Ana Correa es una de las fundadoras e impulsoras del primer Ni Una Menos. Además escribió el libro Somos Belén, en el que se basó el guión de la película Belén, dirigida por Dolores Fonzi. En los últimos años, Ana viene trabajando intensamente en violencia digital e incluso creó el proyecto OlivIA una herramienta que detecta los sesgos de género.
En diálogo con Tiempo hizo un balance de lo que fue el 8M, y expresa que se siente sorprendida por la repercusión de Belén “es una llama de optimismo que muestra lo que somos capaces de hacer”

-¿Qué balance tenés de este 8M?
-Vi una fuerza impresionante, una cantidad impresionante de mujeres y muchas, muchas, muchas chicas jóvenes. Eso me dio muchísima esperanza, la cantidad enorme de chicas jóvenes que defienden sus derechos como mujeres, y los reivindican.
-¿A qué le atribuís esa masividad?
-Hay una enorme convicción de que hay que defender los derechos. Y una podría decir que se retrocedió un montón. Sin embargo, hay cosas en las que no se retrocede y no se puede retroceder. Me parece que la garantía es esa y que las chicas sobre todo, lo entienden hoy mejor que nadie. Hay que movilizarse y hay que estar presente para que no se siga avanzando contra esto. Si bien se desmantelaron políticas públicas, hay como una señal de que “nosotras estamos”
-Hubo también una participación mucho más activa por parte de mujeres y diversidades sindicalistas, ¿cómo viste eso?
–La fuerza del movimiento de mujeres en Argentina es que tengan lugar todas las que quieran participar. La que puede ir a través de un sindicato, centros de estudiantes, secundarios y universitarias, las que pueden ir sueltas, las que pueden sumar a su manera. Cuando fue la primera marcha de Ni Una Menos tuvimos muy en cuenta eso porque vivimos en una sociedad con muchas demndas, por lo que, aunque no tenga una organización, toda mujer que defiende sus derechos de las mujeres tiene que tener un lugar para participar y expresarse. Sigue siendo eso nuestra fortaleza. Puntualmente del sindicalismo, valoro muchísimo la participación de las mujeres en los sindicatos en un momento en el que las cúpulas de los sindicatos están arreglando con el gobierno. Es mucho más difícil para cualquier mujer en estos momentos mantener la lucha.

-¿Por qué momento está pasando hoy el feminismo?
-Para quienes de verdad defienden los derechos de las mujeres el feminismo nunca dejó de ser algo importante. Los que dejaron de apoyar el feminismo es porque no les interesaban los derechos de las mujeres. La historia tiene ciclos y esto va a volver a importar. Y nosotras vamos a recordar quiénes se apartaron, porque es importante saber con quién construir alianzas políticas.
El 8 de marzo el gobierno difundió un video directamente contra las mujeres, atacándolas, difundiendo fakes news. Muchos sectores de ultraderecha en el mundo crearon un discurso para transmitir que los males de la sociedad son culpa de los feminismos y de la agenda de derechos de los migrantes. Lo que yo sentí este año con este video es que ya nadie se lo toma en serio. Porque una cosa era acusar al feminismo (todos los partidos lo hicieron) de que se pierde por el feminismo o no hay comida ni trabajo por el feminismo. Pero después vimos que los que perdían y culpaban al feminismo siguieron perdiendo. Quitaron todas las políticas de género y la situación económica cada vez es peor. Entonces un poco empieza a evidenciarse la mentira de echarle la culpa a una agenda de derechos por los problemas de la política. Los problemas de la política y la gestión son justamente no entender ni la política ni la gestión. También fue el feminismo como un enemigo a marcar por la capacidad de movilización que este 8M se volvió a ver.
-Una de las grandes preocupaciones para los feminismos es el crecimiento de las violencias, venís trabajando sobre violencia digital, ¿cómo es la situación?
