Un 24 de julio de 1958, el presidente Arturo Frondizi anunció la llamada “batalla del petróleo” que logró en pocos años alcanzar el autoabastecimiento de ese hidrocarburo, pero desató uno de los capítulos más controversiales de nuestra historia, por las críticas que concitó y la ruptura con el peronismo que lo había llevado al poder. El anuncio por cadena nacional, además, contradecía lo que el propio Frondizi había predicado cuando era jefe del bloque de los diputados radicales y oposición del gobierno peronista, con un discurso que lo había llevado a ganar las elecciones. Al respecto, el historiador Felipe Pigna apunta que “Frondizi cambia radicalmente de opinión al asumir, y lleva a cabo unos contratos bastante más avanzados, en el sentido liberal del término, que los hechos por Perón, abriendo la explotación petrolera a muchas compañías extranjeras en el sur”. En contacto con Tiempo Argentino, Pigna observó que esa iniciativa “llevó a un profundísimo debate sobre el petróleo, aunque también se llegó al autoabastecimiento por primera vez en la historia” por lo que consideró que “hubo luces y sombras” aunque “uno de los puntos positivos sin dudas fue haber establecido planes de largo plazo, algo no habitual en el país”.
El giro “ideológico” de Frondizi en poder
Uno de los puntos centrales en la explicación de por qué Frondizi se contradijo a sí mismo, tiene que ver con la situación económica del país que encontró en 1958, mucho peor a la de 1954, luego del interregno militar que sacó del poder a Perón. Al asumir el 1 de mayo del 58, el líder desarrollista encontró una deuda externa de cerca de 1.000 millones de dólares, y un déficit en la balanza de pagos de 300 millones de dólares anuales. Ese déficit tenía que ver con las grandes compras de combustibles al exterior. El país gastaba anualmente poco más de 15 millones de toneladas, pero solo producía 5 millones, por lo tanto tenía que importar unas 10 millones de toneladas para abastecerse, el equivalente a un millón de dólares por día. Ante ese panorama, dándole un carácter crucial, el gobierno anunció «la batalla del petróleo» con el objetivo de lograr en unos años el autoabastecimiento petrolero «sea como sea». Pigna refiere que “Frondizi había elaborado, cuando era opositor a Perón, y jefe del bloque radical en la cámara de diputados, un libro que se llamó “Petróleo y política”, de tono muy progresista, en el que denunciaba a los monopolios petroleros como Rockefeller o Shell, y abogaba en ese momento por el control de YPF en la explotación petrolera”. “Pero a poco de asumir, luego de haber decepcionado a su electorado con la Ley de Educación Superior, que permitía a las universidades privadas otorgar título habilitante -el debate de laica o libre-, lanza la llamada batalla del petróleo, que contraría su libro ‘Petróleo y política’, y les da concesiones bastante leoninas a empresas, especialmente norteamericanas, que incluían el manejo de áreas soberanas para la salida y entrada de aviones”, puntualizó. No obstante, el historiador concluye que “habiendo señalado esto, la experiencia fue exitosa en términos de que la Argentina alcanzó por primera vez en su historia el autoabastecimiento”. Bajo la gestión frondizista, YPF logró primero duplicar su producción, superando los 10 millones de toneladas de petróleo, para llegar a las 15.600.000 toneladas -el autoabastecimiento- tras formalizar contratos con Banca Loeb (en Mendoza), Panamericam (en Comodoro Rivadavia) y Tenneessee (en Tierra del Fuego).

Cuestionamientos de adentro y de afuera
La asociación del Estado nacional con la inversión extranjera le costó a Frondizi el cuestionamiento desde adentro mismo, que culminaría con la salida del vice Alejandro Gómez, y del radicalismo de Illia, quien anunció que anularía los contratos, de llegar al poder. Los sindicatos y los universitarios también se opusieron. En las Fuerzas Armadas prevaleció el apoyo, ya que vinculaban la necesidad de autoabastecimiento a los problemas de defensa nacional. El punto más álgido llegó en septiembre de ese año, cuando los gremios petroleros declararon una huelga general, se decretó el estado de sitio -con la detención de peronistas y comunistas- y se rompió el pacto con Perón. Contra las acusaciones de “entreguismo”, la Casa Rosada sostuvo que los contratos se estructuraron, no como concesiones, sino como “contratos de locación de obra y servicios”, lo que suponía que las empresas extranjeras perforarían y extraerían petróleo “por cuenta y orden de YPF”, es decir, la petrolera estatal conservaba la titularidad jurídica de las áreas y del petróleo extraído, pagando a las empresas una “tarifa fija” por sus servicios.

La anulación de los contratos
La política petrolera fue uno de los elementos centrales que contribuyeron al desgaste de la figura de Frondizi y a su sustitución, en el marco de otra asonada militar, por José María Guido, entonces presidente provisional del Senado, en marzo de 1962. Un año después, Illia llegaría al gobierno y anularía los contratos de la discordia. Como consecuencia, el país perdió el autoabastecimiento y la producción petrolera no sólo se estancó sino que en 1965 fue inferior al año anterior. Ante ello, Illia rectificó la anulación de los contratos y las compañías que ayudaron al autoabastecimiento continuaron en el país, y solamente la Shell y la Esso aceptaron la anulación y recuperaron unos 50 millones de dólares invertidos. Quedó, lacónica, la frase de Frondizi tras dejar el poder: “Me pueden perdonar mil libros como ‘Petróleo y política’, pero nunca me van a perdonar el autoabastecimiento petrolero”.