El hábito de Pablo Fernández nació durante la pandemia. La rutina transformada por el home office comenzó a incorporar caminatas al mediodía por las calles porteñas, con la mirada puesta en las fachadas. Las fotos tomadas con el celular se fueron acumulando, se volcaron a una cuenta de Instagram y conformaron un archivo que ya dio lugar al primer libro (y se proyecta el segundo): Buenos Aires revelada, fachadas de la ciudad cotidiana.

Fernández, graduado y docente en Ciencias de la Comunicación, se define como “aficionado a la fotografía con celular y a la arquitectura de Buenos Aires”. De las más de tres mil fotografías de fachadas que integran su archivo, eligió 110 para su primer libro, publicado por Editorial Olivia a fines del año pasado.

La portada refleja el eje de su obra: el frente de una casa en un pasaje del barrio de Monte Castro. Una construcción antigua tipo chorizo, sin la imponencia de las obras que ilustran las postales pero con rasgos icónicos de los barrios porteños. Tanto, que entre quienes siguen su publicación de fachadas muchos la confundieron con la vivienda donde se filmó el clásico Esperando la Carroza, ubicada a pocas cuadras.

Buenos Aires revelada: homenaje y testamento de las fachadas de la ciudad

Homenaje y testamento

En los próximos días entrará a imprenta la segunda edición de Buenos Aires revelada. Con un cambio significativo: el nuevo libro refleja que tres de las fachadas retratadas ya fueron demolidas o tienen los días contados. “Hay fotos que nacen como un homenaje y terminan siendo un testamento”, concluye el autor.

Si bien el objetivo del libro no fue transmitir un mensaje político, el contexto de demoliciones crecientes y pérdida de patrimonio lo convirtió en un contenido con carga extra. “Sin buscarlo premeditadamente, el registro de cosas que empiezan a desaparecer se vuelve más importante. Mi Instagram era mi álbum de figuritas, pero todo termina siendo político. Hoy cobra más relevancia que nunca la tarea de registrar”, sostiene Fernández.

La misión es compartida por muchos otros profesionales y vecinos en general que denuncian la avanzada inmobiliaria contra el patrimonio porteño. De hecho, el libro está prologado por la arquitecta Natalia Kerbabian, creadora del proyecto Ilustro para no Olvidar, que recientemente generó otro libro en rescate de la ciudad demolida: Memoria de Buenos Aires (Ediciones Futurock), en coautoría con Fabio Márquez, alias Paisajeante.

“No creo en una ciudad-museo, donde no se pueda tocar nada, pero que no digan que todo lo que se demuele es para paliar la enorme crisis habitacional, porque no es así. Si me dijeran que un montón de gente va a tener vivienda digna para sacrificar patrimonio, hagámoslo. Pero no está sucediendo”, sentencia.

Buenos Aires revelada: homenaje y testamento de las fachadas de la ciudad

Tribu de observadores

Las caminatas en busca de fachadas comenzaron en Almagro, donde vivía el autor. Se mudaron luego con él y su compañera de ruta a Balvanera. Y se ampliaron a otros barrios, como La Boca, Montserrat, Flores. No todos los barrios están retratados, aunque la idea es que el mapa de fotos crezca para un segundo libro.

Las fachadas elegidas incluyen obras de arquitectos como Francesco Gianotti y Julián García Núñez, pero también muchas otras que son obras anónimas. “No me gusta retratar la Buenos Aires de las postales, que ya está muy bien hecha, sino la de la casa perdida”, dice Fernández. Entre esas ‘casas perdidas’, el descubrimiento es constante: en uno de sus últimos paseos, en La Paternal, conoció una serie de viejas casas chorizo que se convertirán en nuevos retratos. “Es una tipología súper porteña que me encanta y está casi en desaparición”, lamenta.

Con el paso del tiempo, el archivo se fue nutriendo también de observaciones de otros y otras. Seguidores que aportan el dato de tal vivienda en riesgo de demolición o tal fachada que merece ser registrada. “Estoy muy atento cuando camino, pero también pasa que me escriben para decir ‘tal casita te puede gustar’. Eso me maravilla. Que la gente se tome el trabajo y se ponga a mirar la ciudad que nos rodea. Lograr eso no era mi objetivo, pero da un orgullo especial que se forme una tribu de observadores”.

Buenos Aires revelada: homenaje y testamento de las fachadas de la ciudad

Una ciudad que se nos va

Después del libro, las caminatas en busca de fachadas continúan. “Ahora la búsqueda se volvió más política, más consciente”, dice sobre la necesidad de registrar ante el avance de las demoliciones.

“Muchas veces las casas que fotografío no están protegidas, entonces el registro está bueno. Además cada vez encuentro más propiedades de protección desestimada”, apunta sobre los criterios del Gobierno de la Ciudad para resguardar o no determinados inmuebles. “Cada vez que saco una foto busco información sobre el lugar, averiguo si está protegido. Los criterios por los que se protege o desprotege no están del todo claros”.

El Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales (CAAP) es el que evalúa y asesora sobre proyectos que inciden sobre el patrimonio porteño. Desde 1997 revisa obras, catalogaciones y demoliciones de inmuebles anteriores a 1941. Según el colectivo Basta de Demoler, de 141.000 edificios anteriores a 1941, solo consideró 18.000 como valiosos; hay 3.195 protegidos por ley y 3.875 esperando protección (hasta agosto de 2025).

De las caminatas pandémicas y la afición a la fotografía por celular, al registro como herramienta de memoria y defensa del patrimonio: “Hoy, capturas como las mías y las de muchas y muchos de ustedes son el último testimonio de una ciudad que se nos va de las manos entre escombros y cemento nuevo”.

“Lo que no se cuida desaparece para siempre”

Entre las fotos que eligió Pablo Fernández para su primer libro sobre fachadas hay tres construcciones retratadas que están dejando de existir. Lo supo tras la publicación del libro. Se trata de inmuebles en Amenábar y Zabala (Colegiales), en Avenida Coronel Díaz 1884/86 (Palermo) y en Darwin 1251 (Villa Crespo).

“Llevaban mucho tiempo abandonadas y, en algunos casos, tapiadas, como si el descuido fuera el permiso necesario para que la piqueta avance. Al fotografiarlas, quise rescatar algo de su espíritu y valor originales, pero no imaginé que el proceso sería tan vertiginoso”, escribió en su cuenta de Instagram al conocer el destino de esas fachadas. “Esto refuerza por qué visibilizar nuestro patrimonio arquitectónico es tan urgente: lo que no se cuida y no se nombra desaparece para siempre. Lo que hoy queda de ellas es este registro visual –compartió-. Deseo fervientemente que para marzo, cuando esté disponible la segunda edición, ninguna fachada más de las que la integran haya desaparecido”.