La aprobación del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur se logró en el Viejo Continente gracias a los 45 mil millones de euros que la Comisión Europea le aseguró a Italia para repartir entre sus agricultores desde 2028. Sin ese premio, no se hubiera producido la votación a favor.

“Se compró la aprobación”, dijo a Tiempo Luciana Ghiotto, experta en comercio internacional y estudiosa de los tratados de libre comercio. Para los europeos, la aprobación del acuerdo se convirtió en un asunto central de geopolítica por el contexto del comercio global, en el cual Europa aparece golpeada por los aranceles de Estados Unidos y la política agresiva de China para introducir sus productos.

“El 2025 fue un año en el que vimos una vuelta de 180 grados de la política comercial global. Nos hemos encontrado con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, defendiendo de manera acérrima los aranceles y, al mismo tiempo, protegiendo a su propia industria para competir con China al interior de su país”, detalló Ghiotto.

Las acciones de Trump no se limitaron a la imposición de aranceles a amigos y enemigos. También ha avanzado en el boicot de la Organización Mundial de Comercio y obligó a México y Canadá a sentarse a renegociar el tratado de comercio que los vincula.

Por otro lado, las relaciones comerciales entre la UE y China atraviesan actualmente uno de sus momentos más tensos de las últimas décadas. Lo que comenzó como una serie de disputas puntuales se ha transformado en una guerra comercial abierta marcada por aranceles cruzados y una estrategia europea de «reducción de riesgos». El principal foco de conflicto está en el sector de la movilidad eléctrica, en el que la UE ha impuesto aranceles definitivos (que llegan hasta el 35,3% en algunos casos, adicionales al 10% ya existente) a los vehículos eléctricos fabricados en China.

Diferencias

En el Mercosur, el presidente de Brasil, Lula da Silva, mantuvo durante todo 2025 declaraciones a favor del acuerdo. Ello tuvo una causa clara: Brasil logró renegociar algunos elementos muy problemáticos del acuerdo que se cerró en junio de 2019 como el capítulo de las compras públicas. El texto original ponía ese sector en términos de libre mercado y libre competencia, es decir, libre acceso de las empresas europeas a las compras del gobierno federal y los estados.

“Históricamente, Brasil venía usando esas compras públicas como elemento de desarrollo interno a través de bancos de desarrollo, como el BNDES, que financiaban a las empresas como parte de la política de Estado de Brasil. Eso se modificó en el acuerdo y se logró flexibilizar ese capítulo. Brasil, en su renegociación que hizo en los últimos dos años, logró mejorar a su favor algunos elementos del acuerdo, algo que Argentina no hizo porque no tuvo para nada esa posición ni por parte del gobierno de Alberto Fernández ni en los dos últimos años con Javier Milei”, razonó Ghiotto.

Así las cosas, el acuerdo tendrá un impacto directo en el sector industrial, donde habrá una liberalización total, aunque por etapas. Esto implica dos efectos negativos: de un lado, el arancel externo común del Mercosur -el corazón del acuerdo aduanero- se desarma en un futuro cercano; del otro, el encadenamiento productivo regional se deteriorará, como es en el caso del sector automotriz. En Argentina, el efecto podría ser el riesgo de 200 mil puestos de trabajo solo en ese sector.

«Este acuerdo impulsará una expansión mucho mayor del agronegocio en los países del Mercosur porque favorece especialmente la exportación de productos agrícolas, que es justamente lo que generó el revuelo fuerte dentro de la Unión Europea. Una consecuencia será la expansión de la frontera sojera y la frontera ganadera a zonas como la Amazonia porque lo que se ha logrado en materia de ‘protección de medio ambiente’ no tiene ‘dientes’, es decir, son capítulos que no son directamente aplicables», explicó Ghiotto.