Brandee Younger: “El arpa todavía suele tratarse como un instrumento ornamental”

Por: Sebastián Feijoo

La gran instrumentista y compositora dará cuatro shows en Bebop Club con el repertorio de "Gadabout Season", uno de los discos más celebrados del jazz reciente. En diálogo con Tiempo, reflexiona sobre prejuicios, tradición afroamericana y su vínculo con el hip hop.

En la historia del jazz hay instrumentos que todavía cargan con una especie de destino decorativo. El arpa, en ese sentido, fue durante décadas una presencia elegante pero periférica, más asociada a la textura que a la estructura. Esa condición empezó a tensarse cuando algunas músicas decidieron tratarla como un instrumento pleno de ataque, ritmo y versatilidad. En esa línea, Brandee Younger aparece no como excepción exótica sino como continuidad radical de una tradición que pasa por Dorothy Ashby y Alice Coltrane, pero que en su caso se desplaza hacia una escritura más urbana, más permeable al R&B y al pulso del hip hop. Desde Wax & Wane hasta Somewhere Different, su discografía arma una idea simple y potente: el arpa puede sostener el centro de una música sin pedir permiso.

Esa búsqueda llegó a una zona de madurez notoria en Gadabout Season (2025, Impulse! Records), donde el instrumento se mezcla con texturas electrónicas, grooves hipnóticos y una sensibilidad de cámara expandida. Allí no hay ruptura sino consolidación: una forma de tocar y componer que entiende la tradición como material vivo. Ese repertorio es el que trae a Buenos Aires con su trío, junto a Rashaan Carter en contrabajo y Allan Mednard en batería, en dos fechas en Bebop Club (Uriarte 1658, Palermo) el domingo 24 y lunes 25 de mayo a las 20 y 22.30, en formato de dobles funciones. Los conciertos presentan músicas de distintas etapas de su trayectoria y composiciones del nuevo disco.

La artista llega respaldada por una carrera que incluye nominaciones al Grammy, premios de la NAACP y colaboraciones con figuras como Pharoah Sanders, Stevie Wonder y Beyoncé, pero lo central sigue siendo lo mismo: un instrumento históricamente marginal convertido en voz principal del presente.

-Durante muchos años, el arpa en el jazz se sintió casi como un “instrumento fantasma”: admirado, pero periférico. ¿Sentís que todavía tenés que justificar su presencia en tu música?

-El arpa todavía suele tratarse como un instrumento ornamental fuera de la música clásica, e incluso dentro de la música orquestal a veces. Así que sí, creo que todavía tengo que justificar su presencia en el jazz en ciertos espacios, aunque estoy segura de que es mucho más fácil para mí de lo que fue para los artistas que vinieron antes que yo.
Al mismo tiempo, creo que las percepciones están cambiando lentamente a medida que más gente escucha el instrumento en distintos contextos y se da cuenta de cuánto rango y profundidad tiene realmente. Decidí bastante temprano que el arpa sería mi instrumento principal. En la secundaria también tocaba flauta y trombón, pero estudiaba arpa en forma privada, y cuando terminé la escuela ya sabía que ese era el instrumento que quería seguir de manera completa.

-Muchos críticos te ubican inevitablemente en la línea de Alice Coltrane y Dorothy Ashby. ¿En qué momento ese legado dejó de sentirse como presión y pasó a ser una conversación más abierta con ellas?

-Al principio, honestamente, no se sentía como presión porque yo elegí intencionalmente destacar su música. Antes incluso de pensar del todo en una carrera propia, interpretaba su música. Sentía que tanto Coltrane como Ashby no estaban plenamente respetadas ni reconocidas como merecían dentro del mundo del arpa y del jazz, así que quería ayudar a poner más atención en sus contribuciones y composiciones. Con el tiempo, sin embargo, empezó a sentirse menos como cargar un legado y más como estar en conversación con ellas de manera artística. Eso llevó muchos años de tocar su música, de celebrar su obra, y del esfuerzo colectivo de muchos músicos y oyentes que siguieron manteniendo viva su música (y la música del arpa).

