La ciudad de La Plata, devastada por el accionar represivo durante la última dictadura que dejó centenares de desaparecidos, presos, torturados y exiliados, parió a Hebe de Bonafini y a Estela de Carlotto como estandartes de la lucha por la defensa de los Derechos Humanos. Pero hubo otra Madre –platense por adopción– que no les fue en zaga en su búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia: Adelina Dematti de Alaye, una maestra de escuela que hizo todo el recorrido educativo institucional hasta llegar al cargo de inspectora, quien dedicó gran parte de su vida a la búsqueda de su hijo Carlos Alaye, secuestrado el 5 de mayo de 1977 en la ciudad de Ensenada y desaparecido desde entonces.

De reciente aparición, el libro Los martes Adelina – publicado por Ediciones Bonaerenses– es una producción del Archivo Histórico Provincial Ricardo Levene que sintetiza a lo largo de siete capítulos la vida de una mujer valerosa, que desde su pulsión por dejar registro de la búsqueda de su hijo, compila miles de fotografías, cartas personales, recortes periodísticos, trámites y reclamos ante organismos nacionales e internacionales y todo tipo de documentos. Años antes de morir los legó al Archivo oficial de la provincia, a modo de testimonio de una vida atravesada por la ignominia de la dictadura.
El nombre del libro obedece a que entre 2010 y 2013, Adelina llegó religiosamente cada martes al Archivo a revisar papeles y dialogar con su personal, volcando fechas, nombres, detalles. La transferencia de una bitácora de evidencias atravesadas por el dolor, pero con la ardiente necesidad de dejar testimonio vivo de una lucha contra el olvido.
Como una minuciosa fotoreportera de su propia lucha, dejó más de 4000 fotografías que, desde su inquieta mirada, inmortalizaron momentos de su vida familiar; de su carrera docente; de la cocina destruida de la casa que su hijo habitaba en Ensenada tras el paso de una patota de la Marina; de los primeros encuentros casi clandestinos con otras Madres; de las rondas de los jueves; de movilizaciones en el país y en el exterior; del juicio al genocida Miguel Etchecolatz y de encuentros con personalidades nacionales e internacionales de la política y de organizaciones de los DD HH.

Donado al patrimonio histórico provincial, todo ese acervo documental –quizás “amateur” pero de enorme valor testimonial–, fue acuñado durante las décadas en que buscó a su hijo, con el propósito de que fuera custodio y a la vez difusor de una experiencia personal doliente para que jamás volviera a repetirse.
Adelina tomó la decisión de que ese material de invalorable valor testimonial no quedara en la biblioteca de alguno de sus descendientes, sino que prefirió hacerlo público dejándolo a disposición de la ciudadanía, que hoy puede consultarlo en el Archivo “Levene” que funciona en el Pasaje Dardo Rocha, en La Plata.
Catalogar y sistematizar el fondo documental fue un trabajo más que arduo, y sirvió de base para la realización del libro cuya autoría pertenece a las investigadoras Florencia Larralde Armas; Florencia Lloret; Martina Biasotti; Andrea Raina y María Emilia Nieto, un equipo interinstitucional perteneciente al CONICET, al Archivo “Levene” y a la facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la UNLP.
Durante 2024 ellas dieron forma al proyecto “Memoria y Resistencia a través del Archivo Fotográfico de Adelina Dematti de Alaye, Madre de Plaza de Mayo – La Plata (1927-2016)”, que contó con financiamiento del CONICET y del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires.
Florencia Saintout, la presidenta del organismo, reflexionó: “Para nosotros fue muy importante convertir en un libro la historia de Adelina porque es una nueva forma de circulación y de amplificación de su lucha, que se suma a toda la valiosa tarea del Archivo”.
“La actualidad nos muestra que nunca es poco todo lo que podamos hacer para reforzar la memoria colectiva”, dijo la funcionaria, y agregó que “la identidad bonaerense también está hecha de la defensa irrestricta de los Derechos Humanos, y Adelina es una parte fundamental de ella”.

