La saxofonista tenor y compositora chilena Melissa Aldana (37 años) no sólo se abrió camino en la intimidante escena de jazz neoyorquina: logró imponer su mirada del género y su música atraviesa fronteras. Ferviente admiradora del legado de Coleman Hawkins, Sonny Rollins y Joe Henderson, Aldana forjó su pasión casi desde la cuna y la alimentó con estudio y trabajo. Ganadora del Concurso Internacional Thelonious Monk, su sonido combina precisión técnica con emoción y su carrera desafía expectativas. A días de lanzar Filín (Blue Note), un álbum de baladas inspiradas en la tradición cubana, llegará a Buenos Aires para presentarlo este miércoles y jueves en Bebop Club.
La obsesión de Aldana por el jazz comenzó de muy pequeña. “Mi abuelo empezó en los años ’50, tocaba tenor y barítono y amaba lo que estaba pasando culturalmente en Estados Unidos. Y mi papá también”, recuerda. Ese escenario inusual le permitió escuchar a Charlie Parker, entre otros, a tempranísima edad. Aquel bagaje cultural la deslumbró al punto de marcarle el rumbo de su vida.

La decisión de radicarse definitivamente en EE UU llegó en 2010, tras estudiar en Berklee. Desde entonces siente que Nueva York es su lugar en el mundo y la mejor opción para seguir edificando su carrera. Su primer álbum, Free Fall (2010), mostraba a una instrumentista precoz, todavía dialogando con el lenguaje del hard bop, mientras que Second Cycle (2012) afianzó su liderazgo compositivo y su gusto por las estructuras más abiertas. Con Back Home (2016) apareció un quiebre: empezó a tensar el lenguaje hacia climas más introspectivos, una línea que se volvió central en Visions (2019) -inspirado en Frida Kahlo-. Con este álbum consolidó un sonido más denso, de fraseos largos y silencios cargados de sentido. Ya con el sello Blue Note lanzó 12 Stars (2022) y Echoes of the Inner Prophet (2025), donde amplía el detalle de los arreglos y las composiciones se hacen menos lineales.
Pero el inminente Filín –llegará a las plataformas este viernes– propone un cambio de escenario. La idea original era grabar un disco de baladas del American Songbook, pero el proyecto se transformó en un diálogo casi casual con el reconocido pianista Gonzalo Rubalcaba. “Él me propuso que escuchara canciones de filín, el subgénero cubano –que articula bolero tradicional con armonías del jazz–. Sentir esas voces y esas historias me impactó emocionalmente. Sentí que me daban un margen diferente para desarrollar mi identidad y mi estilo. Y creo que se nota en los resultados del disco”, señala.

Aldana y una banda a su medida
Para lograrlo, el trabajo en el estudio fue meticuloso, pero al mismo tiempo relajado: grabaron todos en la misma sala, en vivo, con Gonzalo Rubalcaba (piano), Peter Washington (bajo) y Kush Abadey (batería) y la producción de Don Was. “Soy obsesiva, sí -confiesa-. Pero cuando estoy en el estudio no se trata de mí, se trata del disco, de las canciones, de las historias. Entonces esa necesidad de control lo dejo en casa y toco lo que escucho que me pide la música”. En este caso era la búsqueda de una interpretación que de alguna manera cante, que cuente historias sin palabras. Ese es el corazón del álbum.
El disco incluye ocho composiciones breves, dos de ellas cantadas por la reconocida vocalista franco-estadounidense Cecile McLorin Salvant: “Es una gran cantante, somos amigas y sabe castellano. Así que todo encajaba perfecto. Por eso la invité a grabar. Escucharla a ella también me ayudó a enfocarme en las melodías y las emociones. Dejé atrás solos más largos o complejos para hacerle justicia a esta música y su espíritu”. El resultado es un disco de baladas accesibles, ideal para abrirle las puertas a nuevos oyentes, inclusive no necesariamente seguidores del jazz.

Nueva York es una ciudad cosmopolita que convoca a decenas de culturas. La escena de jazz es muy potente. Ofrece oportunidades y demanda. Y suele impactar en los músicos extranjeros de diferentes formas. Por ejemplo, argentinos como Guillermo Klein y Sofía Rei, entre otros, luego de pasar por Berklee y establecerse en la Gran Manzana sintieron la necesidad de investigar y/o reencontrarse con sus raíces argentinas en particular y latinoamericanas en general. No fue el recorrido de Aldana. “Creo que la Argentina es un país mucho más rico en cuanto a cultura. Quizás por eso ellos sintieron esa necesidad. Yo creo que mi identidad se consolidó con los discos que escuché de chica, más allá de toda la información que incorporé después y todas las preguntas que me hice y me sigo haciendo. Empecé tocando jazz, sacando los solos de Parker, Hawkins y Rollins. Ya no hago esos ejercicios, pero sí me vuelvo a emocionar cada vez que escucho a esos maestros. Siento que mi música tiene que expresar mi personalidad, pero con esas raíces que me formaron.”
El futuro de Aldana siempre está en expansión. Mientras Filín está a punto de salir y la gira que la trae a Buenos Aires viene de Nueva York, San Francisco, Los Ángeles y seguirá en Chile, Bélgica, Suecia, Italia, Alemania, España y otra vez Nueva York. Pero su cabeza ya proyecta nuevas músicas y aventuras. “Hace rato que estoy haciendo bosquejos de lo que quiero que sea un nuevo disco para 2027. La idea es seguir creciendo. En todos los sentidos. Después de años de mucho esfuerzo poder crearme oportunidades para hacer la música que amo me da orgullo y ganas de no parar nunca”. «
¿Cuándo?
Melissa Aldana (saxo tenor) se presentará acompañada por Glenn Zaleski (piano), Pablo Menares (contrabajo) y Kush Abadey (batería). Miércoles 11 y jueves 12 a las 20 y 22:30 en Bebop Club, Uriarte 1658 (CABA). Viernes 14 en el Festival de Jazz de San Juan.
Filín – Melissa Aldana

1. «La sentencia».
2. «Dime si eres tú».
3. «No te empeñes más» (con Cécile McLorin Salvant).
4. «Imágenes».
5. «Las rosas no hablan» (con Cécile McLorin Salvant).
6. «Little Church».
7. «Ocaso».
8. «No pidas imposibles».