Foto: Erin Patrice OBrien scaled

-¿Qué discos o músicos tuvieron el mayor impacto en vos y te empujaron a encontrar tu propio camino musical?

-Alice Coltrane y Dorothy Ashby obviamente tuvieron un impacto enorme en mí porque colocaron al arpa en el centro de la música fuera del mundo clásico, casi en el rol que tradicionalmente ocuparía un piano o una guitarra. Pero más allá de eso, gran parte de la música que formó mi camino artístico vino del R&B, el funk/soul y el gospel, especialmente el R&B de los años 60 y 70. Escuchaba artistas como Curtis Mayfield, Earth, Wind & Fire, The Gap Band, Marvin Gaye, Michael Jackson, y la lista sigue. Creo que esa música me ayudó mucho a desarrollar mi propio lenguaje musical e imaginar el arpa dentro de esos estilos de manera natural, con mucho groove

Gadabout Season sugiere movimiento, viajes y búsqueda personal. ¿Qué descubriste sobre vos misma viviendo tanto “en tránsito” entre giras, hoteles y escenarios?

-Esa es una pregunta realmente muy pensada. Mi signo (astrológico) es cáncer y soy alguien que realmente disfruta estar en casa, así que vivir constantemente en tránsito entre aeropuertos, hoteles y conciertos puede ser emocionalmente incómodo a veces. Pero creo que Gadabout Season me enseñó que la incomodidad y el crecimiento suelen estar conectados. Las giras pueden ser agotadoras físicamente, largos días de viaje, falta de sueño, movimiento constante, pero una vez que llegás, tocás la música y te conectás con la gente después, casi siempre se siente que vale la pena. Creo que el álbum refleja esa idea tanto literal como emocionalmente. A veces el proceso de encontrar la alegría o encontrarte a vos misma requiere atravesar primero la incomodidad. Y una cosa que aprendí es no tenerle miedo a esos momentos incómodos, porque del otro lado normalmente existe algo aún mejor.

-Hay algo muy contemporáneo en tu música: jazz, pero también R&B, hip hop, loops y texturas ambientales. ¿Sentís que todavía hay prejuicios en el jazz hacia músicos que crecieron escuchando de todo a la vez?

-No creo que haya prejuicio contra músicos que crecieron escuchando muchos tipos de música distintos. Honestamente, creo que esos músicos suelen convertirse en los artistas más interesantes porque traen tantas influencias a lo que crean.
Dicho eso, sí creo que todavía puede haber cierto sesgo dentro de algunos espacios o escenas del jazz. Hay lugares y audiencias que prefieren un enfoque tradicional muy específico del jazz, mientras que otras personas están más abiertas a música que mezcla jazz con hip hop, R&B, texturas ambientales u otros géneros. La definición de qué es y qué puede ser el jazz se amplió mucho con los años y es importante que sigamos manteniendo los oídos y el corazón abiertos a su evolución. Mientras la base sea sólida, el cielo es el límite.

-Grabaste parte de Gadabout Season usando el arpa restaurada de Alice Coltrane. Más allá del simbolismo histórico, ¿qué sentiste emocionalmente al tocar ese instrumento cargado de memoria?

-Fue increíblemente especial poder tocar el arpa de Alice Coltrane y especialmente significativo poder tocar mi propia música en ella. La primera vez que me senté frente al instrumento, antes de Gadabout Season, honestamente fue casi una experiencia extracorporal. Pero esta vez fue distinto porque tuve el arpa conmigo todos los días mientras hacía el álbum. Pude practicar en ella cada mañana y realmente dedicar tiempo a desarrollar mi propia voz y sonido en el instrumento. Casi sentí como si me hubiera dado una especie de permiso para simplemente ser yo… para ser auténticamente yo misma. Qué bendición.