El paso a paso del libro
Desde 2007 Adelina colaboró con el Archivo Provincial en un programa de historia oral vinculado a la existencia de las Madres de Plaza de Mayo. “Ella organizaba las entrevistas y hacía el contacto con cada Madre. Y desde la donación de su archivo personal, su vínculo con el Archivo se intensificó a través de visitas semanales para ayudar en la interpretación y organización de los materiales”, narró en el prólogo del libro Alicia Sarno, la directora del “Levene”.
Así nació el ritual de cada martes por las mañanas, entre cafés, mates, masitas y sobres que se abrían para desplegar sobre la mesa fotos, cartas, documentos y un grabador en el que se registraba el tesoro de su palabra.
“No se trataba de solo de una labor técnica de archivo: era un espacio íntimo y lleno de complicidad, donde el trabajo con la memoria se volvía también un acto de amistad. Con su voz pausada y firme guiaba cada encuentro al señalar rostros, desandar historias, hilvanar recuerdos. Organizar y describir su archivo se convirtió en un momento de conversación y de transmisión. La narración del pasado ponía en pausa el tiempo cotidiano”, completó Sarno.
Para la directora, la decisión de transformar las vivencias de Adelina en un libro “siempre estuvo latente desde el Archivo. Poseíamos extensos registros orales de las entrevistas de los martes con ella y la riqueza y diversidad de su archivo, sobre todo, las más de 4.000 fotografías que lo integran”.
“La transformación de esas potencialidades en un libro se concretó a través del Convenio que el Instituto Cultural de la Provincia firmó en 2024 con el CONICET. El proyecto seleccionado ‘Memoria y resistencia a través del Archivo Fotográfico de Adelina Dematti de Alaye, Madre de Plaza de Mayo – La Plata (1927-2016)’, encabezado por Florencia Larralde Armas que es investigadora del CONICET; Andrea Raina, María Emilia Nieto, y Florencia Lloret y Martina Biasotti (estas últimas personal de nuestro Archivo) devino en “Los martes Adelina”, un tributo a su memoria, a la de su hijo Carlos y a las luchas de Adelina y de las Madres”, explicó Sarno.
A manera de prólogo, el libro arranca con una cita directa de la propia protagonista:
Yo me llamo Adelina Ethel Dematti Maggi. Nací el 5 de junio de 1927 en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires. Hija de José Esteban Dematti y de Clementina Luisa Demaggi. Mi padre vino de Italia a los tres años, mi madre nació en Bragado, provincia de Buenos Aires. Yo puedo decir quién soy, cuando es este país hay cientos de jóvenes que no conocen su identidad.
Cada capítulo de Los martes Adelinareúne su historia familiar; sus primeros trabajos; la carrera docente en distintos municipios bonaerenses; la desaparición y búsqueda de su hijo Carlos; las primeras acciones públicas de las Madres; las marchas de la resistencia y los “siluetazos”; el encuentro con el Papa Juan Pablo II en 1980 en Brasil; las investigaciones impulsadas desde la APDH y la apertura de espacios de memoria; las leyes de impunidad y la reapertura de los juicios a los genocidas. Todo se condensa en más de 230 páginas prolijamente ilustradas con documentos y fotografías de enorme valor histórico.
Como productora de un archivo personal que acumuló en cajas de cartón ordenadas y rotuladas en el garaje de su casa, Adelina guardaba cosas “por guardar, sin un sistema claro, puntualizó Sarno. Y así describió Adelina su instinto por la conservación:
“Las hojas, yo las veo y me gustan y las guardo, flores y hojas, ni siquiera sé de dónde las levanto… Me definió bien Guillermo (por Clarke, otro investigador del Archivo Histórico), que dijo que yo no soy investigadora ni archivista, ah, y ahora ni me va a salir… Coleccionista, yo colecciono, pero sin método. Guardo cosas”.
Para Sarno, “Adelina era una ‘archivista’ empírica, intuitiva. Además de lo que generó a partir de la desaparición de su hijo Carlos Esteban el 5 de mayo de 1977 y de su propia militancia en derechos humanos, su archivo está compuesto por abundante documentación de la actividad docente de Adelina, que conservó a lo largo del tiempo. Dejar registro, documentar, testimoniar, era parte constituyente de Adelina”.
