Nadie puede llamarse a engaño. Con Donald Trump las cartas están sobre la mesa, lo que facilita cualquier interpretación sobre sus verdaderos propósitos, mal que les pese a propios y ajenos. El encuentro de este viernes en la Casa Blanca con los CEOs de las grandes petroleras mundiales fue la explicitación más clara del “nuevo orden trumpista” para Venezuela, mientras que las nuevas amenazas contra Groenlandia dejan a Europa en posición de debatir de dónde les viene el peor peligro, si del este, con el monstruo que supieron construir en Vladimir Putin, o del oeste, con el “amigo americano” al que todavía aplauden mansamente. El secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fue seguramente el último clavo en el ataúd del “mundo basado en reglas” de las que hacían gala los anteriores gobiernos estadounidenses, y quizás la única voz de advertencia de peso hoy día sea la del papa León XIV, que en una audiencia ante casi medio millar de diplomáticos de 184 países en el Vaticano dijo que “la guerra vuelve a estar de moda” y señaló puntualmente que «se ha roto el principio establecido tras la Segunda Guerra Mundial, que prohibía a los países utilizar la fuerza para violar las fronteras ajenas».
La semana posterior a la incursión terrorista sobre Venezuela dio pasto para análisis de todos los colores sobre lo que ocurrió en la madrugada del sábado pasado y cómo quedaban las fichas tras el secuestro de Maduro. Pronto la niebla se disipó y tras la asunción como presidenta encargada (interina) de Delcy Rodríguez, el mundo siguió andando a su nuevo ritmo. La hasta ahora vicepresidenta fue esquivando las chanzas y provocaciones de Trump y avanzó hacia un grado de normalización de las relaciones entre Caracas y Washington, al tiempo que la petrolera nacional PDVSA confirmaba acuerdos para la venta de crudo a EE UU.

Un incidente con un buque petrolero que mostraba bandera rusa y que navegaba en el Atlántico Norte hizo temer por un enfrentamiento directo entre las dos potencias. La sucesión de hechos sugiere que los gestos son más elocuentes que mil palabras: se sabía que Putin tenía “la pelota sobre el tejado” tras el ataque con drones ucranianos interceptados cerca de su residencia en Nóvgorod. Ese hecho, unos días antes del secuestro de Maduro, indicaba que occidente no se andaba con chiquitas, de modo que la respuesta, con el “as en la manga” del misil hipersónico Oreshnik no se hizo esperar. El Mando Aéreo Oeste de la Fuerza Aérea de Ucrania confirmó que el misil “se desplazaba a una velocidad de aproximadamente 13.000 kilómetros por hora en una trayectoria balística” sus seis cabezas convencionales impactaron en instalaciones energéticas en la región de Lviv, en el oeste y cerca de la frontera con Polonia.
El clima está bastante espeso entre los que quieren consolidar el mundo multipolar contra la hegemonía estadounidense, que se alían en el BRICS. En China, el gran enemigo, el presidente Xi Jinping convocó al Politburó y salió con los botines de punta contra la incursión estadounidense, que afecta directamente los intereses del gigante asiático, comprador principal del petróleo venezolano. El otro proveedor, Irán, esta sufriendo una ofensiva interna de imprevisibles consecuencias. Teherán denuncia a las administraciones de Trump y de Benjamin Netanyahu. Beijing sospecha lo mismo.