-Tu música suele describirse como “etérea”, “angelical” o “espiritual”, palabras que muchas veces se usan automáticamente cuando se habla del arpa. ¿Te interesa también romper con esa imagen más ornamental del instrumento?

-Sí, absolutamente. Por supuesto, no se puede escapar completamente de la cualidad etérea natural del arpa, eso es parte del sonido y la belleza del instrumento. Pero me interesa mucho expandir la manera en que la gente lo escucha y lo entiende.
Gran parte de mi música es mucho más rítmica, basada en el groove o incluso agresiva a veces, y creo que eso sorprende a los oyentes que sólo asocian el arpa con un sonido delicado u ornamental. Para mí, es importante que la gente escuche el instrumento de formas nuevas e inesperadas.

Foto: Erin Patrice OBrien scaled

-Hay momentos en Gadabout Season que suenan más tensos, incluso oscuros. ¿Te interesaba alejarte de la idea de que la música contemplativa necesariamente tiene que ser suave o pacífica?

-Honestamente, no estaba pensando conscientemente en alejarme de esa idea. El arpa es simplemente el instrumento que uso para comunicar lo que sea que estoy tratando de expresar. Así que si la música suena tensa, emocional, oscura, alegre o reflexiva, es simplemente una extensión natural de lo que sentía mientras la creaba. Creo que la gente suele asumir que el arpa sólo puede comunicar suavidad o paz, pero como muchos instrumentos, es capaz de expresar todo el espectro emocional. “Breaking Point” es la más agresiva mientras que “Unswept Corners” es más sensual. Creo que “Reflection Eternal” es la más contemplativa de todas.

-Trabajaste con artistas tan distintos como Common, Lauryn Hill y Drake. ¿Qué aprendiste del mundo del hip hop que después incorporaste a tu trabajo como bandleader?

-Una cosa que realmente aprendí del hip hop es la importancia de la colaboración y la comunidad. Mi primera sesión importante con un sello grande fue con Cassie, seguida por Common, y me sorprendió cuánta gente contribuía creativamente a dar forma al proyecto final. Como decimos, “todos manos a la obra”. Había un verdadero sentido de familia y energía colectiva en esos entornos, y eso es algo que llevé a mi propio trabajo como bandleader. Vengo de un entorno muy familiar y creo que naturalmente intento crear esa misma sensación dentro de mis bandas y proyectos creativos.

-En varias entrevistas hablaste de la importancia de las pioneras afroamericanas que tocaban el arpa. ¿Sentís que parte de tu trabajo también implica reconstruir una historia que el jazz dejó incompleta?

-Sí, lo siento así, aunque creo que “continuar” la historia es quizás una mejor palabra que “reconstruirla”. Esas artistas ya crearon un legado increíble. Mi rol es continuar ese trabajo lo suficientemente fuerte como para que ya no pueda ser ignorado. En los últimos años realmente se siente que el arpa está teniendo un momento en muchos géneros distintos, y eso es muy emocionante de ver. Me hace sentir que el trabajo que muchos de nosotros venimos haciendo para expandir la visibilidad del instrumento realmente está conectando con la gente.

-Tus discos suelen sentirse muy narrativos, casi cinematográficos. ¿Componés pensando en imágenes, escenas o estados emocionales específicos?

-Definitivamente compongo pensando en estados emocionales, especialmente con Gadabout Season. Ese álbum nació de atravesar un rango muy amplio de emociones y cada pieza refleja una parte distinta de ese recorrido emocional. Y gracias por describir la música como narrativa o cinematográfica, porque esa era absolutamente mi intención. Quería que el álbum pudiera contar una historia y comunicar emoción sin necesidad de palabras.

-El jazz contemporáneo parece vivir en una tensión interesante: por un lado músicos muy virtuosos, y por otro un enfoque más atmosférico y emocional. ¿Dónde te ubicás dentro de esa conversación?