-Todos nos ilusionamos con que internet iba a facilitar la participación de las mujeres en las discusiones, en los debates públicos no solamente en Argentina, sino en el mundo. Vivimos nuestra primavera democrática de participación desde 2012 hasta el 2020. Después vino la pandemia, después vino el backlash. Y hoy ya nadie puede tener ninguna duda del impacto desproporcionado de la violencia digital sobre las mujeres y cómo las mujeres con voz pública se retiraron o miden su participación en las redes. Y no podemos negar que el impulso a la misoginia digital que le dio la adquisición de Twitter a Elon Musk ni que tenemos un gobierno que ya empezó a usar la inteligencia artificial generativa contra mujeres políticas y contra periodistas, como fue el caso de Julia Mengolini. Tenemos datos a mansalva en todo el mundo de cómo está afectando la participación de las mujeres, y por lo tanto en cómo lesiona y erosiona las democracias. Es hora de hacer algo. Y ese algo es concientizar directamente a las plataformas y sumarnos a esta pelea que ya se está dando en la inteligencia artificial.
–¿Qué dificultades tiene pensar estas violencias en un contexto en el que hay preocupación por comer, pagar el alquiler, cuidar y todo eso parece escindido de lo virtual?
-Tenemos que solucionar muchos temas al mismo tiempo. Porque no podemos dejar de lado la presencia digital. Es allí donde se está delimitando la política y también el futuro del trabajo. O sea, si no participamos, si no tenemos voces en esto, las primeras excluidas de todas las modificaciones, somos las mujeres. Está pasando con la inteligencia artificial, al no participar activamente en todas las instancias tiene sesgos que impacta en el trabajo de las mujeres que impactan en la violencia contra las mujeres. Los deepfakes surgen de la inteligencia artificial y en más del 90% afectan a las mujeres. Entonces son las discusiones y peleas que tenemos que dar al mismo tiempo.
-Esa violencia digital, ¿empeora cuando se trata de diversidades sexuales?
-Todo este discurso desalienta a las diversidades y personas LGBT. A veces cuesta transmitir, pero hay que entender que lo que sucede en las redes sociales tiene una continuación en el espacio físico y eso lo están viviendo muy de cerca las personas LGBT, con las agresiones que están recibiendo. Está absolutamente demostrado que es así y las organizaciones y los activismos vienen denunciando esta situación.
-¿Creés que el feminismo tiene que “volver a enamorar”?
-No estoy de acuerdo con esa idea. Hay que ver el costo que pagaron las referentes feministas con todos los ataques. Las periodistas que trataban temas de género fueron la mayoría desplazadas de sus medios y las que estamos en redes sociales hemos recibido un montón de amenazas. Se fueron muchas. Entonces no sé si estoy muy de acuerdo con que el feminismo “tiene que”. Tenemos que recomponernos como sociedad. Porque si no es de nuevo cargar las tintas contra el feminismo. Y creo que es al revés, que quienes en algún momento se mostraron como aliados reflexionen sobre lo que está pasando con la violencia de género. Siguen matando mujeres, siguen matando diversidades y es cada vez más difícil denunciar. Fue muy brutal el ningunear y sacar todos los mecanismos que pudieran prevenir la violencia de género. De repente a nadie le conmueve que maten a una mujer.
Belén, una bocanada de esperanza
“Me sorprendió muy gratamente las repercusiones por la película. Es como una alegria inmensa ver la respuesta que tuvo”, dice Ana Correa, la autora del libro Somos Belén. “Fueron muchas las agrupaciones y organizaciones que pidieron la película para presentarla. Creo que si eligen para pasarla como una señal de fortaleza y optimismo”.
“Mucha gente te agradece. Y la verdad es que resutal maravilloso que se haya podido hacer esta película en estos momentos, para mantener viva también la historia. Es una película hecha en su mayoría dirigida por mujeres, pero no solamente en la dirección, sino también la producción. Está basado en un libro que que que escribí yo pero participó muchísima gente de Tucumán. Si sirve para mantener una llama de optimismo de lo que somos capaces de hacer me parece que es un logro enorme”.