Con Mudanza, su primer disco solista, Alejandro Bordas presenta una mirada personal del tango a través de la guitarra de siete cuerdas, algo que no es usual. Luego de compartir escenario con músicos diversos (como Los Amados, Amelita Baltar, Soledad Villamil, Bernardo Baraj, Rubén Lobo, Horacio Romo, Pablo Agri, Eleonora Barletta, Karina Beorlegui, Bárbara Grabinski, entre otros), llegó su momento. Lo presenta este jueves en San Telmo.
-¿Es tu primer disco solista después de más de veinte años de trayectoria? ¿Qué representa este lanzamiento para vos?
-Venía ya hace un tiempo pensando en este disco solista, en esta idea de la mudanza estética, y de ahí un poco el nombre. Yo venía componiendo obras en grupos grandes, como Siniestra o Los Amados, compartiendo composiciones con diversos artistas dentro del género del tango. Y en algún momento dije: «Bueno, quiero ir un poco más allá, llevar toda esa expresión a algo mínimo. Algo más minimalista, algo chiquitito y que sea solo guitarra».
-¿Fue todo un desafío, verdad?
-Porque desde el diseño de la grabación hasta el arte y el concepto, todo fue un viaje, ¿viste? Pensar en esa situación fue algo muy lindo.
-¿Cuánto tiempo te llevó?
-Años de acumular canciones, de guardar arreglos. Después grabarlo lo grabé en dos días, en dos sesiones de cuatro horas. Pero habitualmente yo estaba acostumbrado a grabar con grupos grandes en un día, en ocho horas, y resolver todo. Y acá, como estoy solo con un repertorio que es técnicamente bastante complejo, me tuve que organizar las sesiones. Porque luego de una hora de estar tocando el instrumento con una exigencia técnica muy grande, tenía que parar de tocar, estirar y descansar un poco, 15 o 20 minutos, y después volver a grabar. Así que el diseño fue completamente distinto a lo que habitualmente hago cuando voy a grabar. Pero estuvo buenísimo igual.
-¿Qué distingue a este disco dentro de tu carrera?
-Todo el disco está atravesado por la guitarra de siete cuerdas. En el tango hay muy pocas grabaciones con este instrumento y tiene un plus de graves que caracteriza mi sonido. Esa búsqueda sonora está presente en cada una de las obras del álbum.
–El repertorio combina clásicos y composiciones propias. ¿Cómo surgió esa idea?
-Lo pensé como un disco mixto entre los tangos tradicionales que interpreto habitualmente y la labor compositiva que vengo desarrollando desde hace más de veinte años. Me interesaba que ambas facetas convivieran naturalmente.

-¿Cómo fue el proceso de creación de tus composiciones?
-Muchas de ellas se fueron gestando lentamente durante los veranos en Alpa Corral, Córdoba. Allí pude probar ideas, desarrollarlas y dar forma a canciones distintas.
-¿Qué te gustaría que el público descubra al escuchar Mudanza?
-Me gustaría que encuentre una manera personal de entender el tango. El disco reúne una búsqueda musical, un diseño sonoro y un espacio acústico propio como solista. Es el resultado de muchos años intentando desarrollar una voz propia en la guitarra y de comunicar qué significa hoy el tango para mí.
-¿Cómo ves hoy el panorama del tango? Es algo tan nuestro que da pena no defenderlo ni ponerlo en primer plano.
-Yo creo que hace muchos años hubo en nuestro país una invasión cultural muy importante. Me estoy remontando bastante atrás: ya durante la dictadura existió una fuerte influencia cultural externa que, con el tiempo, se fue acrecentando. Aun así, el tango ha logrado sobrevivir como una manifestación expresiva propia de la ciudad de Buenos Aires, aunque también con un importante desarrollo en el interior del país. Por suerte, sigue vivo. Por supuesto, hoy no es una música masiva, y la pregunta es por qué. Si uno observa los premios y distinciones del género, la cantidad de material grabado de tangos nuevos o de reinterpretaciones de obras del pasado supera las 120 producciones discográficas por año. Es decir, la producción es enorme y el movimiento es muy grande, aunque no alcance una difusión masiva. Quienes trabajamos en este ámbito desde hace años sostenemos que hacen falta políticas culturales concretas que tengan un impacto real en la vida cotidiana de las ciudades. Pero también me interesa destacar que esas más de 120 producciones anuales son la evidencia de un movimiento que viene gestándose desde hace mucho tiempo. No es casualidad: hay un motor que lo impulsa.
