El festival de Cannes llega a su fin y, como todos los años, empieza aquí el juego de las candidatas, la discusión para definir qué película se quedará con la Palma de Oro y los premios principales, y cuáles lo merecerían. Como casi siempre sucede, jurado, crítica y público no suelen estar de acuerdo, por lo que adivinar ganadoras es un juego difícil hasta para quienes se dedican a las apuestas. ¿Será la que tuvo más minutos de ovación tras la función? ¿La mejor votada en los rankings de la crítica? ¿O será uno de esos caprichos que suelen darnos los jurados? Todo se sabrá esta noche, a partir de las 20 horas de aquí, cuando se entreguen los premios en la ceremonia de cierre.

Si uno recorre la prensa especializada se topará con varios candidatos. Entre los principales están Minotauro, del ruso Andrey Zvyagintsev, un thriller con connotaciones políticas que cayó muy bien en los diversos nichos de espectadores, usualmente divididos entre crítica, industria y público común. Remake de un film francés de Claude Chabrol, transcurre durante los inicios de la guerra con Ucrania, pero mayormente se centra en un empresario que se entera de que su mujer lo engaña con otro hombre. Más políticamente incorrecta por su áspera crítica al sistema estatal de protección infantil en Noruega, la película Fjord, del rumano Cristian Mungiu, podría sumarse a esa lista al contar la historia de una familia católica rumana que se muda allí y cuyas tradiciones y costumbres no son bien vistas en ese país.

Pero, habiendo un presidente del jurado de origen asiático —el realizador coreano Park Chan-wook, de Oldboy—, no habría que descartar premios al cine de sus vecinos, como el japonés Ryusuke Hamaguchi, que presentó la celebrada All of a Sudden, un drama sobre los esfuerzos de una médica por mejorar el trato hacia los pacientes de un geriátrico y que fue ovacionado aquí. Y la tercera seria candidata es Fatherland, de Pawel Pawlikowski, drama de época en blanco y negro sobre la vida del escritor alemán Thomas Mann, que regresa a su país por primera vez en 1949 y es testigo de la destrucción causada por los nazis y la Segunda Guerra Mundial. A todos ellos habría que sumarles, un poco por motivos sentimentales, a Pedro Almodóvar, cuya autobiográfica y autocrítica película Amarga Navidad —protagonizada por Leonardo Sbaraglia y con estreno en cines el 28 de mayo— confirma que el talentoso cineasta español ya lleva cinco décadas haciendo gran cine. Y que merecería este premio, que jamás obtuvo.

Cannes 2026 entra en su recta final y ya hay favoritas para la Palma de Oro

Pero los últimos días trajeron novedades y potenciales agregados a esa lista de candidatas. La principal —recibida con una ovación de más de 15 minutos, si es que eso es medida de algo— es la película española La bola negra, de la dupla Javier Ambrossi y Javier Calvo, conocidos como Los Javis. Famosos por series de televisión como Paquita Salas, Veneno y La Mesías, los realizadores españoles tomaron una novela inconclusa de Federico García Lorca e inventaron, a partir de ella, una posible continuación y una saga que explicaría las razones por las que se perdió, conectando varias generaciones y familias españolas en una historia que trata sobre las vidas secretas de los homosexuales en la España franquista. En tres tiempos narrativos, con Penélope Cruz y Glenn Close en roles secundarios, el film es un melodrama bastante pomposo y sobrecargado, pero sus modos poéticos han convencido tanto a espectadores como a parte de la crítica.

Cannes acostumbra a poner las películas que considera más “difíciles” en sus últimos días, quizás porque ya queda poca industria y solo permanecen los críticos, que las aprecian más. Y así es que dejaron para el final a The Dreamed Adventure, mezcla de drama y thriller gangsteril de la realizadora alemana Valeska Grisebach que transcurre en un pequeño pueblo de Bulgaria. Este fascinante y pausado film de casi tres horas, de la directora de Western, sigue a una mujer que trabaja como arqueóloga mientras intenta lidiar con un par de bandas mafiosas que se disputan el control de diversos negocios en esa zona fronteriza con Turquía y Grecia. No aparenta ser una de las películas que suelen premiar los jurados, pero siempre puede haber sorpresas.

Dos buenas películas completan la competición por la Palma, ambas con posibilidades de quedarse con algún premio menor. Una es Coward, drama bélico de Lukas Dhont en el que se cuenta una historia de amor entre dos soldados que forman parte de una troupe teatral dentro de un pelotón belga durante la Primera Guerra Mundial. Y la otra es The Man I Love, otra película centrada en un protagonista homosexual, en este caso un actor neoyorquino (Rami Malek, el de Bohemian Rhapsody), enfermo de sida en los años ‘80, que trata de poner en escena la que posiblemente sea la última obra de teatro de su carrera, acompañado por colegas, amantes y amigos. Ambas películas fueron bien recibidas, pero no de esa manera explosiva que augura grandes premios.

Llega así al final una nueva edición de Cannes, una que tuvo una participación más de la Argentina: el corto Para los contrincantes, de Federico Luis, realizador que ya trajo aquí años atrás Simón de la montaña y que compite por la Palma de Oro al mejor cortometraje. El film, que transcurre en México y tiene producción mayoritaria de ese país, se centra en las experiencias de un niño boxeador antes, durante y después de una pelea que se le presenta difícil. En pocos minutos, el director argentino logra retratar los sufrimientos, esfuerzos y sacrificios en el ring de un niño que —queda claro con el paso de los asaltos— debería estar jugando y disfrutando con sus amigos en lugar de exponer su físico y su rostro sobre un ring a esa altura de su vida. De quedarse con el gran premio en su categoría, sería una bienvenida sorpresa para el alicaído cine nacional, que no tuvo en el festival presencia oficial alguna.

* Enviado especial