qué el corte de ruta de Cutral Co en 1996 es visto como el kilómetro cero del movimiento piquetero?

Francisco Longa: –El piquete como método contencioso es un bloqueo, que ya formaba parte de los repertorios de acción de la clase trabajadora. Lo que hilvanó lo que llamamos el “movimiento piquetero” fue la aparición de una nueva metodología y de un nuevo sujeto. Fue una concatenación de dimensiones que se veían novedosas. La estructura de empleo de la Argentina durante el siglo XX, por lo menos en la segunda mitad, mostraba un país que tuvo, por momentos, desocupados y desocupadas, pero no desocupación como problema estructural. En los 90 la desocupación se consolidaba como un problema estructural y, por lo tanto, las estrategias individuales para paliar momentos transitorios se agotaban, eran insuficientes.

No hay que quedarse con una idea mecánica, de que las personas en Cutral Co se quedaron sin trabajo en YPF y al otro día fueron a la ruta a protestar. Primero agotaron otras instancias más de supervivencia individual: seguramente hicieron uso de las indemnizaciones, instalaron emprendimientos que por la estructura de la economía no funcionaron. Agotadas estas instancias, en un momento de frustración en las expectativas de trabajo [NdE. La protesta comienza tras caerse la promesa de instalación de una planta de fertilizantes que había sido anunciada para la localidad], deciden salir a protestar, ya un poco desesperados. Piquetes hay antes, pero Cutral Co se puso en la primera plana porque duró 6 días y porque, en verdad, no era común ver una pueblada en la ruta, con una composición social tan transversal, porque no participaron sólo los desocupados.

Virginia Manzano: -Los piquetes, como un método más histórico de las clases trabajadoras, siempre implicaron un nivel de articulación con otros sectores que no eran estrictamente los trabajadores formales. Eran las comunidades, las familias de los trabajadores, sosteniendo esa medida más amplia. En protestas en otras provincias también venían participando multisectoriales y algunos sectores de la Iglesia Católica. La particularidad de Cutral Co también está en la respuesta del Estado, que por primera vez aparece como el interlocutor central de lo que van a ser los movimientos de desocupados. Ante la demanda de puestos de trabajo, el Estado va a responder con toda una batería de programas de asistencia social, de ocupación transitoria, alimentos. 

Y, por otro lado, allí nace la denominación. La idea de “piquetero” surge en Cutral Co, y se populariza, a partir de una crónica de Gerardo Young, quien cubría el conflicto para el diario Clarín y que se detiene en describir a los sujetos de esa protesta ante la curiosidad que despertaban socialmente. Con el tiempo, será también una categoría de autoidentificación para nombrar a un heterogéneo movimiento social. 

A 30 años del “cutralcazo”, el momento fundacional del movimiento piquetero: "La desocupación pasó a ser un problema estructural"

¿Cómo es entendido, en ese contexto, este nuevo sujeto signado por la desocupación estructural?

FL: -Lo del nuevo sujeto es un debate muy interesante relacionado con las transformaciones del mundo del trabajo. Acá se hacía carne en un caso muy concreto, con una economía que no podía absorber a la gente en los empleos ni públicos ni privados. Entonces estaba, de fondo, la pregunta de qué hacemos con esta gente. Evidentemente el modelo neoliberal de los ’90 tenía muchos costos, pero uno de los más visibles era la desocupación.

Esto se entronca con un proceso de transformación de más largo alcance, que algunos habían caracterizado a la salida de la dictadura como una heterogeneización de la clase trabajadora. Antes de la dictadura, Argentina tenía una base social bastante homogénea y salimos de la dictadura con una clase de trabajadores estallada en un mosaico de miles de fragmentos, de precarizados que viven de planes, indigentes, pobreza extrema y los desocupados, que luego se van a ir transformando en informales de manera más estable. Estaban ahí, pero no sabíamos que habían llegado para quedarse. Cuando uno ve la foto del 96’, no sabía si dos años después toda esa gente iba a ser reabsorbida.

VM: -La demanda de los primeros piquetes, incluso cuatro años después, era por “trabajo genuino”. Lo genuino estaba muy asociado a la historia fabril de las clases populares argentinas. Entonces, se suponía que con una reversión de modelo económico podía darse un proceso de reapertura de fábricas, de incorporación de estas poblaciones. Esta idea se irá diversificando. Por ejemplo, algunas organizaciones van a plantear que, frente a la crisis del empleo, había que imaginar otra forma de sociedad, reconstituir las bases de otro tipo de proyecto de vida, ético y político, centrado en el trabajo autogestivo, sin patrón. Estos planteos eran parte de los MTD (Movimientos de Trabajadores Desocupados) y también de algunas líneas de fábricas recuperadas. No obstante, la demanda más extendida, al menos en un inicio, estaba alentada por la expectativa de volver algo similar al mundo fabril previo.