Mientras Trump repite provocaciones contra México y hace un guiño a Gustavo Petro –a quien recibiría en breve tras una conversación en que parecen haber hecho las paces- la tiene complicada en el frente interno por el asesinato en Minneapolis de una activista contra las redadas antimigratorias, Renee Nicole Good, acribillada por un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE en inglés). En el Congreso, en tanto, todos los senadores demócratas y un puñado de republicanos aprobaron (52 votos a favor y 47 en contra) una resolución que trata de impedir aventuras intervencionistas sin aprobación legislativa.
Netanyahu también enfrenta sus cuitas por muerte del juez Benny Sagi, atropellado por un auto cuando conducía su motocicleta cerca de kibutz Kfar Menachem, en territorio palestino ocupado. Sagi, de 54 años, era presidente del Tribunal del Distrito de Beresheba, que investiga causas de corrupción contra el primer ministro, entre ellas el llamado «Caso 3000», sobre la compra de submarinos y buques a Alemania.
El secretario de Estado, Marco Rubio, a todo esto, si bien se destaca por ser el impulsor de la ofensiva contra Venezuela y el Caribe en general, da señales de que busca darle un barniz institucional al operativo y habla de un plan de tres fases. En la primera está el tema de la apropiación del petróleo, una segunda etapa se habla de la “recuperación del sector petrolero”, que tras años de bloqueos está bastante golpeado, y la tercera, lejana, sería avanzar hacia un proceso democrático.
Pero el jefe de Estado puso quinta velocidad y este viernes reunió a directivos petroleros para plantearles su plan. Le puso un número al desafío, costaría unos 100.000 millones de dólares, pero con un pequeño inconveniente para la voracidad de esos jugadores: deberán ser dólares propios. “No necesitan dinero público, pero sí protección del Gobierno y seguridad de que recuperarán su inversión y obtendrán un retorno muy bueno”, garantizó. No se fueron muy convencidos.

El que sí hizo pingües beneficios con la crisis venezolana y la apropiación de activos de esa nación en el exterior fue nuestro conocido Paul Singer. El hombre, dueño de un fondo buitre acostumbrado a lucrar con las desgracias de países que padecen alguna forma de acoso judicial, en la Argentina litigó por bonos de deuda en default del 2001 cuyos tenedores no aceptaron la refinanciación durante los gobiernos kirchneristas. Eran 177 millones de dólares que se convirtieron así en 2280 millones que Mauricio Macri pagó sin chistar ni bien asumió, en 2016.
Con maniobras semejantes, la cadena de refinerías y estaciones de servicio Citgo de Estados Unidos, de propiedad de PDVSA, fue llevada a situación crítica y en noviembre pasado el juez Leonard Stark, de la Corte del Distrito de Delaware, donde se sustanciaba su quiebra, dictaminó la venta de sus acciones al fondo Elliot Investment Management. Por 5900 millones de dólares, el fondo fundado en 1977 por Singer se llevó una joya de la corona venezolana valuada en 2023 en hasta 40.000 millones y 20.000 millones en 2025. Un negocio redondo que Trump viene a consolidar. Algo es algo.

Oreshnik, el nombre de la «vendetta» rusa
Un comunicado de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) informa que Rusia atacó el oeste de Ucrania con “242 drones suicidas, 13 misiles balísticos Iskander-M/S-400, 22 misiles de crucero Kalibr y un misil balístico de mediano alcance Oreshnik” y murieron al menos cuatro personas, con unos 60 heridos.
El misil hipersónico impactó en el distrito de Stryi, Lviv, cercano a la frontera con Polonia, y destruyó “la instalación subterránea de almacenamiento de gas Bilche-Volytsko-Uherske”. Se trata de la planta “más grande de Ucrania y estratégicamente importante para toda Europa”, puntualiza.
“La situación más crítica es el suministro de calor”, lo que con la ola de frío -se calcula que en los próximos días habrá hasta 20 grados bajo cero- deja a más de 1,7 millones de personas sin calefacción y obligará a cortes de electricidad a otros 2,5 millones de personas.
El ministerio de Defensa de Rusia dijo el viernes que «en respuesta al ataque terrorista del régimen de Kiev contra la residencia del presidente de la Federación de Rusia las Fuerzas Armadas lanzaron un ataque masivo con armas de precisión de largo alcance con base en tierra y mar, incluido el sistema móvil terrestre de misiles de alcance intermedio Oreshnik, contra instalaciones de importancia crítica en territorio de Ucrania».