Arthur Miller es sinónimo de gran teatro. Autor fundamental del siglo XX, desafió desde sus obras buena parte de los valores conservadores de los Estados Unidos y construyó piezas atravesadas por la crítica social, la frustración y el derrumbe de los sueños individuales. Por eso, para Alejandro Awada, sumarse a La muerte de un viajante fue una decisión inmediata. El actor protagoniza la nueva puesta dirigida por Daniel Marcove junto a Ingrid Pelicori en El Tinglado.

“Es considerada una de las obras más maravillosas del teatro de todos los tiempos y, encima, con este grupo de trabajo que es un lujo, es una dicha poder contar esta mirada del mundo con tanta resonancia en la actualidad. Es una de esas obras universales, atemporales y de profunda humanidad. Tiene ese juego temporal único donde el pasado explica y provoca el presente”, afirma entusiasmado Awada.

El actor destaca la profundidad con la que Miller cruza los conflictos sociales con el drama íntimo de sus personajes y cómo el capitalismo salvaje puede arruinar la vida de un hombre cuando los mandatos sociales se convierten en obsesiones personales. “La obra junta el amor con el dolor y se pregunta qué significa triunfar en la vida”, resume.

Para Awada, interpretar a Willy Loman representa uno de los grandes desafíos de su carrera: “Intento siempre acercarme lo más posible al personaje teniendo en cuenta quién es. Me gusta descubrirlo y, a partir de ahí, obviamente aparecen mis cosas, mi impronta, pero siempre preguntándome quién es el personaje”.

La obra ocupa un lugar especial dentro de la historia del teatro moderno. “Creo que esencialmente es una crítica furiosa al sistema estadounidense y occidental de vida, un ataque rabioso al sueño americano de progresar sin considerar los principios éticos. Imaginate que recibió el Pulitzer en 1949, además del Tony y el premio de la crítica de Nueva York. Pasaron décadas y sigue siendo actual”, explica el actor, de 64 años.

Awada habla del teatro con entusiasmo y se lo nota feliz de volver a escena después de un año alejado de los escenarios, tras haber protagonizado una comedia romántica dirigida por Miguel Ángel Solá.

“El intercambio con el público es maravilloso. Siempre está la curiosidad por lo que va a pasar en cada función, más con una obra como esta, que tiene una actualidad contundente. Y me imagino que dentro de cien años también la va a tener, porque habla de la humanidad en general”, dice.

Sobre Ingrid Pelicori, su compañera en escena, no ahorra elogios: “La admiro muchísimo y disfruto mucho trabajar con ella. Compartimos una manera de actuar: nos gusta dar todo. Creo que nos potenciamos el uno con el otro. Buscamos la mejor manera de darle verdad a cada escena”.

Alejandro Awada y el fracaso como clave en una audaz puesta de "La muerte de un viajante"
Pelicori y Awada comandan una precisa ingeniaría teatral.

El proceso de trabajo también ocupa un lugar central para él. “La obra la venimos ensayando hace dos meses y medio. Es una propuesta que exige mucho ensayo. Amo el teatro y amo todo el proceso”, cuenta.

El presente de la industria audiovisual argentina, en cambio, lo encuentra preocupado. Awada reconoce que la situación del cine y la televisión es crítica y no evita posicionarse: “Hace un tiempo que no existen ficciones en la televisión abierta. Lo único que está sucediendo sale a través de las plataformas. Y ni hablar del cine: lo espantoso que pasó y pasa con el INCAA es tremendo. Nos dejó lisa y llanamente sin trabajo. Prácticamente no se está filmando en la Argentina”.

Y continúa: “La posibilidad de construir una industria cinematográfica viene de la mano de un instituto de cine. No entiendo cómo un impuesto a la venta de entradas cinematográficas puede ser un problema para las finanzas de un país”.

El actor aclara que no le gusta extenderse demasiado sobre el tema porque lo amarga profundamente. “No solo este rubro está siendo atacado. Creo que la sociedad argentina está sufriendo un ataque muy poderoso. Está bravo”, resume.

Con una extensa trayectoria en cine, teatro y televisión, Awada siente que atraviesa una de sus mejores etapas. “Creo que estoy en mi mejor momento. Siento que estoy trabajando muy bien y disfrutando mucho de la labor. Amar el trabajo es clave. Y quiero aprender constantemente”, asegura.

También reflexiona sobre la necesidad de dejarse sorprender y no encerrarse en una única búsqueda artística. “Hay una frase maravillosa que dice mi mujer: ‘Dios dirige el tránsito’. Está bueno buscar el equilibrio entre lo que viene de uno y lo que viene de afuera”, dice.

Una de las características más reconocibles de Awada es la intensidad de sus interpretaciones. “Los personajes que me están tocando son personajes con potencia. Me gusta que me siga pasando. Que digan que soy un actor potente y que me ofrezcan personajes potentes me encanta”, admite.
   Sin embargo, aclara que nunca pierde de vista la distancia entre la ficción y la vida personal. “El personaje es el personaje y yo soy yo. Lo digo porque a veces no es fácil”, explica.

Reflexivo y cuidadoso con cada respuesta, Awada reconoce que le gustaría volver a filmar pronto. “Tengo ganas de volver a hacer cine o participar en alguna miniserie para plataformas. Pero lo que más me gustaría es que nuestra industria se vuelva a encaminar. El cine nacional tiene muchísimo para ofrecer”, afirma.

Y concluye regresando al teatro, el espacio donde hoy encuentra mayor plenitud. “Toda la liturgia me encanta. Disfruto los ensayos y disfruto muchísimo las funciones. Los aplausos nos alimentan. Creo que el público es lo más importante de nuestro trabajo”. «

La muerte de un viajante

De Arthur Miller. Dirección: Daniel Marcove. Con Alejandro Awada e Ingrid Pelicori. Sábados a las 21:15 y domingos a las 19:30 en el Teatro El Tinglado, Mario Bravo 948 (CABA).