Ante la situación conflictiva de los distintos cortes de ruta, se va a ir estandarizando la respuesta del Estado. Esa respuesta consiste en entregar una cierta cantidad de “planes”: programas que en la década del 90’ eran financiados por organismos internacionales de crédito, en un modelo enlatado y aplicado en distintas partes del mundo. Se entregaba este dinero –por debajo del salario mínimo– por una cantidad determinada de meses, con la idea de fortalecer habilidades laborales para reintegrarse al mercado de trabajo. Entonces, el Estado responderá de manera ampliada con este tipo de políticas. Había antecedentes de estos planes ante la crisis de hiperinflación de 1989.

A 30 años del “cutralcazo”, el momento fundacional del movimiento piquetero: "La desocupación pasó a ser un problema estructural"
Virginia Manzano.

FL: -Rápidamente también aparece un rostro represivo del Estado, que se constata meses después. En el segundo Cutralcazo, en abril de 1997, cuando es asesinada Teresa Rodríguez y poco tiempo después, con las réplicas en el norte, son asesinados Aníbal Verón en Salta y tres jóvenes en General Mosconi. Es una etapa que culmina con los asesinatos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki en junio de 2002, pero donde el Estado combina represión con concesiones. En esos años las acciones piqueteras también van tomando más forma, se van organizando grupos más estables, algunos con horizontes más politizados y empiezan a sostener acciones contenciosas en el tiempo.

VM: -Y por otro lado van apareciendo construcciones estigmatizantes. Tanto en el pronunciamiento de voceros presidenciales como en algunos registros de prensa, comienzan a instalar ciertas clasificaciones y distinciones de quienes protestaban. Siempre está la idea de que, al lado del que protesta porque está en una situación de desesperación, están participando actores con otras intenciones. Entonces, especialmente cuando empieza la represión en el norte, se adjudicaba la presencia de las FARC, de elementos del Movimiento Zapatista de Liberación Nacional, que estarían provocando “un clima de estallido”. Por la fuerza que va tomando la situación de desocupación, la masividad de las organizaciones, esas clasificaciones van quedando desbordadas.

Mencionaban que las organizaciones piqueteras fueron dando paso a interrogantes sobre las relaciones sociales en un sentido más amplio, no solo en lo relacionado al trabajo, ¿en qué se traducía esto?

FL: -Al ser tan fuerte la connotación del método de protesta en el nombre del movimiento, y sumado a un tratamiento mediático de estigmatización, el resto de las acciones de las organizaciones quedaron un poco eclipsadas. En realidad el piquete era la punta del iceberg, el momento visible de manifestación. Todo el resto del tiempo esas personas se organizaban en el territorio para asistir a la población que estaba desocupada, en un contexto de crisis económica. Esto después se va modificando al calor de las transformaciones en la economía y en la sociedad argentina. Las demandas de un barrio popular no eran las mismas en el 2001 que en el 2012. Por eso también las organizaciones van modificando sus repertorios, sus acciones, pero hay como una especie de de piso común que tiene que ver con la asistencia alimentaria, la asistencia al trabajo y, yo diría también, la cuestión educativa y el cuidado de niños y niñas: las copas de leche, los merenderos, los grupos de apoyo escolar. El caso de los bachilleratos populares de jóvenes y adultos es uno de los ejemplos más claros, porque fueron surgiendo un poco por imitación y ahí las redes de militantes jugaron un rol muy importante en el intercambio de la información, en las coordinaciones políticas.

Hay algunos paralelos que se pueden trazar entre la actualidad y la época de surgimiento del movimiento piquetero. Pienso en la destrucción de empleo, de capacidades estatales, la orientación libremercadista. ¿En qué medida se asemejan o diferencian estos contextos?

FL: –Comparar contextos siempre es difícil, tiendo a pensar que las diferencias son muy grandes. Creo que la similitud más clara es que hay un modelo político y económico que tiene a la desocupación y a la informalidad laboral como un punto central, algo reconocido por el propio gobierno que lo lleva adelante. Sin embargo, hoy en día existen muchos más recursos a mano para tramitar de manera individual la situación de desocupación, y en esto son insoslayables las transformaciones tecnológicas, como el avance de las aplicaciones de viajes y envíos. Eso es una salida laboral a la mano de muchos desocupados que no estaba en el 96’. En la sociología actual hay un gran debate sobre esta cuestión. Pablo Semán y Nicolás Welschinger denominan “mejorismo” a distintas formas de politización de los sectores populares ligadas a tendencias individuales o meritocráticas, como forma de resolver las situaciones o pensar sus propias carreras. Es probable que eso lesione un poco las posibilidades de acción comunitaria que se basan más en otros encuadres, como la ayuda mutua o la cooperación.

