La historia comenzó antes de la pandemia. Acho Estol buscaba un afinador de pianos y un nombre recomendado por Julián Peralta lo llevó hasta Josué Geredús, un músico mendocino que entonces vivía en Buenos Aires. Lo que debía ser una simple afinación terminó convirtiéndose en el comienzo de una sociedad artística.

Años después, ese encuentro daría origen a Pecados del futuro, un álbum de quince composiciones -catorce canciones y un instrumental- escritas íntegramente por ambos autores, con letras mayoritariamente de Estol y músicas de Geredús. El resultado desafía cualquier clasificación y nació casi como un experimento entre dos compositores decididos a borrar las fronteras entre los géneros.

El propio Estol recuerda aquel primer encuentro. «Le pedí que me afinara el piano y terminamos hablando de música. Me mostró algunos temas, se puso a tocar y cantar. Me gustó muchísimo su manera de componer y quedó la sensación de que algún día íbamos a hacer algo juntos», relata el fundador de La Chicana.

Acho Estol y Josué Geredús: un disco nacido de la improvisación y sin fronteras musicales
Jesús Geredús y Acho Estol solo querían divertirse y así nació el disco.
Foto: Gentileza Antonella Noroña

El primer antecedente llegó en 2019, cuando ambos trabajaron en una versión tanguera de Las Muchachas Peronistas. Sin embargo, la pandemia los separó. Geredús regresó a Mendoza, fundó la Mundial Orkestra de Tango y el proyecto quedó en pausa. El destino volvió a cruzarlos varios años después. En abril de 2025, Geredús fue el pianista de Puro Tango, el disco en vivo que La Chicana grabó en Maipú, Mendoza. Ese trabajo reactivó el vínculo creativo.

Según cuenta Estol, el verdadero proceso comenzó unos meses más tarde, cuando empezó a enviarle letras a su compañero. «Él les ponía música y después me devolvía los temas. Yo ya no opinaba solamente sobre la letra, sino también sobre la producción. De pronto un tema podía cambiar completamente de género. Ahí apareció el verdadero diálogo creativo».

Lo que siguió fue un proceso vertiginoso. «En apenas cuatro meses hicimos el disco. Mezclamos tango, rock, chamamé, rumba, cumbia, polka, vals, ritmos irregulares y una fuerte presencia de sintetizadores analógicos que remiten al rock progresivo de los años setenta. Empezamos a avanzar muy rápido porque nos divertíamos muchísimo. Él me mandaba una idea y yo la llevaba hacia otro lado. Todo era una conversación permanente. Al final ya no sabíamos dónde empezaba uno y terminaba el otro», resume Estol. En ese intercambio constante, las autorías terminaron fundiéndose hasta volverse prácticamente inseparables.

El álbum también reúne a un notable grupo de músicos invitados. A las voces de Estol y Geredús se suman Cucuza Castiello y Mamba Malí, mientras que una formación integrada por cuerdas, batería, percusión y bandoneón completa un sonido tan amplio como imprevisible. «Tenemos muy poco ensayo y eso hace que cada presentación sea distinta. Hay estructuras claras, pero también mucho espacio para la improvisación. Va a ser una sorpresa incluso para nosotros».

Desde hace décadas, Estol prefiere trabajar con ese margen de libertad. «Cada vez escribo menos en las partituras. Prefiero elegir músicos que entiendan el universo que busco y que aporten sus propias ideas. Eso termina enriqueciendo muchísimo más la obra».

Para el creador de La Chicana, dirigir no consiste en controlar cada detalle, sino en orientar una inteligencia colectiva. «Dirigir tiene más que ver con encaminar lo que hace cada uno que con decirle exactamente qué tocar. Cuando encontrás músicos que hablan el mismo idioma aparecen cosas que nadie habría imaginado por su cuenta». Esa defensa de la creación compartida también alcanza la composición. Acho Estol recuerda que muchas de las grandes obras de la música nacieron de improvisaciones espontáneas y sostiene que reconocer esos aportes debería ser una práctica mucho más habitual dentro de la industria.

Pero detrás del juego estético aparece una preocupación profundamente contemporánea. El título Pecados del futuro funciona como una reflexión sobre una época en la que las certezas morales parecen volverse cada vez más difusas frente a la velocidad de los cambios tecnológicos. «Hoy ya no sabemos qué está bien y qué está mal. La vida cambia todas las semanas. Aparece la inteligencia artificial y ya hay quienes dicen que tiene conciencia. Entonces uno se pregunta cosas que antes parecían absurdas: ¿qué será pecado dentro de unos años? Esas preguntas atraviesan todo el disco».

Lejos de ofrecer respuestas, el álbum prefiere explorar esas dudas desde el humor, el absurdo y una estética deliberadamente excesiva. «Podríamos haber hecho un disco serio para cuidar nuestro prestigio, pero preferimos divertirnos. Es un trabajo raro, casi infantil por momentos, aunque habla de cosas muy profundas», concluye el compositor.

La primera oportunidad para descubrir ese universo en vivo será este sábado, cuando Acho Estol y Jesús Geredús presenten Pecados del futuro acompañados por una amplia formación de músicos invitados, en un concierto que promete ser tan imprevisible como el propio disco.

Acho Estol y Josué Geredús presentan Pecados del futuro

Junto a Cucuza Castiello, Mamba Malí, Agustín Barbieri, Ale Montaldo, Félix Arcángeli, Rodrigo de Mahieu, Carolina Ramírez, Sol Walkamar y otros músicos invitados. El sábado 18 a las 21 en el Club Atlético Fernández Fierro (CAFF), Sánchez de Bustamante 772.