-¿Cuál es?
-Entre las distintas aristas de ese impulso, siento que la Escuela de Música Popular de Avellaneda cumple un rol fundamental. Es un espacio generador de músicos y músicas que, desde ese rincón de la provincia de Buenos Aires, se ha convertido en un motor clave para la revitalización y la vitalidad actual del tango.
-Y en lo personal, ¿cómo ves el futuro del género? Más allá de la presentación de mañana, ¿qué expectativas tenés?
-Lo veo muy bien. Además de mi actividad artística, soy docente de la Escuela de Música Popular de Avellaneda y coordino pedagógicamente el Área de Tango. Lo que uno observa en las nuevas generaciones es realmente alentador. Son chicos y chicas con una energía, una pasión y un amor por el género que contagian y recargan de entusiasmo a quienes pertenecemos a una generación intermedia. Eso genera esperanza. Hace veinte años, cuando nosotros estudiábamos y tomábamos clases con los viejos maestros, ni siquiera se nos ocurría componer un tango. Hoy, en cambio, los estudiantes interpretan composiciones actuales con total naturalidad. Ya no existe aquella discusión entre el tango tradicional y el tango nuevo: todo forma parte del mismo universo. Por eso creo que el tango tiene muchísimo futuro. Hay compositores y compositoras jóvenes que están haciendo trabajos extraordinarios, con propuestas muy interesantes. Existe una enorme producción y muchas ganas de expresarse a través del tango. Más allá de las invasiones culturales, que suelen venir acompañadas por desarrollos tecnológicos que a veces tienden a diluir las riquezas locales, hay algo muy valioso que sigue creciendo por debajo de la superficie. Pienso también en esa ilusión de éxito inmediato que promueven las redes sociales: el “me gusta”, el clic, la recompensa instantánea. Esa lógica de mercado y competencia muchas veces funciona como un espejismo. Lo verdaderamente importante es lo que se construye a largo plazo. Y lo que se viene desarrollando en el tango es mucho más profundo e interesante. Creo que va a perdurar y a trascender porque son generaciones y generaciones apostando por este lenguaje, cada una con su propia mirada y su propia forma de expresarse.
-¿Y qué podrá encontrar el público en el show de mañana? ¿Habrá un recorrido por estas nuevas composiciones y también por clásicos del género?
-Sí, exactamente. Vamos a presentar composiciones propias para guitarra solista y también algunos clásicos del tango, especialmente aquellos que forman parte del disco. Habrá dos temas cantados y dos instrumentales. La propuesta tiene la particularidad de estar atravesada por la estética de una guitarra sola, pero además se trata de una guitarra de siete cuerdas, algo que aporta un universo sonoro muy particular a todo el repertorio. También vamos a interpretar algunas canciones prestadas y otras composiciones propias con letra. Para eso voy a contar con tres invitados: las cantantes La Polaca Grabinski y Paulina Torres, y Bruno Ludueña en bandoneón. La idea es combinar momentos solistas con las canciones cantadas para construir un concierto variado y generar un encuentro muy especial con el público.
Alejandro Bordas
El músico presentará Mudanza jueves 25 de junio a las 20 en Pista Urbana, Chacabuco 874 (CABA). Con las participaciones de La Polaca Grabinski, Paulina Torres y Bruno Ludueña.
Mudanza – Alejandra Bordas
1 Milongueando en el 40 (A. Pontier)
2 Mariposita (A. Aieta)
3 La Cachila (E. Arolas)
4 Una canción (A. Troilo)
5 Bailarina (A. Bordas)
6 Niño pandemia (A. Bordas)
7 Noche negra (A. Bordas)
8 Rioplatense (A. Bordas)
