Para las y los cartoneros independientes que viven en el Barrio Mugica o Villa 31, el nuevo año empezó igual que terminó el anterior: con operativos de secuestro de carros por parte del Gobierno de la Ciudad. Quedarse sin carro es quedarse sin herramienta de trabajo, en un contexto en el que las horas de cartoneo cada vez rinden menos.

“Hace dos semanas entraron al barrio otra vez. Se llevaron unos 15 carros, la gente está tratando de recuperarlos. Pero hay que pagar fletes para buscarlos, y a veces no se puede. El mío me lo sacaron el 26 de diciembre: por suerte al otro día lo pude recuperar. Sin carro la gente tiene que ir a un comedor o revisar la basura para comer”, dice Marcelo Acosta, de 36 años.

Los operativos los encabeza el área de Espacio Público, junto a fuerzas de seguridad. “El argumento es que irrumpimos la vía pública con los carros. Pero siendo un barrio popular, que no está urbanizado y no hay señales de ‘prohibido estacionar’, no pueden venir a poner esa regla. El acuerdo era que los podíamos tener pero no en el medio de la calle. Para que si tuviera que pasar una ambulancia, por ejemplo, no estén los carros en el medio. Nunca pasó, somos conscientes de que hay vecinos que respetar y nos cuidamos entre nosotros”, relata Lorena Gómez, referente del grupo de cartoneros independientes del barrio.

Hija, hermana y compañera de cartoneros, se dedica a esta actividad hace 35 años. “Nunca antes sufrí este ataque. No entienden que todos los días necesitamos trabajar. Un día que no salimos, no comemos. Si nos van a sacar este trabajo, que nos den otro”, reclama Gómez.

Lorena y Marcelo son pareja y tienen siete hijos. La más grande estudia Medicina en la universidad. “Siempre el recurso fue salir a cartonear. Nunca nos faltó nada. Con este gobierno, sí. Nos está faltando todo”, lamenta ella. “Se pusieron a hacernos la vida imposible. Como si fuéramos delincuentes. Si los vemos, tenemos que salir corriendo. ¿Qué clase de trabajo podemos hacer con miedo?”, se pregunta él.

Asediados

“Desde diciembre de 2024 los cartoneros del Barrio Mugica vienen siendo asediados por las políticas de Espacio Público de Jorge Macri”, denuncia la legisladora porteña Maru Bielli. “Se han manifestado en más de una oportunidad en la puerta del Ministerio solicitando lo que establece la legislación vigente: tener un carnet para trabajar en la calle. La respuesta que les dan es que eso es a través de cupos en las cooperativas, que a su vez vienen reclamando que se abra la posibilidad de que incorporen cupos, porque cada vez hay más demanda de quienes quieren trabajar”.

Mientras tanto, un proyecto de ley consensuado entre distintos sectores del barrio y ya presentado –a fines de 2025- busca convertir un espacio que hoy es un baldío en centro de guardado de carros y herramientas.  El lugar en cuestión está en la zona de la Containera, sitio en disputa desde hace tiempo, que años atrás fue tomado por mujeres con hijos que no podían sostener un alquiler y reclamaban una solución habitacional. Esas madres fueron desalojadas con la excusa de que se construiría allí la nueva sede de la Escuela Primaria N° 11 ‘Indira Gandhi’, algo que tampoco avanzó.

“Es un espacio cedido a la nada, un baldío lleno de ratas, con lo que eso conlleva para los vecinos linderos. La propuesta es ponerlo en valor y que sea un espacio no solo para guardar sus elementos sino también para formación, para que se convierta en centro de reciclado”, apunta Bielli en diálogo con Tiempo.

Los días sin carro

Florencia Villalba tiene 30 años y una hija de cuatro. “Vivo en el barrio desde muy chica. Soy cartonera desde los 10 años, porque fui abandonada por mi familia y salía por mi cuenta”, relata. Por una discapacidad, se moviliza en silla de ruedas. Sale de su casa alrededor de las seis de la mañana y vuelve hacia las cuatro de la tarde. Muchas veces la acompaña su nena, porque no tiene recursos para pagar una niñera.  

En el último operativo de Espacio Público no se llevaron su carro. Sí lo hicieron en uno de los anteriores: le tomó 48 horas recuperarlo, con la ayuda de un cura del barrio. “Del carro depende darle el plato de comida a mi hija y mantener su techo. En esos días sin carro tuve que ir a ferias, volver a vender en la calle. Pañuelos, lapiceras, medias. Pero tuve muchos episodios con la Policía, porque ni a los vendedores ambulantes nos dejan trabajar. Fueron dos días en los cuales muchos no teníamos para darle de comer a los chicos. Hay comedores, pero con la situación de hoy cada vez hay menos cupos”.

Aún cuando no hay secuestro de carros, el día a día es cada vez más arduo. “Está muy difícil, porque hay mucha gente en situación de calle. Gente tratando de rebuscársela para salir adelante. Y el material que juntamos bajó mucho el precio. Hace no más de un año vendíamos un bolsón de papel blanco y ganábamos unos 15 mil pesos. Hoy creo que llega a los cinco mil pesos. Es muy notorio lo que bajó”. Hasta hace un tiempo, asegura Villalba, si volvía con el carro lleno y vendía 100 kilos de cartón y 50 de papel, lograba juntar unos 25 mil pesos en un día. “Hoy si llego a 15 mil es mucho. Trato de traer cosas como para poder revender: un sillón que nos regalen, una mesa de luz, cualquier cosa que se pueda sacar un beneficio. Antes no estaba esa necesidad”.