A 30 años del “cutralcazo”, el momento fundacional del movimiento piquetero: "La desocupación pasó a ser un problema estructural"
Francisco Longa.

VM: -Si algo aprendimos al estudiar la formación del movimiento de desocupados es a desprendernos de una mirada miserabilista de la protesta, siguiendo para ello las elaboraciones intelectuales de un gran historiador como fue Edward Thompson. Es decir, el piquete no fue una reacción directa al desempleo: para que sucediera se encadenaron estrategias, tradiciones de organización colectiva, percepciones y disposiciones culturales, relaciones comunitarias de proximidad, entre otras. Por eso mismo, trasladar una curva estadística de desempleo, informalidad, pluriempleo o pobreza a la ocurrencia de una protesta suele ser una interpretación muy mecanicista.

Coincido con lo que señalaba Francisco. Mencionaría también la experiencia singular con el dinero. En el caso del 2001, y del 96’, se registraba la interrupción del circulante, la escasez de dinero y la aparición de cuasi monedas. En este tiempo, sobre todo en la última etapa de billeteras virtuales, resulta complejo medir la cantidad de dinero de la que se dispone. Existen nuevas formas de crédito y de endeudamiento que permiten construir ciertos soportes, aunque inestables y muchas veces peligrosos. Es todo un universo que miraría detenidamente, como lo viene haciendo una línea de la sociología argentina.

Por otro lado, la figura de emprendedor según es imaginada por los nuevos proyectos de ultraderecha es un proyecto plagado de tensiones entre los sectores populares. En ciudades populares y autoconstruidas, la infraestructura operativa necesaria para distintos tipos de emprendimiento requiere de la mediación colectiva. Que alguien pueda vivir radicalmente del mercado sin depender de mediaciones colectivas es muy difícil tanto cotidianamente como a un plazo más largo. Lo pensaría más en términos de una tensión al futuro, no como algo resuelto, por supuesto.

¿Qué elementos explican la vitalidad actual de las organizaciones que emergieron del movimiento piquetero, a 30 años del cutralcazo?

FL: –En el libro (Historia del movimiento piquetero, Siglo XXI) abordo cómo se modificó la relación de estos grupos con el sistema político, y señalo que hubo grandes transformaciones y etapas, pero que todas van en una misma dirección: intensificar el vínculo con el sistema político. Si se analiza la forma de interpelación de estos grupos hacia el sistema político, los cambios en el tiempo son notables.

Siempre las organizaciones fueron todoterreno, hicieron de todo, pero se diversificaron muchísimo las arenas en las que intervienen y lo hicieron apelando a herramientas mucho más diversas. Las demandas también se complejizaron, se sofisticaron. Si uno contrasta las demandas de los primeras asambleas nacionales piqueteras con el plan de desarrollo humano integral que elaboraron quienes pertenecen el Movimiento de Trabajadores Excluidos junto con integrantes de SMATA y de gremios ferroviarios, se advierte la construcción de un volumen político mucho más denso que da cuenta de un proceso.

Para algunos puede ser positivo y para otros negativo, pero sin duda expresa un proceso de acumulación de cuadros, de experiencia. Cada vez que una organización ingresó a una oficina del Estado y tuvo cuatro años en la gestión, le pudo haber ido bien, mal, pero incorporó aprendizajes, y eso permite nuevas proyecciones. Este es un factor que les ha permitido mantenerse fuertes durante tanto tiempo.

lucha
Foto: Prensa Obrera

VM: -La vitalidad de las organizaciones a lo largo del tiempo también tuvo que ver con su inserción en las tramas más profundas de la vida cotidiana, con la posibilidad de construir entornos afectivos dentro de los cuales las personas podían sentirse medianamente reconocidas y protegidas. Por supuesto que estas relaciones también se encuentran atravesadas por ciertas contradicciones, por ejemplo la rutinización de formas de protesta que exigen mucho esfuerzo corporal o las dificultades para atravesar experiencias de reconocimiento de referentes que eran al mismo tiempo funcionarios públicos y representantes de movimientos sociales que demandan a ese mismo Estado.

Desde esas mismas experiencias cotidianas y comunitarias las organizaciones protagonizaron desafíos decisivos, fundamentalmente el fortalecimiento de las posiciones de los feminismos populares, no solo como demanda de reconocimiento de derecho, sino como posibilidad de pensar y practicar  modos diferentes de construir las relaciones sociales y poner en discusión la distribución desigual de los cuidados y la extracción de valor del trabajo de las mujeres. También señalaría las prácticas y reflexiones en torno a la economía popular, especialmente durante los últimos quince años, cuando se comienza a poner en discusión, dentro del movimiento social, el límite estructural de la relación salarial para la reproducción social de la vida, una cuestión que no estaba tan clara en la década del 90.

*Esta nota forma parte de un acuerdo entre Tiempo y el Instituto de Ciencias Antropológicas de la UBA.