En unos días, el 20 de febrero, Timothy Weah cumplirá 26 años. Nació en Nueva York durante los últimos años de la guerra civil en Liberia, el país de su padre. George Weah jugaba por ese tiempo en el Olympique de Marsella, donde ahora juega Timothy, su hijo. Weah padre volaba desde Francia hacia Estados Unidos en un Concorde para visitar a la familia, radicada en Estados Unidos. Weah era el mejor jugador de la historia de su país, el único Balón de Oro africano, y además quería ser presidente. Ya se había peleado con el gobierno de Charles Taylor, ya había pedido que la ONU interviniera, y le habían incendiado la casa en Monrovia, la capital liberiana, y le habían atacado a su familia, incluso habían violado a dos de sus primas. Liberia se había convertido en el peor lugar del mundo. La guerra civil terminó en 2003 con más de doscientos mil muertos. Quince años después, Weah fue elegido presidente.

Con esa historia familiar social, política, humana, creció Timothy Weah, que ahora revisita el camino de su padre en el Olympique de Marsella aunque juega para la selección de Estados Unidos. Días atrás, Tim Weah criticó los precios de las entradas para el Mundial 2026. «El fútbol debería seguir siendo disfrutable para todos», le dijo al periodico francés Le Dauphiné. «Es el deporte más popular. Este Mundial será bueno, pero será más un espectáculo -agregó-. Estoy un poco decepcionado por el precio de las entradas. Muchos aficionados de verdad se perderán los partidos». La queja sonó potente, la decía un jugador de la selección.

Alzar la voz

Pero su técnico, Mauricio Pochettino, lo retó. El entrenador argentino respondió en una conferencia de prensa que la discusión sobre el valor de las entradas no es un tema que les competa a los futbolistas. «No somos políticos -dijo-. Somos deportistas y solo nosotros podemos hablar de nuestro trabajo. Y creo que si la FIFA hace algo o toma una decisión, saben por qué, y es su responsabilidad explicarlo. Pero no nos corresponde a nosotros dar nuestra opinión”.

Un futbolista tiene que poder opinar de lo que quiera sin la censura de su entrenador. Sin embargo, no parece haber nada más atinado a que un jugador opine sobre el valor de las entradas para ir a verlo jugar. Porque está opinando sobre lo que hacen los que manejan la industria de la que esos jugadores son parte fundamental. Y está opinando sobre cómo esas decisiones afectan a los hinchas, la otra parte fundamental. 

Pochettino vuelve otra vez con eso de que el futbolista sólo está para jugar. En silencio. Lo contrario a lo que enseñó Diego Armando Maradona. Lo contrario a lo que él mismo hace con sus ideas. Pochettino es muy elogioso de Donald Trump, a quien hasta le permitiría, según adelantó, levantar la copa del mundo. Se lo ve muy cercano a Gianni Infantino, el presidente de la FIFA. Y es también un abierto admirador de Javier Milei, con el que además ha tenido alguna charla.

Pero los que opinan son los otros, los que molestan, los que critican. Nunca se ven a ellos mismos opinando. Es como cuando hablan de politización. Siempre la ven en los demás, nunca en los propios. No es politización abrazarse a Trump, que si es del gusto de Pochettino que así lo haga. Nadie se lo impide.  

Alzar la voz

La contracara es Pep Guardiola, que en diversas intervenciones dijo que hay que alzar la voz. Todo lo contrario a lo que propone su colega. Guardiola alza en este tiempo la voz por Palestina y contra el genocidio que lleva adelante el gobierno de Israel. Hace unos días, en el Palau Sant Jordi, en Barcelona, en el lanzamiento de “Manifest X Palestine”, dio un discurso muy potente, vistiendo una kufiya. Hablando de Gaza, en catalán, dijo: «Los hemos dejado solos y abandonados” mientras “los poderosos están en sus casas”.

Y días atrás, después de que el Manchester City, su equipo, le ganara al Newcastle por la Carabao Cup, se lanzó también con un respuesta sobre lo humano: “Cuando veo las imágenes de dolor, lo siento, también me duele. Por eso, en cada oportunidad en la que pueda ayudar a alzar la voz para hacer una sociedad mejor, lo intentaré y estaré ahí”. “Mira lo que sucedió en Estados Unidos, han matado a Renee Good y Alex Pretti”, dijo sobre los asesinatos del ICE, la patrulla antiinmigratoria de Trump. 

“¿Hay alguien – se preguntó Guardiola- que vea las imágenes de lo que sucede en todo el mundo, las guerras, que no se vea afectado? Aquí no se trata de estar en lo correcto o lo equivocado; tal vez un político sea de izquierda, de derecha, por supuesto, pero, ¿hay alguien aquí que no se vea afectado por lo que sucede cada día? Hoy podemos verlo y me duele”.

Y puede decirlo, que es quizá lo más valioso.