“Este archivo creado por una mujer, por una Madre de Plaza de Mayo, declarado Memoria del Mundo por la UNESCO, constituye un aporte trascendental para el conocimiento de la última dictadura cívico militar, y en particular su accionar en la provincia de Buenos Aires”, concluyó la directora del Archivo “Levene”.
Como representante institucional del Archivo Histórico Provincial Ricardo Levene en el proyecto, Florencia Lloret –coautora del texto, museóloga, docente en la UNLP y comunicadora popular–, lo definió como un “un gran desafío profesional». «Hasta el momento, mi trabajo con el fondo personal y los documentos de Adelina y con ella misma a través del trabajo previo de historia oral, había tenido otros cauces que no habían sido directamente pensarla en función de una investigación”, sostuvo.
Habituada a trabajar en equipos interdisciplinarios, “en este caso implicó trabajar con investigadoras del Conicet, de la universidad y acordar desde el inicio, desde pensar el proyecto de investigación y luego el libro como producto de esa investigación, consensuar miradas, formas de entender el tema y metodologías de trabajo”.
Y en el plano personal, el reto estuvo signado porque desde el mismo momento en que junto a Sarno y el investigador Guillermo Clarke comenzaron junto a Adelina el trabajo de historia oral, pensaron en que en esa riqueza había un libro en ciernes. “Fue un desafío no sólo el proyecto en sí sino luego sentarnos a ser parte de esa escritura que tomara y respetara la voz de Adelina y la plasmara, la pusiera en contextos de palabras que le pudieran dar sentido”, recordó Lloret.
Jóvenes con memoria
La inclusión de tres mujeres jóvenes en el equipo que elaboró el texto contradice la visión de que la mayoría de las y los sub 40 no tienen idea del pasado reciente.“Las personas integrantes del equipo son jóvenes, pero son investigadoras que desde diferentes carreras se han especializado en la historia del pasado reciente y en los estudios de memoria”, puntualizó Lloret.
“Socialmente–y esto se puede observar en las marchas de cada 24 de marzo– creo que hay sectores jóvenes que conocen, transmiten y sostienen este pasado reciente como espacio de disputa de sentidos, que lo tensionan y lo defienden para que nunca vuelva a suceder. Pero se hace siempre necesario para mantener activa las memorias colectivas, el trabajo continuo de transmisión y el marco de políticas públicas que se comprometan con este pasado”, completó.
Desde 2008 y hasta su fallecimiento el 24 de mayo de 2016 a los 88 años, Adelina se ocupó de actualizar su archivo agregando documentos, y también involucrándose en su organización y catalogación temática. Pero hubo una premisa que la desveló: “asegurarse de que estuviera siempre disponible para el conocimiento de las nuevas generaciones”, recordó Sarno.
En la presente coyuntura política, en la que se pretende banalizar mediante el negacionismo el horror desatado sobre el pueblo por los genocidas, la vida de Adelina echa luz sobre el pasado, indica cómo pararse frente a este presente y señaliza el camino para marchar hacia el futuro.
El libro puede descargarse gratuitamente, o también adquirirse en su versión física ingresando a https://eb-tienda.sg.gba.gob.ar/tienda.
El secuestro de su hijo
Carlos Esteban Alaye fue secuestrado en Ensenada el 5 de mayo de 1977, mientras pedaleaba en su bicicleta por la calle Bosigna. En esas circunstancias le salió al cruce una persona que simuló hacerle alguna consulta, y mientras retomaba su ruta recibió un disparo por la espalda.
De inmediato fue subido a un vehículo con destino al centro clandestino de detención “La Cacha”, en las proximidades de la Unidad Penal de Olmos, en las afueras de La Plata, donde estuvo ilegítimamente privado de su libertad durante un período incierto pero que comprende desde la fecha de su secuestro hasta al menos el 8 de agosto del mismo año. Desde entonces Carlos permanece en calidad de desaparecido.