En la vida del gran actor Carlos Belloso la realidad y la ficción se entreveran por estos días de manera extravagante. Es que el próximo miércoles estará reestrenando en el Chacarerean Teatre El aparato, un unipersonal singularísimo presentado al público por primera vez en noviembre, que presagió de alguna manera el extraño derrotero de Milei hasta llegar al poder. La obra, escrita y actuada por Belloso, dirigida por Hernán “Curly” Jiménez, podría definirse como una distopía cómica que se ambienta en una sociedad futura y toma como punto de partida el error de un técnico operario en impresiones 3D: el personaje, enfrascado en reproducir seguidores para un régimen dictatorial que se queda sin adeptos, imprime sin querer a un dictador supremo, El Gran Otro, que se parece un montón a Milei. En esa sociedad disparatada la gente ha dejado de pensar. La genialidad interpretativa de Belloso se complementa en vivo con proyecciones de mapping, que van recreando sobre el escenario vacío diferentes atmósferas y amplificaciones de los personajes en los que se desdobla el actor. El resultado es una distopía muy argenta abrazada al minuto a minuto de nuestra realidad.

“Lo más loco es que el espectáculo fue pensado como una advertencia mía y ahora todo está pasando. ¡Estoy en medio de una pesadilla contándola!”, admite a Tiempo en la cocina de su casa del barrio de Chacarita, un PH a mitad de un largo pasillo donde se apaga la ruidosa Corrientes. “Las primeras funciones, en noviembre, eran más de lectura sobre cómo estamos como sociedad. Después vino el balotaje y después las últimas funciones en diciembre con Milei ya presidente. Con Curly no podíamos creerlo. Imaginamos un disparate y se cumplió”.

-¿Cómo se fue gestando esta “pesadilla teatral” que se espeja ahora en nuestra coyuntura nacional?

-Con Curly empezamos a trabajar en esta distopía hace dos años. Yo ya venía observando a Milei como diputado y quería que en la obra hubiera un dictador. Pensé en Bullrich, en Macri. Milei era el más caricaturesco ¡y al final mirá! Para escribir me apoyé en 1984, de George Orwell, y también me nutrí de mucha literatura específica sobre políticas neoliberales. De 1984 sumé cuestiones que me parecen tendencia de ahora, como un poscapitalismo que se esmera en dejar rápidamente un tendal de muertos o excluidos. Uno de los libros que más me interesó es El realismo capitalista, de Mark Fisher, que plantea los síntomas actuales de las sociedades neoliberales muy extremas. Fisher se suicidó en 2017, venía del ciberpunk. Así llegué a las teorías aceleracionistas, que son peores… Proponen liberar el capitalismo al mango, dejarlo sin restricciones ni control alguno: gobiernos a lo Thatcher, que plantean que no hay alternativas y que las sociedades como tales no existen, sino solo los individuos. Los aceleracionistas creen justamente en llegar rápido a un poscapitalismo extremo.

-Esta modalidad de capitalismo mileísta pareciera tener todo de intempestiva y deshumanizada.

-En el espectáculo hablo de eso, de esa deshumanización que provoca la tecnología. Los aceleracionistas están muy ligados a la tecnología. Creen en el poshumanismo, en que inteligencia artificial tarde o temprano va a reemplazarnos y tomará decisiones por nosotros. Para eso es necesario que vayamos deshumanizándonos. Hay teóricos de la política y de la filosofía que vinculan estas experiencias actuales de derecha pura y exclusivamente con la singularidad tecnológica. Vengo observando hace rato con preocupación la tendencia de las mayorías hacia el neoliberalismo. Y me alarma, porque una instancia final de todo eso sería un poscapitalismo pensado para un mundo de 10 mil personas.

Belloso, un actor multifacético.
Foto: Diego Díaz

-El estreno de la obra se dio en paralelo con el proceso electoral y la asunción presidencial. ¿Fueron cambiando tus sensaciones en escena en ese trance? ¿Qué comentarios te llegaban del público?

-Mis sensaciones cambiaban todo el tiempo. ¡Y lo nervioso que iba a escena los días previos a las elecciones habiendo escuchado noticias antes! Después de los aplausos también notaba a la gente con ganas de seguirla. Y yo no podía porque venía enseguida otra función. También nos dejaron muchos comentarios en Alternativa Teatral mencionando lo fuerte que de hagamos esto justo ahora. La realidad le pisó los talones a ese mundo orwelliano que yo había imaginado.

-¿El teatro siempre tiene que ser una propuesta de reflexión?

-El teatro es todo… Es la propuesta de reflexión, de conmoción, de emoción. Es además algo estético. Es realmente una expresión artística muy completa.

-¿Qué querés transmitirle al público con este unipersonal?

