El cerco judicial sobre el lanzamiento de la criptomoneda $LIBRA se estrecha sobre la figura presidencial. Según reveló el periodista Ariel Zak en C5N, la pericia informática realizada sobre el teléfono del trader Mauricio Novelli —señalado como el nexo entre el poder político y el negocio financiero— arrojó datos contundentes: el 14 de febrero pasado, en los momentos previos a que Javier Milei publicara el código de acceso al token en sus redes sociales, se registraron al menos cinco llamadas consecutivas entre ambos.

La secuencia reconstruida por la investigación muestra que las comunicaciones se iniciaron desde el dispositivo de Novelli hacia el del mandatario a las 19:01, hora exacta del posteo. Tras una breve interrupción, el flujo de llamadas se invirtió, registrándose contactos desde el teléfono presidencial hacia el del empresario. Esta «línea directa» confirmaría que la promoción del activo digital —que terminó en un desplome financiero afectando a 40.000 ahorristas— no fue un respaldo azaroso, sino una acción coordinada minuto a minuto.

Cajas vacías y un jubilado millonario

La trama de sospechas no termina en el registro de llamadas. El informe de Zak detalla una sincronía temporal inquietante: el 4 de febrero, Novelli habilitó dos cajas de seguridad en una sucursal bancaria de Martínez. El 14 de febrero, Milei lanzó el tuit que disparó el valor del token. Apenas 48 horas después, y tras el derrumbe de la moneda, la madre y la hermana de Novelli fueron captadas por cámaras de seguridad retirando el contenido de los cofres. Cuando la jueza María Servini ordenó los allanamientos, solo encontró aire.

A este escenario se suma la aparición de un «prestanombre» en la ruta del dinero. Orlando Rodolfo Mellino, un jubilado de 75 años residente en Tigre, quedó bajo la lupa tras detectarse que recibió una transferencia de un millón de dólares en criptoactivos por parte de Hayden Davis, el socio estadounidense de Novelli. La transacción se realizó el mismo día en que Davis se reunió con Milei en la Casa Rosada. Mellino, que figura autorizado para conducir vehículos de alta gama de firmas vinculadas al caso, habría girado el dinero a una cuenta desconocida pocas horas después, completando un circuito de posible lavado que la justicia federal intenta desentrañar mientras analiza el mensaje de WhatsApp más comprometedor de Novelli a su socio: «Llevo eso para allá, pero borrá».