Después de cinco décadas, una misión tripulada vuelve a la Luna. La tripulación compuesta por Reid Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y Jeremy Hansen, ya ejecutó la maniobra de inyección translunar a bordo de la cápsula Orión.
Según informó la NASA, esta acción era clave y fue posible luego de resolver un problema técnico en el sistema sanitario de la nave, evitando la aplicación de protocolos de emergencia para residuos a bordo.

Esta nave cuenta con la primera instalación de un inodoro avanzado, capaz de almacenar desechos sólidos y ventilar líquidos al espacio de manera controlada. Es una herramienta clave para constatar la ventilación controlada, la mayor independencia y la validación de procedimientos en vistas a futuros vuelos extensos.

También enfrentaron desafíos como la interrupción inesperada en las comunicaciones y algunos otros detalles menores, como el informático. “Veo que tengo dos Microsoft Outlook y ninguno está funcionando”, declaró Wiseman, comandante del equipo. Luego, los ingenieros de la NASA lo solucionaron.
NBC News reportó que el centro de comando de Houston restableció la conexión en pocos minutos y descartó riesgos para la tripulación.
Translunar

Con la canción “Green Light” de John Legend fue despertada la tripulación. Luego vino el mensaje del personal de la NASA, y ahí entonces comenzó la decisión de activar el motor principal en el control de misión de Houston.
El encendido (translunar injection burn) duró unos 5 minutos y 50 segundos, y permitió que Orion alcance la velocidad de escape hasta quedar en la órbita que los llevará alrededor de la Luna.

“La humanidad ha vuelto a demostrar de lo que somos capaces, y son sus esperanzas para el futuro las que nos llevan ahora en este viaje alrededor de la Luna”, dijo Hansen justo después del encendido.
Orion está ahora en lo que se conoce como una “trayectoria de retorno libre”. Se trata de una trayectoria de sobrevuelo: debido a la dinámica orbital y a la gravedad de la Luna, incluso si Orion no vuelve a encender su motor, la cápsula pasará alrededor de la Luna y regresará a la Tierra.
Tras la maniobra de inyección, el trayecto de la nave quedó determinado por la interacción gravitatoria entre la Tierra y la Luna, por lo que ya no serían necesarian nuevas intervenciones en la propulsión. Representa el último encendido mayor del viaje antes de iniciar el retorno a la Tierra.
Durante poco más de una semana, los tripulantes vivirán, comerán, dormirán, harán ejercicio y llevarán a cabo experimentos científicos dentro del espacio —que es del tamaño de una furgoneta— de Orion. Mientras tanto, se enfrentarán a múltiples riesgos que implican una misión de espacio profundo.

Wiseman describió lo que vivieron el jueves por la tarde tras el despegue: “Control de Misión Houston reorientó nuestra nave espacial mientras el sol se ponía detrás de la Tierra. No sé qué esperábamos ver todos en ese momento, pero se podía ver el globo entero, de polo a polo. Se podía ver África, Europa, y si mirabas muy de cerca, se podían ver las auroras boreales. Fue el momento más espectacular, y nos detuvo en seco a los cuatro”.
Esta misión no contemplará aterrizar en el único satélite que tiene la Tierra, sino que sentará las bases y conocimiento necesario para que ese objetivo de descenso lunar lo cumpla la próxima misión Artemis III. Igualmente, la NASA cuenta con una meta aún mayor: tener presencia humana permanente en las inmediaciones lunares y diagramar futuras expediciones al resto del sistema solar, especialmente a Marte.
El satélite argentino

Junto a los astronautas y los equipos viaja en la misión el microsatélite ATENEA, encabezado por universidades nacionales como la de La Plata, la UNSAM y la UBA junto con la CONAE.
ATENEA es un CubeSat de clase 12U, con dimensiones aproximadas de 30 cm x 20 cm x 20 cm. Su objetivo es validar tecnologías críticas para futuras misiones espaciales. Entre sus principales tareas se destacan la medición de radiación en órbitas altas, pondrá a prueba nuevos sensores fotomultiplicadores de silicio (SiPMs), recopilará datos GPS por encima de la constelación y testeará enlaces de comunicación de largo alcance. Estos ensayos permitirán elevar el Nivel de Madurez Tecnológica (TRL) de los componentes desarrollados en Argentina.

Atenea fue el único latinoamericano seleccionado por la NASA para integrarse a la misión Artemis II.
“Esta misión es un hito para nuestro país por dos motivos: poder formar parte de una misión tripulada a la Luna y trabajar de manera conjunta con otras universidades nacionales bajo la coordinación de la CONAE”, señaló Gabriel Sanca, investigador de la UNSAM, director de la carrera de Ingeniería Electrónica y parte del equipo que trabajó en Atenea.
Fernando Filippetti, director del Proyecto ASTAR y referente de la Facultad de Ingeniería de la UBA para ATENEA, explicó que no todos los países invitados lograron cumplir con los requisitos: “Los tiempos eran muy acotados, los requerimientos de seguridad muy grandes y no todos los que fueron invitados a participar pudieron poner sus satélites en el lanzador. El proyecto fue seleccionado por la NASA entre propuestas de casi 50 países, de los cuales solo cuatro lograron un lugar en la misión: Alemania, Arabia Saudita, Corea del Sur y Argentina”.
“En lo personal, esta misión tiene un tinte emotivo, ya que mi papá pudo ver la placa en funcionamiento y saber que había sido integrada al microsatélite antes de su fallecimiento”, relató a Tiempo Franco Nicolás Spadachini, que ya de chiquito jugaba a armar y desarmar juguetes para ver qué tenían dentro.
LA UBA VA A PARTICIPAR DE UNA MISIÓN ESPACIAL DE LA NASA 🚀
— UBAonline (@UBAonline) December 1, 2025
Atenea es el microsatélite que desarrolló el equipo Astar de @ingenieriauba junto con @CONAE_Oficial, @unlp, @unsamoficial, @iardifusion, @CNEA_Arg y @veng_argentina. pic.twitter.com/fW2FeaB9Nw
Con 23 años, es estudiante de tercer año de Ingeniería Electrónica y subdirector del proyecto Astar, el equipo multidisciplinario dedicado al desarrollo de tecnología satelital en la Facultad de Ingeniería de la UBA.
La información que transmiteel satélite Atenea, luego de su despliegue, se recibe y se procesa en dos estaciones terrenas de la Conae: una en Córdoba y, la otra, en Tolhuin.
En las estaciones de Córdoba y Tierra del Fuego ya están asentados los equipos que reciben los primeros datos del satélite argentino que “despertó” en el espacio unas cinco horas y media después del despegue. Se ubicará hasta unos 72.000 kilómetros de la Tierra. Es el doble de la distancia a la que habían llegado previamente otros satélites locales.