-Creo que probablemente existo en algún lugar justo en el medio de esa conversación. Mi enfoque compositivo es claramente muy guiado por la emoción, pero mi base y formación son profundamente tradicionales. Por eso valoro naturalmente ambas cosas: la narración emocional y una técnica musical sólida. Idealmente, quiero que la música se sienta emocionalmente honesta pero también fundamentada en un alto nivel de musicalidad.

Foto: Erin Patrice OBrien scaled

-Grabaste Gadabout Season en tu casa, lejos del estudio tradicional. ¿Cómo cambió eso la dinámica humana y musical del trío?

-Grabar Gadabout Season en casa cambió la dinámica de una forma muy hermosa porque creó un entorno completamente íntimo. La mayor parte del tiempo éramos sólo nosotros tres, o el trío más el artista invitado que estuviera ese día.
No había ingenieros externos, ni personal del sello, ni opiniones extra en la sala, así que pudimos crear con mucha libertad y naturalidad. Creo que esa intimidad permitió que la música reflejara la confianza y el vínculo familiar que desarrollamos durante muchos años tocando juntos.

-Rashaan Carter y Allan Mednard tocan con vos desde hace años. ¿Qué tipo de confianza se desarrolla cuando ya casi no hace falta explicarse verbalmente?

-Exactamente el tipo de confianza que describís. Con el tiempo, tocar juntos se vuelve casi instintivo. Se desarrolla una familiaridad muy profunda, donde muchas veces podés anticipar lo que el otro va a hacer musicalmente antes de que lo haga.
Rashaan, Allan y yo tocamos juntos hace muchos años, así que hay una dinámica realmente familiar entre nosotros. En muchos sentidos es como cualquier relación cercana donde eventualmente no necesitás explicar todo verbalmente porque la comunicación ya está entendida.

-Algunos músicos sienten que el jazz todavía carga con cierta solemnidad. ¿Te interesa correr al jazz de una imagen demasiado académica?

-Mi música tiene que reflejar quién soy como persona, y mi personalidad es naturalmente bastante “happy-go-lucky”. Incluso cuando la música se vuelve más oscura o pesada emocionalmente, sigue viniendo de un lugar muy humano y personal. Cuando escucho a artistas como Ahmad Jamal, especialmente grabaciones como “On Green Dolphin Street” o “Poinciana”, escucho alegría tanto como sofisticación. Para mí, el jazz nunca fue sólo intelecto o complejidad. Es tanto sensación, atmósfera, belleza y conexión.

-En un momento donde todo parece acelerado y fragmentado, ¿qué puede ofrecer hoy una música tan ligada a la escucha, el silencio y el detalle?

-En un momento donde todo es tan rápido y fragmentado, creo que la música basada en la escucha, el silencio y el detalle le da a la gente la oportunidad de desacelerar y reconectar consigo misma. Vivimos en un mundo de distracción constante, información constante y cambios rápidos de atención. Esta música invita a mirar hacia adentro por un momento, a estar más quietos, reflexivos y presentes, tanto con uno mismo como con los demás.
Creo que ese tipo de experiencia es cada vez más valiosa hoy.

-¿Conocés músicos o escenas argentinas?

Más allá del tango, que por supuesto es conocido en todo el mundo, gran parte de mi conexión con la música argentina viene en realidad a través del repertorio del arpa. Trabajamos con la música de Astor Piazzolla y tengo un estudiante que está trabajando actualmente en su Libertango y otro en su Histoire du Tango. También disfruté mucho aprender piezas como “Chiquilín de Bachín”. Muchas de estas obras fueron escritas originalmente para guitarra u otros ensambles, pero se traducen muy bien al arpa.
En cuanto a la escena actual del jazz argentino, no estoy muy al tanto y pienso salir a recorrer las calles cuando esté allí. Pasaré unos días después de los shows y planeo ir a algunos clubes.

Foto: Erin Patrice OBrien scaled

Brandee Younger Trío

Brandee Younger (arpa), Rashaan Carter (contrabajo) y Allan Mednard (batería). Domingo 24 y lunes 25 de mayo a las 20 y 22.30 h en Bebop Club, Uriarte 1658 (CABA).

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