-Es una invitación a debatir. El primer mensaje que me surgió cuando lo escribía fue que no votemos a la derecha nunca más. Pero desde el estreno pasaron cosas, la mayoría votó a un presidente de derecha extrema y entonces el mensaje de la obra cambió. Ahora podría ser… ‘Mirá, todo puede ser peor’. Ese es un latiguillo que repito mucho en la obra, una suerte de slogan político del dictador, como el “No hay plata” de Milei. Pero hablando en serio, peor que esto que nos está pasando como país, es la muerte. Por eso creo que los artistas tenemos que involucrarnos más en el debate político y ser referentes, compartir abiertamente lo que pensamos políticamente e invitar a la gente a debatir.

-¿Y a vos qué tipo de política te interesa? ¿A quién seguís?

-Yo soy más de izquierda latinoamericana, no la tradicional. Adhiero a Juan Grabois. Si perteneciera ahora a un partido sería Patria Grande. El año pasado también apoyé a Leandro Santoro en Capital Federal. Me simpatizan porque ponen en el centro lo humano. Nos hablan a las personas. La política ya no le habla a las personas.

-¿Qué opinás del anarcocapitalismo que encarna Milei? ¿Qué pasa cuando la práctica política parece copada por el capricho?

-El anarcocapitalismo fue pensado en el siglo XX por Murray Rothbard, quien realmente puso en jaque al Estado porque consideraba que directamente no debe existir, y de ahí que el término “anarquismo” forme parte de la definición. El tema es que si no existe un Estado, la sociedad queda en una situación de desprotección total. Ahí entra el capricho, que está ligado con la perversión del individualismo. Murray y Milei realmente creen que nadie debe ayudar al otro y que se debe avanzar en la vida a fuerza de meritocracia e individualismo.

Foto: Diego Díaz

-¿Cómo te parece que impacta la tecnología en nuestra subjetividad? ¿Cuánto tuvo que ver esta “subjetividad digital” contemporánea, el enfrascarnos en fenómenos de redes y no debatir más a viva voz, en el resultado electoral?

-Milei en sí no pegó un solo cartel de él en la calle diciendo vótenme. Toda la campaña fue por celu. Hay un mundo que se rige con afiches, con campañas, todo lo que tenga que ver con la política. Y hay otro que es el de las redes. Detrás de las redes hay gente que está votando a Milei y multiplicando. Pero en ese grupo también hay gente humilde trabajadora que necesita un cambio y a la que le dijeron votá a este tipo y votaron. Hay varios fenómenos paralelos. Y al mismo tiempo Milei se desembaraza de todos… Se sacó de encima hasta al pibe que le manejaba las redes. En el poder Milei se erige como director supremo de un Estado que -curiosamente- odia, al igual que al país y a su gente.

-¿Cómo te planteás en lo personal el tránsito de este momento social?

-En lo personal tengo trabajo, pero del teatro tampoco se vive. Tengo que generar todo el tiempo. Pero algo que funciona para mí es la austeridad, en general y ahora más, que los grupos concentrados nos están exprimiendo. La austeridad te prepara para los momentos malos y los buenos también. Es algo que me da plenitud. Y ahora estoy enganchado con la tendencia del decrecimiento, que nos propone bajar el consumo, reciclar la basura, reconectar con la naturaleza y con los demás. No pasa por ser más miserables cada día, sino por replantearnos cuántas cosas más necesitamos. Voy en bicicleta a todos lados y soy feliz, aunque me digan roto comprate un auto. La bici me conecta con la gente. Cuando están las cosas muy bien lo hago porque me gusta y cuando está todo mal porque me ahorro muchísimo. «

Foto: Diego Díaz




El aparato, de Carlos Belloso

Dirección: Hernán “Curly” Jiménez. Autoría y actuación: Carlos Belloso. Miércoles a las 20:30 en el Chacarerean Teatre, Nicaragua 5565.


Salvajadas y La mente del poder

Carlos Belloso comenzó el 2024 con varios proyectos actorales que movilizan su creatividad. Además del inminente reestreno de El aparato, el unipersonal distópico que escribió y protagoniza en el Chacarerean Teatre, también está templando sus máscaras para el esperado retorno teatral de Salvajada, una obra de Mauricio Kartun basada en el cuento Juan Darién, de Horacio Quiroga, que el año pasado arrasó en el Teatro Nacional Cervantes y el miércoles 24 se reestrena en el Metropolitan.

“La estrenamos el año pasado y nos sorprendió. Fue de esas obras a sala llena que te impactan, porque cada función es una fiesta de gente y de comentarios hermosos. Nos fue tan bien que decidimos reponerla armando una cooperativa. El espectáculo trata sobre un tigre que ocupa el lugar de un bebé muerto y de una madre que lo cría como al hijo. Somos diez en escena y yo interpreto dos papeles, al inspector y al domador”, detalla Belloso a Tiempo.

Además del teatro, el actor participará este año también de un rodaje para el mundo del streaming: “Estamos filmando La mente del poder, una serie de ocho capítulos para Flow, donde interpreto al vicepresidente de la Nación. Es un thriller psicológico y político que habla sobre un Estado parecido al actual. Es muy interesante. Revela la historia de un outsider que entra a la política y todos los conjuros que se arman a su alrededor. El estreno está pautado para 2025 y tal vez haya una segunda temporada”.