Más de 80 figuras del cine internacional firmaron una carta abierta en la que cuestionan al Festival Internacional de Cine de Berlín por lo que describen como censura y silencio institucional frente al genocidio en Gaza. Entre los firmantes aparecen nombres de peso como Adam McKay, Avi Mograbi, Javier Bardem, Tilda Swinton, Miguel Gomes, Mike Leigh, Lukas Dhont, James Benning y Brian Cox, entre otros cineastas, actores y productores vinculados históricamente a la Berlinale.
El documento, difundido durante el desarrollo del festival, señala que la organización habría evitado pronunciamientos claros sobre la crisis humanitaria en Gaza y, al mismo tiempo, limitado o desalentado expresiones públicas de solidaridad por parte de artistas invitados. Los firmantes hablan de un clima de “censura” y reclaman que el certamen asuma una posición explícita ante lo que definen como graves violaciones a los derechos humanos.

La carta también cuestiona una supuesta doble vara en la política institucional del festival. Según los críticos, la Berlinale ha adoptado posturas firmes frente a otros conflictos internacionales en los últimos años, pero en este caso habría optado por la neutralidad o el silencio. Ese contraste es uno de los ejes centrales del reclamo: no se trataría de exigir una declaración obligatoria, sino de denunciar un criterio selectivo.
La Berlinale intenta explicar
Desde la conducción del festival, en cambio, se defendió la autonomía artística y la pluralidad de voces, subrayando que la Berlinale es un espacio de exhibición cinematográfica y no un actor diplomático. Fuentes cercanas a la organización sostienen que no hubo prohibiciones formales ni restricciones explícitas a los invitados, y que el evento mantiene su compromiso con la libertad de expresión dentro de los marcos institucionales vigentes en Alemania.
La polémica reabre un debate recurrente en los grandes festivales internacionales: ¿hasta qué punto una institución cultural debe asumir posicionamientos políticos frente a conflictos contemporáneos? La Berlinale, históricamente asociada a una identidad progresista y a la defensa de los derechos humanos, queda en el centro de esa discusión.

En este contexto, la palabra censura adquiere un peso específico. Para los firmantes, el problema no es solo la ausencia de una declaración oficial, sino la percepción de un límite implícito a determinadas expresiones. Para el festival, en cambio, la neutralidad ante un genocidio es el camino a seguir.